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Jueves 11 de agosto de 2016

Reseña: 'Neruda' de Pablo Larraín es una obra maestra

El director nacional entrega una 'anti-biopic' que desafía todas las expectativas sobre el legendario poeta y su propia narrativa.

Por Ignacio De La Maza

Tomando en cuenta su título y el peso del personaje asociado a ese legendario nombre, uno podría pensar fácilmente que ‘Neruda’ es otra de esas reconstrucciones históricas reverenciales que sobran en el mundo del cine. Sin embargo, Pablo Larraín no es cualquier cineasta y su nueva obra no es cualquier película biográfica.  Larraín, uno de los directores más talentosos que hayan salido de nuestras tierras, ha descrito la cinta como una ‘anti-biopic’ y es difícil discutirle, considerando el espíritu casi jovial con el que ‘Neruda’ subvierte hechos históricos y desafía las ideas preconcebidas tanto sobre el poeta como sobre la naturaleza misma de contar (y recontar) historias. Esta frase no debería usarse a la ligera y no lo estoy haciendo aquí: ‘Neruda’ es una obra maestra.

La película toma como fuente de inspiración el Chile de a finales de los 40, cuando Pablo Neruda (Luis Gnecco), en ese entonces entonces senador y  una de las figuras máImagen foto_00000006s importantes de la poesía mundial, se vio obligado a entrar en la clandestinidad luego de que el gobierno de Gabriel González Videla (Alfredo Castro) iniciara una persecución contra los miembros del Partido Comunista. Tras una breve introducción a este contexto, Larraín deja rápidamente en claro que ‘Neruda’ no seguirá reglas convencionales. La caza del poeta queda a cargo de Óscar Peluchonneau (Gabriel García Bernal), el verdadero protagonista de esta historia, aunque la existencia de su personaje pone en duda las meras nociones de ‘protagonismo’ en el cine, en especial en  una  producción que gira en torno a un nombre mucho más conocido.

Desde ahí, ‘Neruda’ se construye de manera casi metalingüística como una batalla campal por el control de su propia narrativa, entre dos fuerzas opuestas, ubicadas en lados contrarios de la historia pero cuyo viaje personal es inesperadamente similar. Pelucchonneau realmente existió, pero la versión interpretada por el actor mexicano (e ideada por Larraín y el guionista Guillermo Calderón) es uImagen foto_00000003na figura de evidente ficción, que está en constante intento (fútil) de crear su propia leyenda. Como narrador poco confiable de la película, el detective se ve a sí mismo como parte de una tradición de grandes investigadores (el supuesto hijo del jefe de la policía) aunque lo único que realmente se sabe con certeza aquí es que su madre era una prostituta, que es un adicto a las novelas de misterio y que sus delirios de grandeza son percibidos como patéticos por cualquiera que no sea él mismo. García Bernal entrega una de las mejores actuaciones de su carrera, adoptando una expresión que está permanentemente mezclando determinación de acero con una profunda tristeza de saberse como un secundario en su propia aventura.

Por su parte, el personaje titular (la palabra ‘personaje’ es clave aquí) tiene la historia a su favor, pero eso no significa que no haga tantos esfuerzos como Pelucchonneau por mantenerla en sus manos. El Pablo Neruda de Gnecco, quien entrega quizás su interpretación definitiva en una carrera llena de puntos altos, es tan consciente como su  persecutor del legado que está en juego, y por lo tanto se preocupa de moldear la cacería bajo suImagen foto_00000004s propios parámetros. Esta versión del poeta disfruta casi perversamente de la persecución y la sensación de estar constantemente a punto de ser capturado, sabiendo que su estatus folclórico crece con cada ocasión en la que logra esquivar las garras de la policía. En otro guiño al artificio detrás de la narrativa fílmica, es Neruda el que le va dejando a Peluchonneau las novelas detectivescas en base a las que el hombre de ley moldea su personalidad.

En su encarnación del poeta, ‘Neruda’ ofrece uno de sus puntos más provocativos: Por un lado, la cinta destaca la importancia de la figura y obra del Neruda histórico, en especial como fuente de inspiración para una clase trabajadora oprimida y sin voz propia (en especial, un cameo del gran Roberto Farías es devastador en su ilustración sobre el impacto de Neruda en la gente común). Sin embargo, la película tampoco le hace el quite al hecho de que los lujos, vicios, y poder que rodean al hombre lo alejan de estas mismas personas. El concepto de leyenda se da vuelta y el poeta resulta ser inesperadamente humano.  

Este es solo uno de los puntos que hacen de ‘Neruda’ una pieza cinematográfica tan fascinante. La película hace tantas cosas tan bien que es difícil no deshacerse en elogios para todo el equipo. Larraín dirige los acontecimientos como si Imagen foto_00000001se tratasen de un sueño febril, enmarcando el enigmático diálogo de Calderón en escenas que parecen estar mutando constantemente con respecto a su espacio físico y temporal (felicitaciones especiales al montajista Hervé Schneid, cuyo juego en este ámbito es espectacular). La cinematografía de Sergio Armstrong, que en sus tonos lilas recuerdan a las impactantes imágenes que daban vida al pueblo costero de ‘El Club’,  hace que cada cuadro sea un placer visual de proporciones, desde los momentos de sentido homenaje al cine de detectives de los años 40 (un tributo amplificado por la banda sonora de Federico Jusid) hasta el clímax en una nevada Araucanía cuya composición te deja sin aliento.

Neruda podría ser una película simplemente hermosa, pero los actores también están operando a toda máquina, incluso en los roles más secundarios. Castro destila desdén autoritario durante sus breves apariciones como González Videla, mientras que Jaime Vadell hace de Jorge Alessandri una figura de una pasividad siniestra en tan solo una escena con Neruda (una de las mejores secuencias de la película). Más memorable aún es el aporte fundamental de Mercedes Morán como Delia Del Carril, la pareja del poeta que hace lo posible por mantenerse como una fuente de apoyo pese a entender que no formará parte de la vida del hombre al final del camino.

En una escena brutalmente honesta con Peluchonneau, es el personaje de Del Carril quien expone la lucha narrativa de toda la película: Todos son personajes, lo quieran o no, secundarios ante la leyenda de Neruda, y el único que parece luchar activamente contra esa realidad es el detective. A medida que la cinta avanza, queda claro que ‘Neruda’ no es necesariamente sobre Imagen foto_00000008el poeta, ni sobre el hombre que le pisa los talones, ni sobre el contexto histórico del país en donde se desenvuelve, aunque todos estos elementos son partes que balancea con una precisión envidiable. Sin revelar nada, el conmovedor acto final divide de manera ambiciosa el límite entre la realidad y la ficción y expone el verdadero corazón al interior de la cinta, ofreciendo un comentario poderoso acerca de la creación de una mitología y la forma en la que decidimos contar nuestras historias. Su desenlace resume un sinfín de ideas en un par de momentos verdaderamente demoledores.

A lo largo de la última década, Pablo Larraín ha convertido su nombre en algo esencial para la industria nacional, y ‘Neruda’ es una prueba más de que estamos frente a un cineasta excepcional. No tendrá la furia de ‘El Club’ o el carácter satírico Imagen foto_00000007de ‘No’, pero las ideas de ‘Neruda’ son tan ambiciosas que la elevan incluso por sobre esos grandes hitos de su carrera (sin dejar de mencionar 'Fuga', 'Tony Manero' y 'Post-Mortem'). Puede que algunos se vayan a sentir alienados por su resistencia a dar respuestas concretas, pero es ahí en dónde la película te da la posibilidad de vivir tu propia experiencia. Hey, quizás alguien se quede con algo totalmente distinto cuando lleguen los créditos finales. Después de todo, ‘Neruda’ entiende que la historia es un acto de construcción tanto personal como colectiva.

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