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Domingo 30 de octubre de 2016

Reseña: Los ‘verdaderos’ Guns N Roses en su regreso a Chile tras 24 años

Axl Rose, Slash y Duff McKagan se reencontraron con su público local en un show que hizo vibrar a más de 60 mil personas en el Estadio Nacional.

Por Ignacio De La Maza

Quizás el momento más revelador de lo que fue la segunda visita de los 'verdaderos' Guns N' Roses a Chile llegó en medio de You Could Be Mine. Después del primer coro de esa fiera candidata a ser la canción definitiva del grupo, Slash baja la intensidad de sus acordes, el resto de la banda sigue el ritmo y Axl Rose entabla lo que sería una de las pocas interacciones verbales significativas con las 66 mil personas que repletaron el Estadio Nacional.

"Quiero asegurarme que todos lo estén pasando bien, y por eso mismo les voy a pedir los que están en la cancha que den un paso atrás para que nadie sea apretado". El vocalista repite amablemente la petición, la sonrisa nunca abandonando su rostro, y espera a que los congregados obedezcan antes de seguir con el tema.

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La postal no podría estar más alejada de lo que fue su memorable pero polémico paso por 1992, cuando ese mismo hombre instó al público a 'sacarle la puta madre' a cualquiera que estuviese haciendo desmanes o tirando cosas al escenario. El tiempo cambia todo: Axl no es el mismo que hace 24 años, como tampoco lo es Guns N' Roses y menos nosotros. En esta ocasión, Rose no llegó agrediendo a la prensa, nadie se vio alterado por la 'rebeldía rockera' del conjunto, (por fortuna) nadie salió herido y, quizás aún más impactante, la banda entró al escenario con solo 5 minutos de retraso, lo que debe ser un nuevo record para el sujeto que mantuvo al público del Movistar Arena esperando hasta las 1:30 de la mañana en su anterior visita.

Sí, las cosas han cambiado. Duff McKagan está de regreso en el bajo, y Rose vuelve a decir "en la guitarra...Slash" con una voz que entiende la épica del asunto. La reconciliación entre el vocalista y el hombre del eterno sombrero de copa debe ser una de las más inesperadas en la historia de la música, y hasta el año pasado parecía tan ridículo como sugerir que The Smiths volvería a los escenarios o que Misfits tocaría de nuevo con Glenn Danzig (y no es por nada que otro de esos casos terminó ocurriendo). El punto es que eso permitió que los Guns volvieran a ser 'los Guns', un grupo que durante los 20 años de liderato exclusivo de Rose amenazó con volverse un acto destinado a realizar residencias en Las Vegas pero que con esta gira, titulada apropiadamente Not In This Lifetime, reasume su posición merecida como veteranos del Rock de Estadios.

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Los fuegos se abrieron de manera insólitamente puntual con la reconocida melodía de Looney Toones, dando pie al bajo de McKagan y los primeros acordes de Slash para It's So Easy, el primer single de su legendario debut Appetite For Destruction por allá en 1987. El escenario entero brilla con un espectáculo de luces que enciende cada tarima y escalón, incluyendo un puente que cruza encima de la batería y los teclados. Le sigue Mr. Brownstone del mismo disco y, demostrando que cierto cantante puso condiciones claras para este reencuentro con sus antiguos amigos, Chinese Democracy, canción que le da título al álbum del 2008 en donde ni Slash ni Duff tuvieron algo que ver.

La voz de Rose va y viene, el dinamismo de sus cuerdas vocales perdido mucho antes de llegar a la marca de los 54 años que ostenta hoy. No importa, el hombre sigue siendo un maestro de ceremonias como pocos y, de hecho, parece revitalizado por la presencia de sus viejos compañeros, que no han perdido ni una sola gota de la química que los hace una de las agrupaciones más aceitadas del globo. Slash aprovecha de demostrar ante cada provocación por qué es considerado la encarnación del 'héroe de la guitarra', soleando con furia y profesionalismo en largos pasajes sonoros en donde Axl probablemente aprovecha de recuperar el aire y, de paso, cambiarse de vestuario. McKagan, por su parte, apoya en las voces (con una garganta que mantiene más saludable que Axl) e incluso asume el foco del show cantando el cover de New Rose (original de The Damned) incluido en ese disco de versiones que es The Spaghetti Incident? (1993). Acompañados por dinámicas gráficas en las pantallas, el conjunto repasa los puntos altos de toda su carrera (con la excepción notoria de GNR Lies, su segundo álbum) e incluso varios momentos de la historia del rock, incluyendo covers a The Who y Pink Floyd y guiños breves a Johnny Thunders, Prince, Jimi Hendrix y Eric Clapton.

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Los hits no dejaron de llegar. "¿¡Saben dónde están!?" bramó temprano Rose con un tono que indica que las primeras canciones solo eran una forma de calentar la garganta, dando paso a una poderosa Welcome To The Jungle y la euforia absoluta del público. Pasa la épica Estranged (uno de los puntos altos de la jornada), Rocket Queen, el cover de Live And Let Die y la solemne Civil War. De nuevo, da lo mismo que la voz de Axl se pierda frecuentemente (pasa de ser apenas un hilo decepcionante en November Rain a una fuerza comandante en Knockin' On Heaven's Door), porque ante semejante desfile de himnos es imposible no contagiarse, no vibrar, no entender por qué este grupo convocó nuevamente a múltiples generaciones deseosas de revivir uno de los catálogos más influyentes de los últimos 30 años. Hey, incluso las canciones de Chinese Democracy suenan bien: Better ha sido siempre una joya y This I Love incluye una performance tan apasionada de Rose que me hace preguntarme si todo ese álbum merece una reapreciación crítica (probablemente no).

Es extraño ver a los Guns sobre el escenario en el 2016, alejados del enrarecido clima de su visita de 1992. Esta encarnación, la que probablemente nunca se debió haber ido en un primer lugar, la que pensamos que nunca veríamos de nuevo, viene cargada de ciertas expectativas imposibles, y no me extrañaría que esas mismas hayan hecho que algunos se sientan decepcionados de no ver a la misma máquina imparable de la gira Use Your Illusion. Pero hay algo mágico que pasa cuando Rose, Slash y Duff están sobre el escenario: Esa postal de los 3 alineados, rodeados de confeti y fuegos artificiales, mientras Paradise City hace que 60 mil almas canten a todo pulmón con el puño en el aire, te hace pensar en otra época. Por un segundo, ahí estás de vuelta en 1992, cuando el rock todavía era un fenómeno masivo y los Guns se sentían como algo urgente. "Llévame a casa" es lo último que entona Axl antes de abandonar el escenario, y por un momento, te sientes precisamente ahí.

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