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Jueves 12 de abril de 2018

RESEÑA SONAR | Radiohead en Chile: Ansiedad colectiva

Por si había alguna duda que los de Oxford son una de las bandas definitivas de nuestros tiempos, esta se despejó con su triunfal retorno a nuestro país.

Por Ignacio De La Maza

 

Consciente de que soy la enésima persona en notar lo poéticamente apropiada de la imagen, hay algo adecuado en el hecho de que nubes amenazadoras estuvieran merodeando el Estadio Nacional durante la realización del SUE 2018. Después de todo, Radiohead ha construido una identidad a base de esa ansiedad tan propia de los seres humanos de estar permanentemente consciente de que no tenemos el control sobre básicamente nada. Como dijo Thom Yorke una vez tratando de describir el sonido de ‘In Rainbows’: “La sensación de estar sentado en tu auto, en medio del tráfico, pensando en que deberías estar en otro lugar y que se te olvidó algo horrible”.

Quizás el mayor legado de Radiohead es haber convertido ese sentimiento tan vulnerable, tan profundo y tan inherente de nuestra inescapable naturaleza en un sonido capaz de hipnotizar a miles de personas. El cliché (equivocado, por lo demás) dice que el quinteto de Oxford hace música ‘depresiva’, pero su propuesta es mucho más rica en matices que eso: Una reflexión honesta sobre la condición humana en todo su espectro, acompañada de los sonidos más fascinantes que una banda de música popular haya producido en las últimas décadas.

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Casi 10 años tuvieron que pasar para ver a Radiohead de nuevo en nuestro país, y si bien su presencia escénica sigue siendo tan comandante y exigente de total atención como siempre, algo ha cambiado en el grupo. Thom Yorke y compañía proyectan la confianza de un acto veterano que sabe que, pese a que no tienen nada que demostrar, siguen entregando lo mejor. Es por eso que el álbum que vinieron promocionando, ‘A Moon Shaped Pool’ (2016), está fácilmente entre los más sólidos de sus 25 años de carrera discográfica, y el show brindado fue tan redondo y lleno de vida como se habría podido esperar.

Como tiende a pasar con la banda de Oxford, el setlist fue impredecible y ecléctico, mezclando con gustos selecciones de su reciente trabajo (el arranque fue con la delicada ‘Daydreaming’) con clásicos que uno no siempre puede dar por seguros en las presentaciones del grupo (‘Fake Plastic Trees’ fue una sorpresa conmovedora). Acompañados de un despliegue escénico magnífico, cuyo juego de luces era tan intrincado que a veces le perdías la pista a de dónde estaban saliendo y te hundías en un trance hipnótico, cada músico en el escenario cumplía un rol fundamental en la cascada de detalles que construyen las composiciones de su repertorio.

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Jonny Greenwood (perdón: El nominado al Oscar Jonny Greenwood) sigue siendo el jugador más valioso, no solo aportando dardos afilados a través de su arremetedora guitarra, sino que paseándose por cuanto instrumento se le ponga por delante (solo en la preciosa ‘Reckoner’ tocó guitarra, piano y percusiones). Colin Greenwood, el músculo secreto de la banda en el bajo, aporta además con un entusiasmo magnético que suple el carácter algo retraído de sus compañeros (y su línea de bajo en el quiebre de ‘Everything In Its Right Place’ la convirtió en una fiesta techno digna de New Order). Ed O’Brien es una máquina detallista, su guitarra siempre subvalorada adhiriendo colores a las canciones, mientras que el dúo del gran Phil Selway en batería y el invitado Clive Deamer en percusiones les dieron a temas más oscuros del catálogo de Radiohead, como ‘Bloom’ y ‘Feral’ (ambas del sorprendentemente representado ´The King Of Limbs’), un carácter polirrítmico que por segundos hacían que Radiohead se viese como Talking Heads.

Yorke nunca ha sido el frontman más parlanchín del mundo, pero no lo necesita: Su ya legendaria tendencia a bailarse todo es su propia forma de conectarse con el público, una que, al igual que la música de su banda, está basada en la visceralidad del momento. Y es que Radiohead, sin importar la era, hace música para nuestros tiempos. Tiempos capaces de belleza extrema (‘Let Down’), melancolía profunda (‘Nude’) y justificada paranoia política (cuando Yorke acusa ‘no han estado prestando atención’ en ‘2+2=5’, una canción del 2003 que parece hablarle directamente al 2018, su capacidad de articular el tumultuoso estado de las cosas es escalofriante). Tuvieron que pasar 9 años, pero en su segunda visita en nuestro país, Radiohead nos recordó una vez más el poder eterno de su música. La ansiedad es más fácil de llevar cuando lo hacemos colectivamente.

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Tags: Radiohead