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Jueves 13 de octubre de 2016

Columna de Alfredo Lewin - Bob Dylan: "No lo pienses dos veces, está bien"

Una reflexión del conductor de Mundo Sonar y el Radiotransmisor sobre el viejo trovador y su merecido Nobel.

Por Alfredo Lewin

Recuerdo estar sentado en un sillón, una tarde de verano a principios de los 80. Tendría unos once años. Escuchaba a mi tía “explicarme” una canción. Ella no leía mucho -y si lo hizo, fue principal (y exclusivamente) toda la obra de Agatha Christie- pero debe de haber escuchado en un momento a los que “sí leían”, porque me dijo un montón de cosas sobre los personajes de la canción esta. 

Incluso me dijo cosas (in)creíbles acerca de los acalorados y legendarios debates entre los poetas Ezra Pound y TS Eliot. Esta no era mi tía Olga en un día normal, por cierto,  sino una persona que levitaba por la calidad literaria de las canciones de un tal Bob Dylan. Y cuando pienso mucho sobre quién soy y por qué escribo estas cosas, hoy a propósito del Nobel de Literatura otorgado a Dylan, sé que estoy canalizando a esa persona. A mi tía le encantaba contarme las historias de las canciones que escuchábamos -de dónde venían, por que habían sido escritas y, sobre todo, cómo encajaban en su vida. Banda sonora para abandonar la tristeza, creo que decía ella (lo que de verdad es mentira porque yo re-arreglo mis recuerdos muy a gusto). 

Canciones para salvar una vida, pensaba yo. Aún lo hago. A mi Don’t Think Twice (It’s All Right) llegó a ayudarme como un salvavidas o flotador, y se la agradezco a Dylan, se la debo al viejo trovador. Pero a ella le correspondía Desolation Row.

Para mi tía Olga, sentada ahí en ese día de verano en la terraza de una precaria cabaña (del tipo de aquellas desaparecidas por la construcción de lujosos condominios) en los bosques de Reñaca, la canción fue parte de una narrativa más larga. Inevitablemente se levantaba para poner Pink Floyd o Eric Clapton justo después de Desolation Row y fue su manera de darle continuidad a esos eslabones en su cadena de pensamiento (y asociaciones) que comenzaba con esta canción de Dylan. 

Para ella era una canción sobre la transición - llegando de hecho durante el propio período de transición de Dylan (de la acústica a la electricidad) y la conclusión inevitable para este razonamiento era Floyd, Dylan o Beatles del último período. Esto suena muy cronológico, pero creo que revela algo acerca de un cambio que mi tía experimentó. Ella fue testigo de primera mano (tal como la madre de un buen amigo aquí en la radio) de un período que vio a la música rock evolucionar a partir de algo que era típico de "las chicas, las guitarras y el pelo con gomina" a algo que podría fusionar la poesía y ritmo en una forma más poderosa de expresión literaria. 

Dylan se basó en el folk y las tradiciones literarias de narrativas muy personales, y fundió esas cosas con su propio sonido y el vuelo de la poesía. El resultado cambió la música rock para siempre, y nos dio una figura de la talla de Shakespeare o James Joyce tal vez. Por eso no es de extrañar, entonces, que esta mujer que fue una especie de “mamadre” para mi—doctora ginecóloga, empedernida solterona que amaba la música y la narración que contenía - fuera cautivada por estas cosas. Y así su transición musical de Dylan a Clapton nunca me sorprendió, ni tampoco las historias que invariablemente pasaban de "lo que Dylan quería decir" a "lo que esto significa para mi vida." 

Todavía no estoy seguro de que podría darle sentido de narrativa coherente a ese larguísimo callejón musical llamado Desolation Row, aunque ahora si estoy muy bien informado de sus personajes y alusiones a la cultura literaria y popular. Lo que es particularmente hermoso para mí, sin embargo, es que cuando conocí a estos personajes  -fuese en la Dinamarca o la Venecia de Shakespeare - mi tía y yo teníamos amigos en común. Y no solamente era Agatha Christie, eran aquellos citados por Dylan, Bette Davis, Romeo, Noé, Ofelia, Robin Hood y el Fantasma  de la Opera. Aparte de esa incómoda proclama que te obligaba a ponerte de un lado u otro, o el de Elliot o el de Pound. 

Complicado ¿no?

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