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Martes 2 de junio de 2015

Especial - 8 películas de suspenso que esconden a sus monstruos

Para qué asustarte de inmediato cuando te pueden hacer sufrir antes.

Imagen foto_00000021El verdadero horror viene de lo que no puedes ver, porque es ahí cuando tu mente repasa toda clase de posibilidades macabras. Steven Spielberg aprendió esta lección de manera dura cuando filmaba Tiburón, la película que lo cimentó como un peso pesado del cine.

¿Por qué? Resulta que el tiburón mecánico tamaño real que Spielberg mandó a construir para la cinta funcionaba cuando quería, por lo que el guión tuvo que ser reescrito para mostrar a la criatura lo menos posible. Lo que podría haber sido un desaste marcó un antes y un después en el cine de suspenso, manteniendo al público al borde de su asiento antes de que el tiburón hiciera su primera aparición real ¡A la hora y 20 minutos de película!

Desde entonces, el truco accidental de Spielberg se ha convertido en una clase maestra de construir expectación, repetida con éxito en varios clásicos y con menores dividendos en otras películas. A 40 años de Tiburón nos acordamos de algunas de las cintas que han mantenido a su monstruo entre las sombras por el mayor tiempo posible.

Alien (1979)Imagen foto_00000002

El clásico de horror cósmico con el que Ridley Scott debutó en el cine fue concebido como 'Tiburón en el espacio' y así se siente. La figura icónica de la violenta criatura titular de Alien hace olvidar que, en su primera película, el extraterrestre se demora casi una hora en aparecer (pero vaya aparición), y desde ahí la cámara de Scott solo nos ofrece vistazos rápidos del alien hasta los últimos minutos. Por supuesto, la masacre de los tripulantes del Nostromo se hace más tensa por no poder ver claramente la magnitud de su depredador.

La Cosa (1982)Imagen foto_00000004

Lo brillante de La Cosa de John Carpenter es que el director esconde a su monstruo a plena vista: El alienígena que sistemáticamente asesina a los habitantes de una base científica en la Antártica es capaz de tomar la forma de cualquier tejido orgánico que consuma, por lo que los únicos minutos en los que revela su grotesca forma real es entre transformaciones. Al igual que en Tiburón, su limitado tiempo en pantalla tuvo que ver, en parte, con motivos técnicos: La tecnología stop-motion con la que fue animada la monstruosidad (en especial en su última forma cerca del final de la película) no era lo suficientemente desarrollada como para usarla en exceso.

Jurassic Park (1993)Imagen foto_00000006

Locura ¿no? Si Jurassic Park estaba llena de dinosaurios, ese es todo el punto de la cinta. Sin embargo, piensen cuándo es la primera vez de la cinta en la que se puede ver al Tiranosaurio. Habiendo aprendido del manejo de tensión que él mismo popularizó con Tiburón, Steven Spielberg esconde al rey de los lagartos hasta cerca de la mitad de la cinta, provocando que el impacto de su revelación sea infinitamente memorable (¿Esa escena cuando ataca los jeeps? Cuesta soltar los dientes). Mismo asunto con los Velociraptores: Casi 3 cuartos de la película han transcurrido antes de que generen caos dentro del parque.

El Proyecto de La Bruja de Blair (1999)Imagen foto_00000008

Culpen a Actividad Paranormal por el hecho de que las películas de 'found footage' o cámara de mano se han vuelto un cliché en el cine de horror, pero en 1999 el realismo de El Proyecto De La Bruja de Blair te ponía realmente nervioso. Tres jóvenes entran a un bosque en búsqueda de la bruja titular, filmando todo en el camino como parte un proyecto universitario, concluyendo en (por supuesto) un desenlace horripilante. Lo más aterrador de todo es que el lente jamás nos muestra a la fuerza sobrenatural que tortura a los protagonistas, ni que es lo que específicamente les hace.

El Aro (2002)Imagen foto_00000010

Ya, El Aro (la versión norteamericana) es una cinta lenta que está un poco muy enamorada de su atmósfera como para atender sus inconsistencias y la falta de interés en algunos puntos clave. Sin embargo, cuando ya estás acostumbrado a su ritmo letárgico, la película te quita el piso en los últimos 10 minutos y revela al espectro detrás de los asesinatos relacionados con la misteriosa cinta de VHS que causa la muerte de todos los que la ven. Con solo una escena, la película popularizó la imagen de la niña japonesa de pesadilla en todo Occidente.

King Kong (2005)Imagen foto_00000012

Un caso que demuestra que esconder a tu monstruo no es el recurso más sabio cuando no tienes mucho más pasando en tu película. Peter Jackson se encontraba en la cima del mundo cuando dirigió King Kong, fresco de la trilogía de El Señor De Los Anillos, pero su remake del simio gigante es sobreproducido, letárgico y ridículamente largo (nada en comparación a esas últimas películas de El Hobbit, claro). King Kong aparece recién a la hora de película y comparte el resto de su tiempo en pantalla con dinosaurios y un desfile de bestias que solo existen porque en algo que había que gastar el presupuesto.

Cloverfield (2008)Imagen foto_00000014

50% Godzilla, 50% Bruja de Blair, Cloverfield le saca el máximo jugo a su acotado presupuesto (25 millones de dólares; la película de Ricky Ricón costó mucho más) al limitar la acción a la cámara de mano de los protagonistas, por lo que el monumental monstruo que arrasa con Nueva York no es visto claramente hasta bien entrada la cinta, y aun cuando aparece cuesta hacerlo caber en el cuadro.

Super 8 (2011)Imagen foto_00000016

Antes de encontrarse con la titánica tarea de revivir Star Wars (pero después de haber hecho lo mismo con Star Trek), J.J. Abrams dirigió Super 8, un homenaje explícito al cine clásico de Spielberg acerca de un grupo de niños que descubre que su pequeño pueblo es asechado por una peligrosa criatura de origen indeterminado. Por supuesto, el misterioso ser no hace su aparición hasta el clímax, pero lamentablemente la revelación no es tan emocionante como lo que vino antes.

Godzilla (2014)Imagen foto_00000018

Uno de los ejemplos más notorios de la 'técnica Tiburón' en el último tiempo, mucho se habló sobre los pocos minutos de pantalla que el gran lagarto japonés tuvo en su remake del año pasado. El problema en sí no fue que Godzilla no apareciera hasta pasada la hora de película (de hecho, una vez que lo hace, el imponente diseño de la criatura te quita el habla), sino que sus enemigos (un par de bichos mutantes que son el cruce entre una mantis religiosa y Depredador) tienen mucho más protagonismo y no le importan a nadie. Los humanos también son una tropa de tarados que hacen insufrible cada segundo que Godzilla pasaba fuera de pantalla.

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