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Martes 11 de octubre de 2016

Reseña: Iggy Pop y su histórico debut en Chile

El 'Padrino del Punk' le escupió a la muerte en la cara con un set que repasó generosamente uno de los catálogos más influyentes en la historia del rock.

Por Ignacio De La Maza

“Bailen al ritmo de los muertos vivientes” brama Iggy Pop en la línea inaugural de Raw Power, el himno de culto que dio nombre al tercer disco de The Stooges en 1973. Hace 43 años, la frase era un chiste interno, una referencia al (breve) regreso del grupo tras el retiro autoimpuesto que la banda había adoptado tras el fracaso comercial de sus dos primeros trabajos y la espiral de drogas que los consumió paralelamente. Sin embargo, cuando Pop entonó esas mismas palabras en el Movistar Arena para su primer show en Chile, la línea dejó de parecer una broma consciente: Ahora es una declaración de principios. Hey, incluso una provocación.

Es probable que nadie haya podido predecir en el 73 que el hombre nacido como James Osterberg, el mismo que se cortaba con vidrio sobre el escenario y mezclaba cocaína con telas de araña, seguiría de pie con casi 7 décadas bajo el cuerpo, menos aún que sería capaz de invocar al ‘leopardo con un corazón lleno de Napalm’ que representaba en su época más salvaje. Sin embargo, si algo quedó claro en la noche del lunes, es que Iggy vive para escupirle a la muerte en la cara. Durante hora y media de concierto, el hombre (que sigue negándose rotundamente a usar polera) gritó, saltó y bailó sin tomar aire, repasando uno de los catálogos más influyentes en la historia de la música con una actitud imponente y magnética.

El frontman salió a escena un poco pasadas las 21:30, abriendo los fuegos con unaImagen foto_00000019 desafiante versión de I Wanna Be Your Dog, otro clásico de The Stooges, para luego mantener los ánimos al tope despachando de inmediato The Passenger y Lust For Life, probablemente sus dos canciones más conocidas. Artistas menores habrían dejado esas cartas para el final, pero Pop y su sólida banda de apoyo están tan confiados en el poder crudo de su repertorio que pueden mantener todo un set a base de pura potencia, y se dedicaron a hacer exactamente eso.

El listado de canciones fue un sueño para los fanáticos duros de la Iguana, con repasadas por la mayoría de las canciones más emblemáticas de The Stooges, un puñado generoso de los días de Berlín junto a David Bowie (Sister Midnight, Nightclubbing y la épica Mass Production demostraron que la versatilidad siempre ha sido una de las fortalezas más subvaloradas de Pop) y varias joyas de sus 5 décadas en el negocio, como Five Foot One y la aplanadora Skull Ring. Incluso los temas más desconocidos (como Repo Man, parte del soundtrack de la cinta del mismo nombre en 1984) fueron recibidos con aplausos y saltos por un público contagiado con la energía del maestro de ceremonias.

Entre los gritos a torso desnudo, las múltiples bajadas del escenario para interactuar con el público y los afectuosos ‘motherfuckers’ que Iggy le dedica a los asistentes cada 5 segundos mientras se mueve como un endemoniado, termina surgiendo una verdad inesperada: En un año en donde nuestros ídolos musicales han caído como moscas, la imponente figura de Iggy, bailando al ritmo de los muertos viviente cuando sus amigos David Bowie, Lou Reed y The Stooges descansan bajo tierra, resulta extrañamente conmovedora: Ahí está el ‘Padrino del Punk’, con 69 años de edad, tomándose solo breves segundos en medio de su devastador espectáculo, para sonreír con una pequeña incredulidad, probablemente ante la efervescente recepción que suscita tras todos estos años en un país al fin del mundo.

“No es divertido estar solo” exclama Pop en No Fun, la canción que da cierre en la velada, y ahora esa frase también cobra otro sentido. En 1969 sonaba como un lamento resignado; en el 2016, acompañado por miles de personas cantando al unísono, es una celebración.   

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