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Lunes 19 de diciembre de 2016

Especial - Nuestros discos favoritos del 2016

Porque entre tanta mala noticia musical, no olvidar que el año nos regaló discos increíbles.

Por Ignacio De La Maza

El consenso está en que este 2016, más o menos, fue un año terrible para la música. En una sola temporada perdimos a David Bowie, Prince, Leonard Cohen y Lemmy (que falleció tan a finales del 2015 que lo dejamos como si fuera de este año), entre tantos otros más, recordándonos que nuestros ídolos no estarán aquí para siempre. Una epifanía dolorosa, sin duda.

Sin embargo, al menos en términos discográficos, 2016 no destiñó: Este año fue realmente magnífico en términos de discos, tanto dentro como fuera del mundo del rock. Cualquier persona que se queje con el cliché de 'ya no se hacen álbumes como antes' se quedó con pocos argumentos en un ciclo que nos trajo algunos de los mejores trabajos de veteranos del rock como también pruebas de que las nuevas generaciones saben lo que están haciendo.

Sin más preámbulos, y para sacarle algo bueno a este 2016, aquí te contamos de nuestros discos favoritos del año. Siéntete libre de sugerirnos los tuyos:

Blackstar – David Bowie

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¿Llegará el día en el que podremos separar a Blackstar de la muerte de David Bowie? A tan solo dos días de su publicación (en su cumpleaños 69), el Camaleón del Rock abandonó sorpresivamente este mundo, elevando a Blackstar de 'un disco increíble a 'el último testimonio de uno de los músicos británicos más grandes de todos los tiempos'.

El contexto hace de Blackstar un trabajo tan fascinante como doloroso, digno de ser escrutado en profundidad en búsqueda de respuestas ocultas, porque es la única forma con la que podemos lidiar que el genio de Bowie ya no está entre nosotros. Sin embargo, esto no debe distraer de un hecho fundamental: Incluso en sus últimos días, debilitado por el cáncer y sabiendo que el tiempo estaba en su contra (aunque así lo reconocía incluso en 1973), Bowie estaba mirando hacia el futuro. Tomando elementos del jazz experimental (acompañado por una banda especializada en el género) y enfrentando la mortalidad directamente en sus crípticas y bellas letras, el Duque Blanco configuró un trabajo denso, cerebral, lleno de ideas y extrañamente conmovedor que no suena a nada que hayamos escuchado antes. Su regalo final fue demostrarnos una vez más que, cuando se habla de música, no todo está dicho.

 

Adore Life - Savages

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El mundo no está escaseando de bandas devotas al post-punk de finales de los 70, pero pocas saben canalizar esta influencia con el impacto visceral que Savages ha logrado a lo largo de tan solo 2 discos. Incluso más que su impresionante debut Silence Yourself (2013), Adore posiciona a este cuarteto de chicas londinenses como una de las agrupaciones de guitarras más interesantes de su generación.

Con composiciones más variadas y un aumento del sentido de teatralidad de la frontwoman Jehnny Beth, Adore Life es un álbum aplastante, sombrío, íntimo, y lleno de vida al mismo tiempo. A través de violentos ataques punk (The Answer, I Need Something News) y siniestras baladas atmosféricas, Beth y su imparable banda exploran en profundidad el lado más vicioso del amor y el deseo, sentimientos que abordan como la más adictiva y destructiva de las drogas. Savages lleva sus influencias a flor de piel (Gang Of Four, Nick Cave, Joy Division, Wire), pero la seguridad en su mensaje las hace sonar absolutamente únicas. Adore demuestra que, más que haber sido una cosa del momento, Savages nos dará que hablar por un buen rato.

 

Post Pop Depression – Iggy Pop

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Incluso los fanáticos más acérrimos de Iggy Pop habíamos abandonado la idea de que el hombre nos entregara otro disco bueno. Total, Iggy nunca ha dejado de ser una presencia poderosa en el escenario, por lo que perfectamente podría haber pasado sus últimos días deslumbrando al público con su show en vivo sin la necesidad de nuevo material. Entra aquí Josh Homme de Queens Of The Stone Age, y tal como lo hizo Bowie en los 70, tomó al ‘Padrino del Punk’ bajo su tutela y lo ayudó a recuperar la chispa creativa que no se le escuchaba desde discos como The Idiot y Lust For Life.

Post Pop Depression es el mejor trabajo de Iggy desde esos álbumes legendarios. Al igual que Blackstar, el disco encuentra al vocalista enfrentando su propia mortalidad cara a cara, con recuerdos nostálgicos tanto de glorias como errores pasados que no se pueden borrar. ‘No soy nada más que mi nombre’, entona Pop sombríamente en American Valhalla, mientras que la propulsiva Sunday concluye con una reflexión que podría ser un lamento de su época más excesiva y su constante pero elusiva fama: “Tengo todo lo que necesito, y me está matando”.

Para fortuna, Homme acompaña esta faceta más oscura de Iggy con grooves irresistibles, con toques de psicodelia e incluso una notoria influencia del trabajo anterior de Pop con Bowie. Y por si a alguien se le olvidaba que Iggy es el tipo más salvaje de la música, Paraguay concluye el disco con un violento monólogo en donde Pop escupe veneno contra la vida y finaliza con una nota casi esperanzadora: “Estoy enfermo y es tu culpa. Ahora iré a mejorarme”.

 

Weezer (The White Album) – Weezer

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Pedirle a Weezer que recupere el nivel que mostró en sus insuperables primeros discos es una esperanza de necios. La banda que Rivers Cuomo comandaba en la era de los legendarios Blue Album (1996) y Pinkerton (1997) es muy distinta a la que existe hoy en día. Sin embargo, en Everything Will Be Alright In The End (2014), el cuarteto pareció poner fin a un período negro en su carrera, recuperando ese sentido melódico y profundidad emocional que los hicieron grandes en un primer lugar. Para fortuna, su cuarto disco homónimo (conocido como The White Álbum), continúa esta tendencia.

A estas alturas de su carrera, Cuomo no puede evitar escribir canciones que suenen como Weezer, pero en The White Album hay un pequeño giro: Los temas son más optimistas, la música más relajada, los ganchos más pegajosos de lo que habían sido durante un buen tiempo. Es básicamente el cuarteto en la playa, tomando como referencia a los Beach Boys y al pop californiano en general para construir una narrativa coherente de esos veranos que generalmente uno recuerda con mayor cariño de lo que merecen. Canciones como California Kids, Thank God For Girls y King Of The World son fácilmente lo mejor que el cuarteto ha escrito en 15 años, y con tan solo 34 minutos de duración, The White Album no extiende su bienvenida. Como para quedar con una sonrisa.

 

Human Performance – Parquet Courts

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Los Parquet Courts son una agradable anomalía dentro del rock moderno: Una banda de guitarras que no suena como un refrito del pasado, pese a que sus puntos de referencia son claros (en este caso, Pavement, The Modern Lovers, The Velvet Underground). Quizás es porque, a diferencia de viejos referentes que insisten en que el rock está muerto, Andrew Savage y compañía se toman lo que hacen bastante en serio. Pese a su innegable e incisivo sentido del humor, los Parquet Courts dejaron sus intenciones claras en la declaración de principios que es el tema titular de su primer disco, American Specialties (2011): ‘La música importa, ahora más que nunca’.

Human Performance suena a una banda manteniéndose firme junto a ese simple pero poderoso slogan. En su cuarto álbum, Parquet Courts expande su sonido de maneras sutiles pero significativas, con canciones más contemplativas que de costumbre (recordando frecuentemente a las baladas de Lou Reed), sin dejar de lado ese punk desordenado y encantador de sus primeras entregas. El arma secreta sigue siendo Savage, que tal como Courtney Barnett, tiene un don para transformar la cotidianeidad en poesía musical, y Human Performance lo encuentra en su mejor forma como letrista, capturando la ansiedad de la vida urbana (en Nueva York, en este caso), como pocos. Al final, los Parquet Courts destacan porque no se cuelgan guitarras para impresionar a nadie o ser famosos. El rock es arte, y pocas bandas de hoy lo entienden mejor que ellos.

 

Gore – Deftones

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Pensar que, en algún momento, los Deftones fueron incluidos en la misma bolsa de ‘nu metal’ que Limp Bizkit y Korn. 15 años después, cuando la mayoría de los que alguna vez fueron etiquetados bajo ese género han quedado olvidados o viven de glorias pasadas, la banda de Chino Moreno sigue empujando el rock pesado a sus límites, y Gore es la prueba de que Deftones es finalmente inclasificable.

Gore es una conclusión tan lógica como alucinante de la trilogía que los chicos de Sacramento iniciaron con Diamond Eyes. Ese disco los encontró en el dilema de seguir adelante sin el bajista Chi Cheng, que en el 2008 sufrió un accidente de tránsito que lo dejó en coma (que finalizó con su muerte en el 2013). Con Sergio Vega de Quicksand reemplazando a Cheng, la banda comenzó a explorar de manera más directa las texturas que siempre habían estado escondidas en su música. En Gore, esas texturas son más literales que nunca, enfatizando los elementos que hacen que Deftones tenga más en común con el shoegaze de My Bloody Valentine y Slowdive que con cualquier otro acto de hard rock (solo escuchen los versos de Hearts/Wires para entender el punto). Eso no significa que la banda se haya vuelto ‘suave’: Doomed User y Rubicon son capaces de hacer explotar tu cabeza, pero aun así suenan más dinámicas y atrevidas que cualquier otro acto intentando hacer algo similar. Gore es el testamento de por qué Deftones está por sobre todos sus pares.

 

Patch The Sky – Bob Mould

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Hay pocos héroes de las seis cuerdas que reciban tan poco reconocimiento como Bob Mould. Pese a haber redefinido el sonido del hardcore punk con su banda Hüsker Dü, poniendo énfasis en la melodía y aumentando la distorsión de la guitarra hasta crear una barrera de sonido que después sería la base fundamental de varios actos de los 90. Su influencia es directa en bandas como los Pixies, Nirvana y Smashing Pumpkins, pero Mould en sí siempre ha sido una figura de culto, manteniendo un bajo perfil en su posterior banda Sugar (increíble) y en sus proyectos solistas.

Tras experimentar con el folk y la electrónica, Mould volvió a las guitarras en el 2012 con Silver Age, un disco que rescataba la tradición de Hüsker Dü pero lo presentaba como una figura más madura y melancólica. Desde entonces, el hombre se ha apegado a lo que sabe hacer mejor, y Patch The Sky  es precisamente eso: Un álbum de rock puro y duro, de ganchos irresistibles y un sentido melódico desarrollado. Pese a tener 55 años y tener la apariencia de un caballero afable, Mould sigue siendo capaz de destilar un sonido que es furioso, urgente y aplanador, abarcando terreno que incluye relaciones fallidas, fábulas bíblicas y, por supuesto, el delicado balance del mundo en el 2016. Incluso con casi 40 años de carrera, Mould sigue sabiendo como sonar contingente.

 

A Moon Shaped Pool – Radiohead

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Si nos permitiéramos el lujo (y la patudez), un buen título alternativo para A Moon Shaped Pool podría ser ‘Human After All’. Daft Punk se adelantó al quinteto de Oxford por más de una década, pero es difícil imaginar una descripción más apropiada para el noveno álbum de Radiohead. Tras las críticas en contra de la ‘frialdad’ de The King Of Limbs (2011), un disco que aquí defendemos a morir pero reconocemos que su electrónica polirrítmica puede ser difícil de digerir, Thom Yorke y compañía respondieron con el álbum más vulnerable y sí, humano, de toda su carrera.

Es difícil no ligar el sonido pastoral y las letras despechadas de la mayoría de A Moon Shaped Pool al quiebre amoroso que sufrió Yorke el año pasado, cuando puso fin a una relación de 23 años. Pero el gran truco de la nueva placa de Radiohead no es mostrar al críptico vocalista de una manera emocionalmente abierta, sino que incorpora este elemento a las tradicionales preocupaciones apocalípticas de la banda como si fueran todo una gran cosa: El cambio climático, la corrupción política, el culto a la celebridad y el desamor, todo parte de lo que significa la experiencia humana en el siglo XXI.

Sin embargo, lo que podría haber sido una experiencia deprimente resulta extrañamente levantadora, como ser parte de un exorcismo grupal. En uno de los momentos más potentes de toda su carrera, Radiohead decidió cerrar el álbum con True Love Waits (otro título que podría describir bien al álbum entero), una canción que vienen tocando desde al menos 1995 y que aquí por fin fijan en una versión de estudio que muta en una espaciosa balada de piano. “No me dejes”, suplica frágilmente Yorke entre un loop infinito de teclas, un refrán que viene repitiendo desde hace 20 años pero que aquí suena como una comunión. El dolor es parte inevitable de la vida, pero al menos Thom nos revela que no estamos solos.

 

Paradise – White Lung

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Créanlo o no, Canadá tiene una escena punk rica y variada, y White Lung es uno de los ejemplos más recientes de lo que el país del norte tiene que ofrecer al respecto. Liderados por la vocalista Mish Barber-Way, el trío (porque el puesto de bajista está en constante rotación) ha estado haciéndose un nombre en el circuito hardcore con un estilo arrasador basado en acordes afilados y letras feministas que recuerdan la era dorada de bandas como Bikini Kill o Sleater-Kinney. Sin embargo, en Paradise, el conjunto declara que ya está listo para sobrepasar los límites de su escena local.

Quizás el cambio más notorio esté en la forma de tocar la guitarra: Kenneth William se ha convertido en una especie de Johnny Marr punk, escribiendo líneas arpegiadas que mutan constantemente pero que no traicionan el sonido visceral que hace de White Lung algo tan emocionante. Todos los miembros crecen como compositores aquí, con la generalmente rasposa voz de Barber-Way utilizada de formas que casi podrían ser descritas como pop en algunos momentos (Below es básicamente una power ballad, mientras que I Beg You debe ser el single más comercial que haya salido de esta banda). Al final del día, lo que hace de White Lung tan especiales es que están haciendo que un género basado en la tradición suene fresco y original, y en Paradise parecen ser absolutamente imparables. De las joyas de culto de esta temporada.

 

Magma - Gojira

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Hay algo desagradablemente condescendiente en calificar ciertas actas de metal como 'heavy metal para quienes no les gusta el heavy metal'. Gojira no es ese tipo de banda porque su música puede ser disfrutada tanto por militantes del género como por quienes no se consideran particularmente cercanos al rock pesado. Su música es tan rica en detalles, tan abrasiva e impredecible que es imposible no sentirse llevado. En Magma, el conjunto francés perfeccionó su técnica con lo que es, sin duda, su álbum más accesible hasta la fecha.

Por supuesto, eso no significa que los chicos de Joe Duplantier se hayan vuelto 'comerciales' ni mucho menos: Gojira sigue siendo una banda de asaltos sónicos despachados con una musicalidad física y brutal, pero hay algo adictivo y casi pegajoso en la forma en que Magma modula sus talentos para que cada canción tenga los elementos justos. Atrás quedaron las grandes épicas progresivas de sus trabajos anteriores, privilegiando a cambio una estructura basada en riffs y ritmos,inmediatez melódica y letras emocionales.

Algunos puristas habrán descartado Magma como un intento por 'apelar a las masas' por parte de Gojira, pero pocos álbumes de guitarras sonaron más urgentes de lo que los franceses suenan en este álbum. Con 6 discos bajo el brazo y 20 años de carrera, Gojira sigue siendo capaz de sorprender. 

 

Skeleton Tree - Nick Cave & The Bad Seeds

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Mientras David Bowie y Leonard Cohen redefinieron la narrativa de las muertes en el rock a través de su propia música este año, Nick Cave hizo lo mismo con la pérdida de un ser querido. A mediados del 2015, su hijo Arthur falleció al caer de un acantilado cerca de su residencia en Brighton, confrontando al quien históricamente ha sido el poeta de lo macabro y el lado más oscuro de la naturaleza humana con la muerte desde una perspectiva que no había abordado antes: Desde un dolor profundamente personal.

Si bien Cave ha especificado que las sesiones de Skeleton Tree comenzaron antes del trágico incidente, es imposible no escuchar en su espaciosa y minimalista producción musical el sonido de un hombre quebrado intentando lidiar con una tristeza que jamás habría imaginado que podía asotarlo de esa manera. Cave siempre ha sentido una fascinación por el fin de la vida, la violencia y la relación conflictiva entre hombre y fe, pero en esta ocasión hay una gravedad en su voz otorgada por una experiencia que reconfiguró todas esas ideas en algo mucho humano, desde la imaginería de una figura 'cayendo desde el cielo al río' hasta las plegarias desesperadas de I Need You.

Esto podría hacer parecer a Skeleton Tree como una experiencia angustiante, y a ratos lo es, pero Cave nunca se ha caracterizado por ser un artista predecible, y aquí no es la excepción. Incluso en sus momentos más oscuros, el músico encuentra un inesperado optimismo, una cierta sensación de que el dolor no desaparecerá pero sí se puede vivir con él, y que vale la pena seguir adelante. Devastador y emocionante al mismo tiempo.

 

Hardwired... To Self-Destruct - Metallica

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Quién habría esperado que, en un año como el 2016, serían los viejos conocidos de Metallica quienes plasmarían con mayor certeza la sensación apocalíptica de esta temporada. El regreso del grupo de San Francisco fue un triunfo inesperado, considerando que venían de 8 años de silencio discográfico, el cual solo fue interrumpido por una horrorosa colaboración con Lou Reed. Sin embargo, en Hardwired...To Self Destruct, James Hetfield y los suyos ofrecen el soundtrack perfectamente agobiante para un año que, en muchos sentidos, ha sonado exactamente así.

Desde los primeros sonidos del tema titular, el cuarteto te da la impresión que vuelve revitalizado: Los riffs son más agresivos, la voz de Hetfield más confiada, la batería de Ulrich lo más meteórica que ha sonado desde los días de gloria del trash metal. Ni la música ni las letras dan respiros, apretando el acelerador por parajes en llamas de negligencia humana que llevan a un cataclismo inminente, incluyendo algunas referencias que inevitablemente parecen estar dirigidas a cierto egomaniaco que acaba de ser elegido presidente de los Estados Unidos.

Se ha vuelto un cliché, pero puede que Hardwired...To Self-Destruct sea el mejor trabajo de Metallica desde el Black Album. Incluso con 35 años en el cuerpo, la banda sigue siendo capaz de elevar los niveles de urgencia.

You Want It Darker - Leonard Cohen 

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Al igual que Blackstar de David Bowie, vamos a ligar siempre a You Want It Darker con la muerte de Leonard Cohen. Es probable que, al igual que el Camaleón del Rock, el canadiense lo haya querido exactamente de esa manera. No por eso, en esa (ahora) legendaria entrevista que le dio al New Yorker en promoción del álbum, el tipo comentaba 'estoy listo para morir, espero que no sea muy incómodo'. Solo un par de semanas después, con su magnífico nuevo trabajo ya en tiendas, Cohen daría su último resperio, y realmente no creemos que haya sido muy incómodo para el trovador de 82 años.

Después de todo, Cohen le venía cantando a la muerte (como Bowie o Nick Cave) durante toda su carrera, aunque sus letras siempre venían de la perspectiva de un hombre que parecía ser más sabio que sus años, tratando al misterio de qué nos depara después de nuestro último segundo en esta tierra con calidez, humor y hasta un cierto aire desafiante. Todo esto se repite en You Want It Darker, pero el disco aun así es uno de los mejores que hay dentro de su impresionante discografía.

En parte es porque, pese a su enfermedad y avanzada edad, Cohen siguió siendo hasta el final el compositor más ingenioso del circuito, hablando de "demonios de clase media y domesticados" y "excusas cansadas y patéticas" con una riqueza lírica que nadie en esta Tierra puede igualar. Quizás su regalo de partida sea la frase con la que cierra el disco, una frase que, en su pequeño lamento sexual/religioso, resume la carrera de Cohen de una forma conmovedora: "Ojalá hubiese un tratado entre tu amor y el mío". Aleluya. 

Blue & Lonesome - Rolling Stones 

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En serio ¿Quién se habría imaginado que los Rolling Stones iban a sacar un disco así de bueno en el 2016? No es que la banda más legendaria más legendaria del rock (aún de pie) tenga álbumes tan terribles como algunos irrespetuosos sugieren, pero básicamente todos sus trabajos desde Voodoo Lounge en adelante habían inspirado una especie de suspiro resignado de 'esto es lo que hay'. Sin embargo, todos sabíamos que Mick Jagger y los suyos podían dar más, y Blue & Lonesome llegó inesperadamente a fines de este año para recompensar nuestra fe.

Es decidor que los Stones se hayan encontrado nuevamente a sí mismos en un disco en donde no hay ninguna composición propia: Todos los temas de Blue & Lonesome son clásicos blueseros que la banda tocaba desde antes de si quiera editar su primer álbum, una especie de 'regreso a lo básico' que además cierra un ciclo para la banda como los hombres que ingresaron el blues a la música popular, siempre con el respeto que merecían los pioneros del género.

Dejando de luchar contra su legado, el cuarteto parece estar pasándolo realmente bien y eso se contagia en las canciones: Mick Jagger suena particularmente renovado, con una voz confiada y comandante que estaba sospechosamente ausente de su disco anterior, A Bigger Bang (2005). Sin embargo, Blue And Lonesome nos recuerda por qué todos estos tipos son tan importantes: Por qué Keith Richards es una enciclopedia viviente bluesera, por qué Ronnie Wood es uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, por qué Charlie Watts es simplemente lo máximo y por qué Jagger es un frontman único. Bienvenidos de vuelta, Rolling Stones, los queremos por mucho tiempo más.

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