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Martes 3 de enero de 2017

Para leer: La conmovedora carta de Brian Eno sobre las esperanzas del 2017

El afamado músico y productor se refirió a los cataclismos del 2016 y qué camino podríamos tomar para enmendar las cosas.

Tanto con su carrera musical como con sus labores de productor, Brian Eno es uno de los artistas más importantes de los últimos 50 años. Su trabajo siempre ha estado marcado por la experimentación y la creatividad, primero como el miembro más excéntrico de los ya excéntricos Roxy Music, luego como músico en solitario (en donde ha excursionado por estilos que van desde el glam rock hasta la creación de su famosa electrónica 'ambient') y paralelamente como uno de los mejores productores de todos los tiempos, colaborando en los trabajos más importantes de David Bowie, U2 y Talking Heads.

Eno ha pasado buena parte de su carrera haciendo de 'teórico musical' explorando nuevas formas y estructuras para el sonido y de qué manera la música se puede reconfigurar de infinitas maneras alejadas de los planos más tradicionales. Eso lo hace también uno de los tipos más ingeniosos de la industria, pero su carácter académico hace olvidar a veces que su mirada es profundamente humana.

Así lo demostró una carta abierta que publicó el 1 de enero del 2017, un mensaje en donde se refiere a la percepción fatalista de que el año pasado fue el comienzo del fin y que ahora se vienen días peores. De manera elocuente y compasiva, Eno responde asegurando que quizás el 2016 fue lo más bajo que podíamos caer, y después de un duro análisis sobre la inequidad económica, el racismo, el alza de nacionalismos en el mundo y la educación, da una pequeña luz de esperanza sobre cómo podemos sobreponernos a esto.

La carta nos pareció una linda forma de comenzar este año: Mirando hacia adelante, conscientes de los problemas que plagaron al 2016 (y que vienen de décadas atrás) pero con ganas de cambiarlo:

El consenso que tienen la mayoría de mis amigos es que el 2016 fue un año terrible, el comienzo de un largo declive hacia algo que ni siquiera queremos imaginar.

El 2016 fue, efectivamente, un año bastante duro, pero me pregunto si acaso es el final, no el comienzo, de este ‘largo declive’. O al menos el comienzo del final de este declive…Porque yo creo que hemos estado en declive desde hace al menos 40 años, soportando un lento proceso de des-civilización que no habíamos notado hasta ahora. Me recuerda a la historia de la rana parada sobre un sartén en donde el agua hierve lentamente.

Este declive incluye la transición de una empleabilidad segura a una precaria, la destrucción de sindicatos y derechos a los trabajadores, contratos a boleta, el desmantelamiento del gobierno local, sistemas de salud que se caen a pedazos, sistemas educacionales sin fondos y gobernados por exámenes sin sentido y tablas de posición, la estigmatización de los inmigrantes, el nacionalismo desenfrenado, y la concentración de prejuicios que permite el internet y las redes sociales.

El proceso de des-civilización creció desde una ideología que despreciaba la generosidad y que aplaudía el egoísmo indulgente (Margaret Tatcher: “La pobreza es un defecto personal”. Ayn Rand: “El altruismo es malvado). El énfasis en este individualismo sin límites ha tenido dos efectos: La creación de una gran cantidad de riqueza y la distribución de esta riqueza entre cada vez menos manos. En estos momentos, las 62 personas más ricas del planeta tienen tanto dinero como la mitad más pobre de la población combinada. La fantasía Tatcher/Reagan de que esta riqueza ‘chorrearía’ hacia abajo y enriquecería a todos simplemente no ocurrió.

De hecho, sucedió lo contrario: Los sueldos de la mayoría de la gente han ido reduciéndose desde hace al menos dos décadas, mientras que sus futuros (y el futuro de sus niños) se ve cada vez menos prometedor. No es de extrañar que las personas estén enojadas y se estén alejando de las formas más tradicionales de gobierno. Cuando los gobiernos le prestan más atención a quien tiene más dinero, las enormes diferencias en la distribución de la riqueza parecen burlarse de la idea de democracia. Como dijo George Monbiot: “La pluma es más poderosa que la espada, pero la billetera es más poderosa que la pluma”.

El año pasado, la gente comenzó a darse cuenta de esto. Muchos de ellos, en su ira, agarraron el objeto más parecido a Donald Trump que encontraron y golpearon al establishment con él. Pero esos solo fueron de los despertares más prominentes y notorios para los medios. Mientras tanto, ha pasado algo más tranquilo pero igualmente poderoso: La gente se está repreguntando lo que la democracia significa, lo que la sociedad significa, y qué tenemos que hacer para hacerlos funcionar de nuevo. La gente está pensando de manera intensa y, más importante, está pensando en voz alta, juntos. Creo que vivimos un proceso de masiva desilusión durante el 2016, y decidimos que por fin es hora de salir del sartén.

Este es el comienzo de algo grande.  Va requerir compromiso: No solo tweets, o likes, o swipes, pero también acciones políticas consideradas y creativas. Va a requerir que nos demos cuenta que algunas cosas que dábamos por aseguradas (algún semblante de verdad en lo que se informa, por ejemplo), ya no se pueden esperar de manera gratuita. Si queremos buen reporteo y buen análisis, tenemos que pagar por él. Eso significa DINERO: Financiamiento directo para las publicaciones y sitios web que luchan por contar las cosas desde una perspectiva alejada del establishment. Del mismo modo, si queremos que nuestros niños sean felices y creativos, tenemos que hacernos cargo de la educación, no dejársela a ideologías o gente que privilegia la ganancia personal por sobre todo. Si queremos generosidad social, tenemos que pagar nuestros impuestos y eliminar los paraísos fiscales. Y si queremos políticos considerados, tenemos que dejar de votar solo por los carismáticos.

La inequidad se come el corazón de la sociedad, cultivando desdén, resentimiento, envidia, sospecha, bullying, arrogancia e insensibilidad. Si queremos un futuro decente, tenemos que rechazar esas cosas, y creo que ya empezamos a hacerlo.

Hay tanto que hacer, tantas posibilidades. 2017 debiese ser un año sorprendente.

- Brian

 

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