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Viernes 16 de marzo de 2018

LOLLAPALOOZA CHILE | David Byrne: Amor por la música

El ex Talking Heads montó una extravagante fiesta con una innovadora puesta en escena en el Parque O'higgins,

Por Ignacio De La Maza

FOTOS: Juan Pablo Quiroz

David Byrne ama la música. Si algo ha quedado claro en sus más de 40 años de carrera, es que el hombre que alguna vez lideró a una de las bandas más creativas de su generación como los Talking Heads vive el mundo del sonido de una forma más intensa y apasionada que el común de los mortales. Incluso si no todos sus experimentos han funcionado (su carrera solista ha sido inconsistente, por decir lo menos), pero jamás ha quedado la duda de que cada decisión que ha tomado Byrne en su ámbito profesional ha estado inspirada por la ambición de entregarle al mundo cosas nuevas y emocionantes.

Lo demostró durante la mayoría de su racha con Talking Heads; lo demostró con ese fantástico libro que es mitad autobiografía, mitad repaso didáctico, ‘¿Cómo Funciona La Música?’, y lo demostró de nuevo con su fantástico show en Lollapalooza Chile, en donde nuevamente entregó algo que superó todas las expectativas de la forma más excéntrica e impredecible que podría haber imaginado esa brillante cabeza suya.

La excusa de Byrne para volver a presentarse en Santiago tras 14 años de ausencia es, precisamente, su primer disco solista en ese período, ‘American Utopia’, editado solo una semana atrás. Sin embargo, pareciera que Byrne estaba tan entusiasmado por su nuevo álbum como la forma que ideó para presentarlo en el escenario: Una cortina platinada escondiendo cualquier tipo de amplificación o cable era telón para recibir a una masiva banda ‘inalámbrica’ que intercambiaba instrumentos como yo intercambio calcetines. Gracias a este concepto, por ejemplo, la ‘batería’ de Byrne era divida entre 4 o 5 músicos dependiendo de la canción, con algunos manejando bombos, otros platillos y otros cajas. La coordinación perfecta hacía que cada tema sonara corpulento y rítmico, frecuentemente coqueteando con esos ritmos bailables y étnicos que han sido la base de los mejores impulsos artísticos de Byrne.

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Por su parte, el hombre en sí sigue siendo irremediablemente él mismo: Un showman nato que suple su timidez paralizante con una energía urgente en cada canción. A sus 65 años, su voz sigue siendo un instrumento flexible, disonante, y contorneado, ya sea entonando dulces melodías o desquiciados gritos.

Siempre rehusándose a vivir del pasado, el músico presentó un setlist desafiante que olvidaba varias de las canciones más conocidas de Talking Heads (nada de ‘Psycho Killer’ o ‘And She Was’) para privilegiar el lado más jugado de su antigua banda (‘I Zimbra’, ‘Slippery People’, la increíble ‘Born Under Punches’) y varias selecciones de su más reciente álbum.

Poco importó: Incluso quienes miraban el show con cara de desconcierto al principio (Byrne entró al escenario con un cerebro falso en sus manos) terminaron rindiéndose a la extravagante fiesta, bailando una colaboración casi desconocida entre Byrne y Fatboy Slim del álbum ‘Here Lies Love’ como si fuese el mayor hit del momento. Eso es lo que hace Byrne en la gente: Les contagia su amor ilimitado por lo que hace. Ojalá no haya que esperar 14 años para verlo de nuevo.

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