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Martes 13 de diciembre de 2016

Especial - Nuestras series favoritas del 2016

Un repaso a las producciones televisivas que capturaron nuestra imaginación durante el último año.

Por Ignacio De La Maza

Pareciera que hace algunos días estábamos celebrando el Año Nuevo 2016 y aquí estamos, 12 meses después, a punto de despedir lo que sin duda han sido días extraños (por razones que está de más repasar aquí). 

Como siempre, incluso en los años más inestables, la cultura ofrece un refugio y a su vez un reflejo de nuestros tiempos, actuando como una necesaria fuente de distracción pero también como fuente de ideas y pensamientos que ayudan a poner en perspectiva la realidad desde la ficción.

Para fortuna, seguimos viviendo lo que se conoce como la 'Era Dorada de la TV', en donde conceptos como prestigio y entretenimiento ya no son enemigos sino que se combinan en algunas de las producciones más brillantes que hayan salido de la pantalla chica. La temporada 2016 fue particularmente generosa en este sentido, desde ciclos impactantes de series veteranas a debuts que prometen ser tema de conversación por los años venideros.

Como siempre, faltan horas al día y días al año para revisar todo (en serio, nos dicen que Veep y The Americans fueron sorprendentes, pero realmente había otras cosas que hacer), mientras que no todas las series en boca de todos fueron de nuestro agrado (la segunda temporada de Mr. Robot nos pareció decepcionante), pero hicimos el esfuerzo titánico de resumir lo mejor que tuvo que ofrecer la televisión en este 2016. Esto fue lo que salió:

Game Of Thrones

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Por primera vez en su historia, Game Of Thrones adelantó este año a la saga literaria Canción de Hielo y Fuego en la que se basa. George R.R. Martin escribe a paso de tortuga, y ni los productores (ni los actores, ni HBO) podían esperar a que el autor terminara antes de estrenar un nuevo ciclo. En vez de basar la sexta temporada en el no lanzado nuevo libro, la producción le consultó a Martin a dónde iba la historia y llenaron los hoyos por su cuenta ¿El resultado? La temporada más propulsiva de la serie hasta la fecha.

El nuevo enfoque en ‘eventos’ más que en ‘procesos’ no siempre ayudó al nuevo ciclo de la serie fantástica de HBO: Las maquinaciones que hicieron a Game Of Thrones tan adictiva en algún momento fueron reemplazadas por un paso frenético que no siempre le dio tiempo a los acontecimientos en pantalla para respirar. Sin embargo, es innegable que hace mucho que GoT no le daba tantas alegrías a sus fanáticos, desde la resurrección de Jon Snow (vamos, todos sabemos ya) hasta la confirmación de una mítica teoría sobre su personaje, sin dejar de mencionar la muerte de un antagonista detestable y el avance de todas las tramas hacia el punto final de la serie. Puede que no todo haya sido elegante (Arya Stark ahora se teletransporta, aparentemente), pero el viaje sigue siendo tan exhilarante como siempre.

The People v. O. J. Simpson: American Crime Story

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¿Cómo construir tensión, intriga y drama de una serie legal en donde todos sabemos el resultado? No por nada el procedimiento contra el ex jugador de fútbol americano O.J Simpson, por el brutal asesinato de su ex esposa Nicole Brown y el mesero Ron Goldman, fue bautizado como ‘El Juicio Del Siglo’. Es probablemente uno de los hitos más notorios de los 90, y sus protagonistas quedaron marcados de por vida tanto por el desarrollo del juicio como por su veredicto (Spoiler: Simpson fue absuelto por tecnicismos, aunque toda la evidencia física indicaba su culpabilidad).

La respuesta a la pregunta inicial es más simple de lo que parecía: En vez de enfocarse en el juicio en sí, la serie pone luz sobre los personajes y los temas detrás del procedimiento. Al final de su temporada, quedó claro que American Crime Story estaba mucho más preocupada de ser una reflexión incisiva sobre el culto a la celebridad y la tensión racial en Estados Unidos, marcando incisivamente que estos conflictos están lejos de ser resueltos en la sociedad norteamericana.

The People vs O.J Simpson también gana como una narrativa adictiva y frecuentemente conmovedora acerca de las figuras que marcaron el juicio, todos interpretados por el mejor reparto de lo que va del año: El impredecible O.J (Cuba Gooding Jr, recordándonos que es un grande), el estrambótico abogado Johnnie Cochran (Courtney B. Vance, perfecto en el rol), Robert Shapiro (John Travolta, tan kitsch que evidentemente cree que está en otra serie), Robert Kardashian (David Schwimmer, quien parte haciendo una variación de Ross Geller pero se transforma en el corazón de la historia) y la fiscal Marcia Clark (una Sarah Paulson que merece todos los premios del mundo) dejan de ser recuerdos públicos y se convierten en seres humanos trágicos, todos destruidos de alguna forma u otra por lo que les tocó vivir. En resumen: TV de calidad en su máxima expresión.  

Better Call Saul

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Cuando Better Call Saul fue confirmada hace algunos años, parecía como la idea más terrible de la televisión. Breaking Bad había terminado en un punto perfecto ¿Por qué hacer un spin-off sobre Saul Goodman, el ‘abogado criminal’ que probablemente era el personaje menos interesante de la serie? La temporada 1 de ‘Saul’ dejó en claro que precisamente esa es la razón por la que era tan necesaria: El rol interpretado por Bob Odenkirk tenía una historia que contar, y Breaking Bad no le dio el espacio que merecía para hacerlo. La serie es tanto precuela como complemento a la famosa saga de Walter White.

Ahora, en su segundo ciclo, Better Call Saul no solo se despegó de la sombra de su serie madre, sino que incluso (¿Lo decimos o no lo decimos?) comenzó a alcanzar su nivel dramático. La caída de Jimmy McGill (el verdadero nombre de Goodman) es trágica porque su personaje no podría estar más alejado del anti-héroe que era White: Si el profesor convertido en narcotraficante gozaba de la maldad que estaba dejando salir, Jimmy es un buen tipo que no puede evitar buscar la salida fácil, pese a que sus intenciones están en el lugar correcto.

Ya sabemos en donde terminará McGill (spoiler: escondido como administrador de un Cinabbon en Omaha, escapando de los eventos de Breaking Bad bajo el precio de perder su identidad), lo que hace que su lenta caída sea aún más dolorosa, en especial cuando empieza a quedar claro que arrastrará varios consigo, incluyendo a su interés amoroso (Rhea Seehorn, en el mejor personaje femenino que el universo de BB haya entregado, y a su hermano (Michael McKean, que como el orgulloso Chuck McGill demostró en esta temporada ser mucho más vicioso que Jimmy). Por supuesto, el dueño del circo es Odenkirk, un comediante que en esta temporada demostró que sus dotes dramáticos están al tope, dándole a los ojos de McGill un dolor implícito que indica que sabe que está en un camino inevitable a la destrucción.   

The Girlfriend Experience

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La joya oculta más fascinante de esta temporada de televisión. Basada en la película de Steven Soderbergh del mismo nombre (que aquí hace de productor ejecutivo), The Girlfriend Experience sigue a una joven estudiante de Derecho llamada Christine (Riley Keough, la nieta de Elvis Presley, en una actuación tan comandante que debería dar que hablar por años), que se involucra en el mundo de la prostitución de clase alta, ofreciendo servicios de acompañante mientras balancea su trabajo como interna en una importante (y probablemente corrupta) firma legal.

A diferencia de otras producciones con una premisa similar, The Girlfriend Experience funciona porque no muestra todas sus cartas sobre la mesa, moviéndose en una constante ambigüedad que la hace adictiva en su misterio: ¿Es la protagonista una heroína feminista tomando control de sus deseos o una sociópata que se aprovecha de personas solitarias? ¿Se supone que las escenas de sexo, más explícitas que las de una serie de TV normal pero grabadas de manera casi clínica, sean eróticas o desapegadas? ¿Es la profesión de Christine empoderadora o denigrante?  ¿Su cuerpo desnudo (que aparece frecuentemente a lo largo de la temporada) es una declaración de libertad sexual o una crítica a la obsesiva mirada masculina?

Para su fortuna, The Girlfriend Experience plantea estas preguntas pero deja que el espectador sea quien saque las conclusiones, y se mantiene refrescantemente lejos de emitir cualquier juicio facilista: Dentro de todas sus interrogantes, el mundo de las 'escort' jamás es tratado como algo digno de condena. Dirigida de manera artística y enigmática y con uno de los mejores soundtracks de la temporada, la serie puede ser demasiado nebulosa para quienes prefieren historias más concretas y de ritmo acelerado. Pero te lo aseguramos: Para el capítulo final (una verdadera obra de arte por sí solo) te darás cuenta que no has visto nada como esto.   

Penny Dreadful

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Y resulta que Penny Dreadful se acabó. El drama de horror gótico (que en Chile se emitía por HBO) reveló en el último capítulo de la tercera temporada que había llegado al fin de la historia que tenía que contar. Eso significa que nuestra vida tiene un poco menos de Eva Green, lo que siempre es una tragedia, pero también da el alivio de que el creador John Logan contó lo que tenía que contar y decidió darle un punto final antes de ver a su fascinante producción caer en el abismo de series que simplemente no saben cuándo ni cómo concluir (¡Hola Lost!).

Sin spoilear el final ni mucho menos, hay que aplaudirle a Penny Dreadful el haber construido un drama satisfactorio y atrapante sobre una historia cuyos protagonistas eran, literalmente, Frankenstein y el Hombre Lobo (entre otras figuras del horror victoriano). Sin embargo, la serie siempre le perteneció a Green como Vanessa Ives, la mujer en medio de una brutal lucha  entre el Cielo y el Infierno. La actriz francesa siempre fue la principal razón para sintonizar esta fantástica mezcla entre serie de prestigio y kitsch puro, dotando a su rol de una intensidad que inspiraba al resto del cast (incluyendo al ex 007 Timothy Dalton y al siempre inconsistente Josh Harnett como el mencionado licántropo) a ponerse a la altura.

Puede que no todas las historias hayan tenido una conclusión satisfactoria y que hayan quedado algunas preguntas flotando en el aire, pero Penny Dreadful fue un viaje increíble por un mundo en donde los horrores de la imaginación caminan entre nosotros y la lucha entre el bien y el mal es concreta y palpable. Ahora, a buscar dónde suplir la falta de Eva Green.

House Of Cards

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Cuando se habla de House Of Cards, hay solo 2 tipos de personas: Los que la adoran y los que simplemente no enganchan con las maquinaciones de Frank Underwood en una realidad paralela en donde el mundo político se revuelca en su propio veneno (en vez de intentar esconderlo). Sin embargo, los convertidos necesitamos nuestra dosis anual del corrupto personaje de Kevin Spacey, y la temporada 4 del hit de Netflix ofreció exactamente eso.

Pese a que lo que está en juego es más alto que en sus primeros capítulos (Underwood es presidente, después de todo), el cuarto ciclo de House Of Cards siguió la misma fórmula ganadora que la ha hecho una de las series más adictivas de la TV: Frank conspira para mantener su poder, otros conspiran para quitárselo. Sin embargo, lo que tuvo mayor resonancia en esta ocasión fue que la temporada de elecciones hace que algunos aspectos de House Of Cards se parezcan peligrosamente a la realidad política en Estados Unidos.

No es que Donald Trump sea un homicida megalomaníaco como lo es Underwood, pero cuando la administración del ficticio presidente (SPOILERS) decide ocupar una crisis terrorista para propulsar su propia agenda política, fue difícil no pensar que un hombre de valores tan moldeables como el del personaje de Spacey se convirtió EFECTIVAMENTE ser presidente de los Estados Unidos. Por primera vez, House Of Cards no se sintió solo como una parodia de Washington, y eso es un poco aterrador.   

Horace & Pete

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Louis CK es un reconocido comediante en los Estados Unidos, y su serie Louie debe ser una de las creaciones más particulares de la TV norteamericana durante los últimos 5 años. Sin embargo, este año decidió producir algo distinto, una serie publicada a través de su sitio web que fue estrenada sin fanfarria ni campaña previa, y que parece haber concluido después de tan solo 10 capítulos.

Lo primero que llama la atención es que Horace & Pete no es una comedia, al menos no en el sentido tradicional. La historia sigue a los personajes titulares, dos primos que administran un bar de mala muerte con sus nombres y que están unidos por el trauma de sus infancias bajo un padre abusivo. Horace (interpretado por CK con una miseria sugerida en su otra serie pero inédita hasta ahora) es un hombre deprimido, alejado de su familia y que atiende el negocio netamente por un asunto de deber. Por su parte, Pete (el gran Steve Buscemi) ha sufrido de numerosos desequilibrios mentales durante su vida, y en su pasividad esconde lo que inevitablemente parece ser una bomba de tiempo.

Horace & Pete no es fácil de ver: Sus capítulos son frecuentemente contemplativos, y sus temáticas sobre los errores del pasado y el miedo paralizante al presente (la candidatura de Trump juega un rol recurrente en los televisores del bar) tienden a ser abrumadoras, pese a las risas ocasionales. Pero hay algo inescapable en la oscuridad a la que enfrenta la serie. Quizás sea la inevitabilidad de la tristeza y la decepción en nuestras vidas, o quizás sea un llamado inherente a tomar acción sobre las cosas que nos hunden. Sea lo que sea, Horace & Pete es tan devastadora como inolvidable.  

Stranger Things

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Había razones de sobra para estar sospechosos de Stranger Things. La serie original de Netflix comenzó a promocionarse solo días antes de su estreno; los avances parecían indicar un pastiche de influencias de Stephen King, Steven Spielberg y John Carpenter, entre otros. Peor aún: Una vez estrenada, los primeros espectadores no podían callarse sobre que se trataba de la mejor serie del año, rodeando a Stranger Things de esa clase de hipérbole que es simplemente demasiado como para cumplir expectativas.

Vaya que nos taparon la boca: La producción creada por los Duffer Brothers no solo es, efectivamente, uno de los grandes eventos televisivos del 2016, también es una de las mejores cartas de amor al cine ochentero que hayamos visto en el último tiempo. Sí: Los espectros de King, Spielberg y Carpenter (además de toques de Ridley Scott y otros maestros del cine de género) influyen fuerte en el asunto, pero Stranger Things abraza sus referencias con respeto e invita al público a identificar de qué manera son utilizadas.

La historia, ambientada en esos pueblos de Estados Unidos en donde todo el mundo se conoce, sigue la historia de un grupo de niños que toma en sus manos investigar la desaparición de su mejor amigo, que parece haberse envuelto con fuerzas más allá de la comprensión humana. El concepto en sí sería adictivo, pero Stranger Things se eleva gracias a una construcción de mundo impecable (su recreación de la siniestra ambientación del cine ochentero es uno de sus mayores encantos) y algunos personajes inolvidables, incluyendo Eleven (la fantástica Millie Bobbie Brown), una chica amnésica con poderes especiales que parece estar conectada a una gran conspiración, y por supuesto, la genial Winona Ryder haciendo de una madre preocupada con nervios de acero. Quizás hubieron series mejores en este 2016, pero ninguna fue más inolvidable que Stranger Things. 

BoJack Horseman

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La serie animada que está dejando en vergüenza a la mayoría de los dramas de prestigio que andan rondando por ahí, el viaje de BoJack Horseman de curiosidad de Netflix a una de las mejores series de la actualidad es tan fascinante como el viaje de su protagonista, un caballo parlante antropomórfico y ex estrella de TV que vive en un bizarro Hollywood paralelo en donde animales y humanos conviven en una misma sociedad.

En su tercer ciclo, BoJack Horseman fue más atrevida y valiente que nunca, balanceando su clásica sátira sobre la cultura de las celebridades con reflexiones poderosas sobre las formas (muchas veces nocivas) en las que intentamos darle sentido a nuestras vidas, la soledad, la depresión, la falta de comunicación, la búsqueda constante por el valor propio, los errores del pasado y el daño que le hacemos de manera casual incluso a quienes más queremos. 

Quizás lo mejor de todo sea que la serie aborda este desfile de temáticas francamente deprimentes con corazón y un sentido del humor incisivo. Lo he dicho antes y lo vuelvo a decir: Pocas series sobre el dolor profundo de vivir con depresión son más ridículas, hilarantes y queribles que BoJack Horseman, probablemente la única producción que lleva la fusión entre comedia y drama a su balance ideal. La mejor serie del año, a mi humilde juicio.

The Night Of

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Series sobre procedimiento policial hay muchas. Series sobre el sistema judicial también. Sin embargo, créeme cuando te digo que jamás has visto una mirada tan honesta, cruda y perturbadora sobre estos géneros archi-conocidos de la TV como The Night Of, la fantástica mini-serie que HBO emitió a mediados de año.

La premisa es, a su vez, engañosamente simple y macabramente compleja: Un joven (Riz Ahmed, toda una revelación) de ascendencia árabe viviendo en Nueva York despierta al lado del cuerpo brutalmente asesinado de una chica que conoció en medio de una noche de juerga y drogas. Su ineptitud hace que rápidamente termine en custodia de la policía, que no tiene ninguna duda de que tienen en sus manos al culpable de un horroroso crimen. Se inicia un proceso legal, en donde el único aliado de este joven es un abogado de poca monta que generalmente atiende casos menores (un fantástico John Turturro).

Puede parecer que has escuchado variantes de este caso en otras ocasiones, pero lo que eleva a The Night Of por sobre sus pares es la forma brutalmente realista en la que aborda las penurias y falencias de un sistema jurídico que te mastica lentamente hasta convertirte en una sombra de lo que alguna vez fuiste. Sí, también está la duda de si nuestro protagonista fue capaz de cometer el horroroso acto del que se le acusa, pero The Night Of es más fascinante en sus momentos cotidianos, exhibiendo cómo el proceso cambia, generalmente para peor, la vida de todos los involucrados. Si el final es un tanto insatisfactorio, no hay duda de que es en parte intencional: Estas historias difícilmente tienen conclusiones significativas. 

Marvel's Luke Cage

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En medio de un año en donde la tensión racial en los Estados Unidos creció de manera considerable gracias a una venenosa candidatura presidencial (¡Que ganó!), Marvel se aventuró a producir una serie en donde, por primera vez, el superhéroe protagonista es un afroamericano. No solo eso, un afroamericano a prueba de balas. Como dice alguien dentro de la misma historia de Luke Cage: "Hay algo poderoso en ello".

Vamos a ser honestos: La primera temporada de Luke Cage estuvo lejos de ser perfecta. En especial su segunda mitad desciende en una serie de clichés y subtramas sin mucho sentido que le quitan poder a sus ideas más resonantes. Pero vaya que resuenan sus mejores ideas. La historia del personaje titular (introducido en un rol secundario en Marvel's Jessica Jones), un hombre con piel indestructible escapando de su pasado en un Harlem dividido por la criminalidad y la corrupción política, resultó en algunos de los momentos más fascinantes de la TV en este año.

Siguiendo la línea de las otras series de Marvel en Netflix (Jessica Jones y Daredevil, que tuvo una segunda temporada decepcionante en este 2016), Luke Cage opta por una mirada más callejera y ciudadana al género de los superhéroes, con un protagonista que lentamente va descubriendo el deber con su comunidad y la importancia de su rol en la sociedad. No todos sus momentos funcionan, pero cuando su concepto opera a toda máquina, Luke Cage es tan imparable como el personaje del mismo nombre.

You're The Worst

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Es una tragedia que una de las comedias más inteligentes, divertidas y profundas de la televisión actual no sea emitida en Chile, pero qué se le va a hacer. You're The Worst comenzó hace 3 años definiéndose a sí misma como una 'anti-comedia romántica', una especie de mirada más realista a los altos y bajos de las relaciones sentimentales, con dos protagonistas frecuentemente detestables que intentan hacer funcionar lo suyo pese a evidentes traumas con el compromiso y la adultez.

Al igual que BoJack Horseman (una serie con la que comparte este espíritu de ridiculez y melancolía simultánea), You're The Worst se convirtió en algo mucho más grande que eso. Tomando como punto de partida la honesta encarnación de la depresión que exhibió en su segunda temporada, la serie siguió a sus protagonistas mientras intentan hacer serios cambios en su forma de afrontar la vida, jugando con la idea de tener una relación más abierta y comprometida. Por supuesto, siguiendo la misión 'realista' de su premisa, el cambio no viene fácil, y en este ciclo You're The Worst se enfocó en como los avances que conseguimos en nuestras vidas muchas veces vienen acompañados de brutales retrocesos.

Nuevamente, al igual que BoJack Horseman, You're The Worst sería una serie insoportablemente cruel si no fuese además una de las más divertidas en la pantalla chica, con un diálogo natural y ocurrente que te invita a querer a sus personajes incluso cuando caen en sus impulsos más repulsivos. Sin perder nunca el horizonte, la conclusión de la temporada fue emocionalmente devastadora, recalcando una vez más que cambiar nuestras conductas más dañinas es más fácil en papel que en la práctica. 

Atlanta

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Donald Glover, más conocido por su rol protagónico en la comedia de culto Community, llevaba años dando vueltas por el mundo del espectáculo mostrando un nivel de promesa que algunos atentos sabíamos que alcanzaría algún día. Esta consolidación vino este año con la sorprendente Atlanta, una de las series más inesperadas de este 2016 y fácilmente una de las mejores.

Descrita por el comediante, que además la escribe y protagoniza, como 'Twin Peaks con raperos', Atlanta es una bestia difícil de describir. La serie se centra dos primos de raza negra que se mueven por la escena hip hop de la ciudad titular, pero al final la premisa es un punto de partida para zambullirse en la lucha de la comunidad afroamericana por ser respetada y reconocida en sus esfuerzos por un sistema que generalmente los hace sentir como si vivieran en estado de permanenta alienación.

Al igual que otros comediantes con visión autoral, Glover imbuye a Atlanta de un carácter casi somnoliento y surrealista, como si todo se tratase de una realidad paralela o el sueño de uno de sus protagonistas. Bizarra, sentida, escrita con ingenio y capaz de sacarte algunas de las carcajadas más profundas de este año, hay pocas series que se parezcan a lo que Atlanta consiguió con su imponente primera temporada. A ver con qué nos sale Glover para el segundo ciclo.

Westworld

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Hay una razón por la que dejo Westworld en el final de esta lista. Dejando de lado Game Of Thrones, que cuenta con la ventaja de seis temporadas y varios libros de construcción mitológica, hay pocas producciones televisivas que hayan generado más discusión en esta temporada que esta producción de HBO, desarrollada por Jonathan Nolan (el hermano de Christopher) y basada en la película de Michael Crichton del mismo nombre de 1973.

¿Por dónde empezar a hablar de Westworld? La serie transcurre en un parque de diversiones futurista ambientado como el Lejano Oeste, en donde multimillonarios pagan para vivir sus (frecuentemente macabras) fantasías de vaqueros, abusando y masacrando con una crueldad perturbadoramente casual a los androides que actúan como 'anfitriones' de este mundo, y que todos los días se resetean para volver a vivir el mismo día una y otra vez, en el cual generalmente terminan violados, mutilados o algo aún peor. 

El problema, claro está, viene cuando algunos androides empiezan a exhibir un nivel de auto-conciencia peligrosamente parecido al humano, planteando preguntas incómodas sobre qué tan 'vivas' están estas creaciones artificiales cuya principal función es satisfacer las necesidades perversas de hombres de poder. Desde ahí, Westworld construye una narrativa retorcida y fascinante sobre la naturaleza de la conciencia, el determinismo, el libre albedrío, la ética y lo que define a la condición humana, tal como lo hacen las mejores historias de ciencia ficción. 

La primera temporada de Westworld no es perfecta: El hecho de que sea tan fácil adivinar a dónde va la cosa hace que los momentos en donde la serie trata de hacer tiempo sean algo frustrantes, mientras que la mayoría de sus giros son tan predecibles que estuvieron dando vuelta por internet mucho antes de su revelación. Algo irritante es también cuando la serie se olvida de sus mayores fortalezas y le da mayor cabida a una subtrama de intriga corporativa que es mucho menos interesante que sus preguntas iniciales.

Sin embargo, lo que hace bien, lo hace increíble: La serie tiene una estética atrapante, desde el vasto mundo fronterizo del parque en sí hasta la esterilidad futurista de los pasillos en donde se fabrican a los androides. Su mitología es rica y compleja, sugiriendo una historia vasta que, incluso cuando entiendes más o menos su dirección, hace que cada giro se sienta como parte necesaria de la historia y no como un intento desesperado por sorprenderte. Por otro lado, su temática que frecuentemente coquetea con la crueldad inherente del hombre y la necesidad de controlar todo en esta tierra es dolorosamente contingente.

Más impresionante aún es el reparto y sus actuaciones. Evan Rachel Wood por fin encuentra un rol digno de sus capacidades en Dolores, la androide que se encuentra misteriosamente vinculada a toda la historia y que parece esconder oscuros secretos en su viaje de descubrimiento personal. Pero Wood difícilmente está sola: El gigantesco Jeffrey Wright expresa melancolía profunda como un técnico encargado de la programación de los androides, mientras que Anthony Hopkins es predeciblemente fantástico como el maquiavélico creador del parque, un hombre perturbador y brillante que mantiene sus verdaderas intenciones bajo llave y cuyo rol final en la historia es una de las intrigas más deliciosas de la temporada. Mención honrosa para Ed Harris en el rol de un misterioso visitante del parque que parece disfrutar siendo el villano más cruel del lugar, pese a que (obvio) su pasado es más complicado de lo que inciialmente se sugiere.

Pese a cualquier falencia, Westworld triunfa como uno de los ideales de esta 'era dorada de la TV': Una serie inteligente, intrigante, profunda, magistral en su concepto y ejecución, adictiva y que promete ser uno de los grandes proyectos de la pantalla chica en los próximos años. No podemos esperar a que su segunda temporada se estrene a comienzos del 2018.

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