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Viernes 15 de septiembre de 2017

RESEÑA SONAR | Bon Jovi en Chile: Cumplir por sobre todo

La banda de Nueva Jersey volvió al estadio Monumental con un show consistente pero plano que dejó con gusto a poco.

Por Ignacio De La Maza

Fotos: Jaime Valenzuela

Es tentador hablar de la edad de Jon Bon Jovi cómo eje central de cualquier análisis de su quinto paso por Chile, pero esa muleta en la que apoyarse no resulta realmente precisa. El oriundo de New Jersey tiene solo 55 años, una edad que no sería punto de discusión en una industria que no estuviese tan obsesionada con la juventud y la frescura como la de la música.  Si dejas de lado las canas que adornan su alguna vez escarmenada cabellera, el músico sigue viéndose vital, sigue teniendo una sonrisa imposiblemente blanca y sigue siendo capaz de mantener 2 horas de show frente a un estadio casi repleto. Su voz no es la que tenía hace 20 años (¿Cómo podría serlo?) pero sigue siendo capaz de entonar bien los himnos que lo convirtieron en estrella.

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Sin embargo, Bon Jovi sí ha perdido algo con los años ¿La urgencia? ¿El hambre? ¿Richie Sambora? En el escenario Jon ya no se mueve mucho, dejando que las canciones en sí hagan la mayoría del esfuerzo para mantener enganchada a la audiencia, lo que funciona mejor cuando las canciones son clásicos que cuando se trata de material reciente. Lo cierto es que la banda norteamericana monta un show profesional y consistente, pero no mucho más que eso. Bon Jovi viene a hacer lo suyo, y para la mayoría de los que estaban en el Estadio Monumental el 14 de septiembre, eso fue suficiente. Los 35 mil asistentes corearon con pasión los hits y recibieron con respeto los cortes menos familiares del conjunto, conscientes que el próximo karaoke masivo estaba constantemente a la vuelta de la esquina.

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El concierto partió de forma inesperadamente puntual a las 9 de la noche, con los 7 miembros que integran la formación en vivo de Bon Jovi entrando a escena para despachar ‘This House Is Not For Sale’, el tema titular del más reciente álbum de estudio que venían a presentar. La banda mostró desde ahí un compromiso admirable con no solo vivir del pasado, presentándole al público (uno que evidenciaba estar compuesto por fanáticos históricos; Bon Jovi no es precisamente un grupo que esté conquistando a nuevas generaciones) a varios cortes del disco y también de su era más reciente. El problema es que la mayoría del material post-2000 de la banda es brutalmente insípido, con canciones como la primera, ‘Knockout’, ‘Lost Highway’ y ‘We Weren’t Born To Follow’ confundiéndose las unas con las otras y otras composiciones como la olvidable ‘God Bless This Mess’ amenazando con interrumpir el ritmo del show en seco.

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Sin embargo, un concierto de Bon Jovi vive y muere por los hits, y por fortuna la banda tiene un arsenal de ellos. Cada vez que himnos de categoría como ‘You Give Love A Bad Name’, ‘Runaway’, o ‘It’s My Life’ (cállense, es una gran canción) hacían su aparición, la gran masa de asistentes cantaban como si fuese 1989 todo de nuevo. No deja de ser lindo cómo algunos viven la música de forma tan profunda que sueltan lágrimas cuando sus canciones favoritas suenan por los parlantes, y los hits recordaron en varios momentos lo que hizo a este grupo tan adictivo en alguna era. El grupo interpreta estos temas con mayor mesura que en el pasado, alentando a veces los tempos y bajando el tono para ajustarse a la capacidad vocal del aún sólido pero algo más apagado Jon Bon Jovi. Sin embargo, los coros de apoyo y las voces eufóricas del público suplen cualquier problema en este sentido.

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Al final del show aparecen los goles infalibles: ‘Bad Medicine’ para cerrar el show principal, ‘Livin On A Prayer’ genera una locura colectiva de esas que a Bon Jovi le salían con más facilidad en épocas pasadas para poner fin al encore y ‘Keep The Faith’ termina bajando el telón a dos horas de concierto funcional y a ratos encantador, pero que también pecó de predecible y plano, y difícilmente será recordado en un par de semanas más. Lo de Bon Jovi en esta ocasión fue una presentación competente pero sin sorpresas.

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Puede parecer algo mezquino criticar a Jon Bon y al resto de sus músicos (de la banda original solo quedan el baterista Tico Torres y el tecladista David Bryan) por ‘hacer la pega’ y despachar un recital disfrutable y sin muchos contratiempos, pero cuando uno ve a veteranos como Mick Jagger, Paul McCartney, Bono y el ídolo personal de Jon Bon Jovi, Bruce Springsteen, siendo capaces de conjurar verdaderas tormentas sobre el escenario, ser simplemente bueno te deja con gusto a poco. Una banda de la talla de Bon Jovi debería ser capaz de más que ‘cumplir’, pero en su más reciente show en Chile, eso fue lo que se limitaron a hacer. El profesionalismo a veces es un arma de doble filo. 

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Tags: Bon Jovi