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Domingo 8 de enero de 2017

Jorge González: El Último Baile De Los Que Sobran

El legendario músico se despidió de los escenarios con un emotivo show en el marco de la Cumbre Del Rock Chileno.

Por Ignacio De La Maza

Un pequeño video le recuerda a los asistentes que Jorge González hace las cosas bajo sus propios términos: Ahí lo vemos incentivando las pifias en el Festival de Viña, o botando todos los micrófonos en plena conferencia de prensa, o disparando contra los fanáticos que solo están detrás de una foto con quien quizás es el músico más importante que haya salido de este país. Es un recordatorio apropiado, porque solo segundos después aparece el propio González sobre el escenario, sentado y mirando intensamente al público del Estado Nacional. Trenes, el tema titular de su último álbum de estudio, abre los fuegos de lo que será su última vez sobre un escenario. Jorge González cierra su carrera frente a 35 mil personas, y para varias, lo hace bajo sus propios términos.

Algunos argumentarán que el sanmiguelino no está en condiciones de dar un show en vivo, debido a su deteriorada condición por el infarto cerebro-vascular que sufrió en el 2015 y cuyas secuelas precipitan su despedida de la música en vivo. Sin embargo, eso sería perder un poco el punto. La carrera de Jorge González ha estado definida por la lucha  y por enseñarnos a hacerle frente a lo imposible, una narrativa que hace de su cancionero una parte fundamental de la historia del chileno, desde la rebeldía que le dieron esperanza a una sociedad en la era de Los Prisioneros hasta las reflexiones personales sobre el amor y la muerte de sus últimos trabajos solistas.

Hablando de eso, es decidor que Jorge haya decidido dedicarle la mitad de su show de despedida a canciones de sus dos últimos álbumes, Libro (2013) y Trenes (2015). Después de todo, y pese a las etiquetas con la que lo han intentado encasillar, la carrera de González no es un paseo por la nostalgia. La movida también tiene una lógica personal y contextual: Estas canciones le requieren a Jorge un menor dinamismo vocal, disimulando que su voz ya no puede entonar melodías complejas, mientras que sus letras son escalofriantemente contingentes para su situación actual; reflexiones que nadan en ideas de arrepentimiento y confrontar el final de la vida.

Por supuesto, esta es una fiesta de despedida, y debe incluir los himnos con los que Jorge González le dio historia a un país que ha visto la suya robada en varias ocasiones: Pasa la oscuridad bohemia de Brigada de Negro, el conmovedor recuerdo infantil de Mi Casa En El Árbol y la amenaza carnal de Amiga Mía. Se nota que a Jorge ya no se le da naturalmente hablar, pero lo hace de todos modos, dedicando palabras de agradecimiento constantes a un público devoto que soportó el intenso calor de la tarde en la Cumbre del Rock Chileno 2017. Incluso se permite un par de bromas, como ese insólito pero hilarante cover de Knockin’ On Heaven’s Door con una libre traducción al español.

Su espectáculo se interrumpe brevemente: El ministro de Cultura, Ernesto Ottone, le entrega el Premio Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda sobre el escenario. Pese a que Jorge fue capaz de hablarle de manera casi elocuente a los fanáticos durante algunos momentos de su show, aquí no dice nada. Solo dedica una sonrisa que uno no sabe cómo interpretar mientras es galardonado. Sin hacer la más mínima referencia al reconocimiento que acaba de recibir, vuelve a poner la boca en el micrófono para anunciar escuetamente Tren Al Sur, desatando la euforia del Nacional y dando paso a lo que sería su cierre con ese clásico del disco Corazones (1990) y luego a El Baile De Los Que Sobran, ese himno hacia los dolores de la clase trabajadora chilena que fue escrito en dictadura pero se siente conmovedoramente actual. Hay lágrimas, abrazos y gente cantando a todo pulmón.

El tema da paso a un final extraño en donde González se queda un rato más sobre el escenario para darle paso al homenaje de la Cumbre del Rock a Álvaro Henríquez, una nota un tanto desconcertante que roba algo de peso al momento histórico que estábamos presenciando. Sin embargo, poco importa finalmente: Por una última vez, pudimos ver a uno de los grandes narradores de nuestro país ofreciéndonos una historia con la que podemos enmarcar nuestra vida. A más de 30 años del debut de Los Prisioneros, las canciones de Jorge González siguen explicándonos el mundo que nos rodea, y su presencia sobre el escenario, estoico e imponente pese a la enfermedad que le ha quitado su proeza física, nos enseña nuevamente a que la lucha es posible. ‘No es tan fácil ser Jorge González’ cantó Pedropiedra hace un tiempo, pero en su adiós definitivo, el músico nos recordó que nada lo es., pero al menos los que sobran tuvieron un último baile. Gracias por tanto, Jorge.

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