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Miércoles 27 de septiembre de 2017

RESEÑA SONAR | Incubus en Chile: Pura euforia

Brandon Boyd y su tropa se presentaron ante un Movistar Arena repleto.

 Por Ignacio De La Maza

FOTOS: Carlos Müller

El alarido que recibe a Incubus en el Movistar Arena generalmente está reservado para ídolos adolescentes. Saben de lo que hablo: Ese grito de euforia absoluta que provoca estar frente a tus ídolos máximos, ese que parece dejar al mundo exterior absolutamente aislado con una barrera de devoción. Siendo justos, y con respeto a los ridículamente talentosos músicos de Incubus, es probable que la locura de ese momento esté principalmente dirigida a Brandon Boyd, todavía irradiando carisma a sus 41 años, que en la más reciente visita de Incubus a Chile demostró una capacidad sobrehumana para poner el público a sus pies.

Incubus llegó a Santiago en esta ocasión presentando ‘8’ (2017), un álbum que falló en convencer tanto a la crítica como a los fanáticos, aunque la pobre recepción hacia el disco no ha disminuido la fe del quinteto en éste: 7 canciones de la placa fueron desplegadas en el escenario del Arena, todas interpretadas por el conjunto con la convicción de que se trata de un material digno de semejante relevancia dentro del show. Ni la sólida interpretación de todas estas canciones puede redimirlas, pero sí demuestra un elemento refrescantemente clave en Incubus: Su trabajo en estudio ha dejado de ser satisfactorio, pero su show en vivo sigue siendo una experiencia poderosa.

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Además, qué importa si canciones como Nimble Bastard y No Fun están lejos de ser las mejores del conjunto cuando son seguidas de Anna Molly, Megalomaniac, Wish You Were You Were Here, Pardon Me, Drive, Are You In?... ¿Se entiende el punto o no? El cancionero de Incubus es parte del repertorio de vida de los que repletaron el Movistar Arena, un público fiel que recibía los temas nuevos con cortesía pero se volvía un torbellino cuando los hits empezaban a sonar por los parlantes.

Claro, la generosidad del público no siempre es directamente proporcional a la calidad del espectáculo, pero Boyd y su tropa se ganaron cada aplauso y cada coro: Es imposible no sonreír ante el evidente disfrute que el tecladista y DJ Chris Kilmore y el bajista Ben Kenney obtienen de estar tocando frente a la gente, mientras que personajes más estoicos como el guitarrista Mike Einziger y el baterista José Pasillas aportan una buena dosis de dramatismo.

Sin embargo, el peso del espectáculo descansa en Boyd. El tipo sabe que es adorado, y utiliza eso como energía. El vocalista de 41 años mueve a las masas con una facilidad envidiable, provocando alaridos constantes del público y solicitudes sexuales por parte del contingente femenino en la cancha. Su voz sigue siendo insólitamente impecable y sus interacciones con el público son las justas y necesarias como para que los presentes se sientan partícipes de lo que está sucediendo.

Todas estas palabras rimbombantes son para decir algo bastante simple: Los conciertos de Incubus son realmente divertidos. Puede que la banda esté lejos de su época de gloria, pero mientras sigan siendo capaces de conjurar euforia entre los feligreses, serán recibidos con los brazos abiertos. 

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Tags: Incubus