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Domingo 18 de marzo de 2018

LOLLAPALOOZA CHILE | Red Hot Chili Peppers: Revancha

Si bien su show no fue perfecto, la banda californiana mejoró considerablemente su show del 2014 y de paso nos recordó por qué su música significa tanto para nosotros.

Por Ignacio De La Maza

FOTOS: Juan Pablo Quiroz

Pocas bandas pueden ser uno de los actos más esperados de un festival y a la vez ser uno de la que más dudas genera. Pero los Red Hot Chili Peppers son un caso especial. Por un lado, los californianos son parte del soundtrack de vida de varios de nosotros. Digo, es increíble la cantidad de personas que tiene recuerdos asociados a no una, sino múltiples canciones de RHCP, siendo capaces de transportarte a otras épocas y escenarios con su funk veraniego y su agridulce nostalgia. Por el otro, la última vez de la banda en nuestro país fue precisamente en Lollapalooza, y ese show del 2014 se ha convertido en leyenda no por razones necesariamente buenas, con los propios fans acusando un espectáculo errático que parecía confirmar los temores de que un grupo tan importante se encontraba totalmente alejado de sus mejores días.

¿Pero saben? A mí nunca me molestó tanto ese show. Entiendo por qué fue una decepción para muchos, pero se me olvida cuando me acuerdo de los primeros acordes de ‘Wet Sand’ y la emoción que sentí en el momento. Es por esa clase de razones que uno nunca puede desestimar a los Chili Peppers: Son capaces de ganarte en un instante y recordarte por qué su música es tan especial en un primer lugar.

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Su regreso a Lollapalooza en este 2018 no fue perfecto, pero quedarse en pifias suena algo mezquino cuando los Chili Peppers te dan tantas alegrías. Por cada momento en donde entras en dudas, como cuando el final de Californication suena algo descoordinado, la banda remata con una canción como la gloriosa ‘Don’t Forget Me’ que te lleva inmediatamente a recuerdos de cuando el grupo se sentía fundamental. Y obvio, si en el fondo lo siguen siendo. Incluso con un setlist que obvió algunos de sus más grandes clásicos (ausencias de ‘Under The Bridge’, ‘Otherside’, ‘Around The World’ o cualquier material pre-John Frusciante), joyas que uno tiende a olvidar como la mencionada ‘Don’t Forget Me’, ‘Strip My Mind’ o ‘If’ (‘Stadium Arcadium’ es un mejor disco de lo que se le dio crédito en su era)  mantuvieron el show tan impredecible como jugado, algo que probablemente nadie dice de su anterior visita.

Lo más importante: Ver a 60.000 personas saltando y coreando cada canción te recuerda lo importantes que son los RHCP. Quizás es leer demasiado entre líneas pensar que Flea, Chad Smith, Josh Klinghoffer y Kiedis hicieron una autocrítica tras esas mencionadas acusaciones de falta de conexión con la audiencia, pero en esta ocasión la banda se sintió mucho más presente en los procedimientos, y eso se reflejó en un público devoto y entregado que parecía estar reaccionando de forma visceral a lo que sucedía en escena. Sigue provocando escalofríos escuchar los gritos de sorpresa y euforia que canciones como ‘Soul To Squeeze’ o ‘By The Way’ generan en el público: Es el momento en donde te das cuenta que todos están recordando colectivamente cómo se sentían cuando escuchaban esas canciones hace 10 o 15 años, y ese sentimiento es simplemente hermoso.

No es que los Red Hot vivan netamente de la nostalgia. El show incluyó 3 canciones de su más reciente álbum, ‘The Getaway’ (2016), y convocó a un público que contaba tanto con fans históricos como con un considerable contingente de seguidores sub 25 que parecen amar al grupo con la misma intensidad que los más veteranos. La postal no es menor: La música de Red Hot Chili Peppers no solo resuena por contexto histórico o conexión personal. Resuena porque es un repertorio fantástico que sigue cautivando a nuevas generaciones con cada año que pasa. Lo más importante es que sigue generando recuerdos. Y esta noche RHCP demostró que son verdaderos expertos en hacer eso.

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