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Martes 29 de mayo de 2018

RESEÑA SONAR | Deftones: Caballos de batalla

Chino Moreno y su imparable máquina dieron el primero de 3 conciertos en el Teatro Coliseo y dejaron en claro que siguen tan urgentes como siempre.

Por Francisco Reinoso

FOTOS: Carlos Müller 

El tiempo siempre ha sido el mejor amigo de Deftones. Termina ‘Engine No. 9’, el vibrante recuerdo de ‘Adrenaline’ (1995) y la gente se mira extasiada. ¿El show más intenso de la banda desde ese festivo primer encuentro en el Estadio Chile? Puede ser, pero dejemos esas reflexiones para después. Convengamos que organizar este tour sudamericano fue un guiño a sus raíces, a su círculo, a su espíritu. Una devuelta de mano a viejos amigos, sobre todo, Sergio Vega, el pilar absoluto en la redención de la pandilla de Chino Moreno.

Que quede claro. Gracias al bajista de Quicksand, Deftones logró borrar de un plumazo un ciclo negro, ilustrado en remezones personales, bloqueos creativos, encasillamientos desafortunados y la traumática partida de Chi Cheng. Y cada show del grupo celebra este renovado estado de gracia. Hay que decirlo, esta vez nos tocó a nosotros ver la faceta más enérgica y asentada de la banda en un espacio atípico para nuestros registros.

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Chino Moreno entiende a la perfección el tono de la conexión con Chile, disfruta cada hora en Santiago, incluso llega en skate al teatro y alienta a sus partners de Quicksand, antes de su debut por estas tierras. Y el trío estuvo a la altura con una sólida clase de post hardcore genérico, algo desconocida para la mitad de los asistentes, pero generosa en entrega y quiebres plagados de actitud, el mismo perfil que ayudó a construir la estructura de discos tan simbólicos como “Around The Fur” (1997).  Walter Schreifels (guitarrista/cantante) agradece la respuesta de la gente y todos los que saltaron con ‘Thorn in My Side’, el cierre de su aplaudido número de apertura.

El Teatro Coliseo ya era una caldera para recibir a Deftones y los riffs de Stephen Carpenter en ‘Rocket Skates’ nos preparaban para el golpe mayor. Sin puntos bajos ni pausas innecesarias, ‘Around The Fur’, ‘Swerve City’ y toda la pista vuelta loca, ‘Feiticeira’ o la frenética ‘Elite’, cada track reflejada momentos altos de distintas eras. Un repaso acucioso, pasional y la banda se siente a sus anchas; Carpenter, fiel a su rol, cambia de guitarras y provee la espalda del metal en cada nota, incluso en los rincones más experimentales (‘Rosemary’).

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Un entusiasta Chino Moreno bendice la entrega de la gente, segundos antes de poner en marcha ‘Be Quiet and Drive (Far Away)’. El Teatro Coliseo se vino abajo y sin respiro, Abe (batería) conduce ‘My Own Summer (Shove It)’. Ya se podrán imaginar la respuesta. Que “White Pony” es EL momento más emotivo en el recorrido de Deftones, no hay duda alguna y la conexión, casi sensorial, que transmiten ‘Digital Bath’, Change (‘In The House Of Flies’) y ‘Passenger’ lo dejan en claro, otra vez.

En noviembre del 2008, Deftones cambió para siempre. Casi se caen a pedazos, pero lograron levantarse con entereza y este show, probablemente, el mejor desde ese excitante debut en el entonces Estadio Chile, fue otra sincera celebración de esta (anhelada) estabilidad. Ver a Abe, Chino, Stephen y Frank vibrando arriba del escenario en ‘Headup’ o ‘Engine No.9’, casi como si estuviesen otra vez en 1997 y lo que siguen provocando en un círculo cada vez más incondicional, son claras señales del saludable presente de una banda por encima de géneros y generaciones. Chi Cheng estaría orgulloso.

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Tags: deftones