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Viernes 30 de octubre de 2015

Columna: A 20 años de Different Class de Pulp

Un repaso al disco que cambió al britpop y consolidó a Pulp como una fuerza sobrenatural.

Imagen foto_00000011Entre las múltiples fortalezas que tiene Jarvis Cocker, probablemente ninguna sea tan importante para su carrera como su perseverancia. Para poner las cosas en perspectiva: Los Beatles estuvieron juntos 10 años antes de implosionar de manera gloriosa, The Velvet Underground solo 5, Pink Floyd alcanzó a tener a Roger Waters poco más de 15 años entre sus filas y Led Zeppelin conquistó el planeta y luego sucumbió a sus excesos en tan solo 12 años. Por su parte, tuvieron que pasar casi 2 décadas para que Pulp alcanzara por fin la fama, y Cocker fue el único miembro constante durante todo ese suplicio que implica intentar vivir de la música. Sin embargo, otra cualidad invaluable del británico es su capacidad de evolucionar, y cada fracaso crítico y comercial de Pulp solo fue un paso más hacia su obra maestra. Esa obra maestra cumple 20 años hoy.

Mientras Blur y Oasis estaban muy ocupados comparando genitales (metafóricamente) en la llamada ‘Guerra del Britpop’, Pulp irrumpió en la escena y la trascendió inmediatamente con un disco que tenía demasiadas cosas en la cabeza como para verse envuelto en competencias inter-musicales. Oasis tenía la bravura, Blur la melancolía existencial, pero Different Class tenía un sentimiento aún más hondo: Rabia y decepción, pura y profunda, acumulada tras años de ninguneo sistemático. El hecho de que Cocker y compañía lo hayan vendido como un disco de fiestas es el mayor golpe de todos.

His n’ Hers en 1994 ya había revelado a Pulp como una banda pop encubierta, con Cocker asumiendo el rol de un observador de la clase media británica, pero Different Class es un salto impresionante para una banda que solo 5 años antes parecía no tener rumbo. Buena parte de su triunfo tiene que ver con su declaración de principios en código binario: Pobres contra ricos, rechazados contra populares, en fin, nosotros contra ellos. A diferencia de miles de otros trabajos de ficción similares, el llamado de Pulp se sentía personal: El disco exigía justicia social para las clases bajas, para los marginados sociales, para los inadaptados y la 'gente común', de la misma manera en la que Pulp exigía la fama que se le había negado por tanto tiempo.

El mensaje queda claro en los primeros acordes de la primera canción, Mis-Shapes: “No nos vemos como tú/No hacemos las mismas cosas que tú/Pero también vivimos aquí”, entona Cocker con un dejo de desdén, para rematar con unrefrán amenazador: “Queremos las cosas que nos han prohibido”. La división entre los marginados e impopulares y las personas de poder es el tema ancla de Different Class, y se repite en la mayoría de las canciones: Pencil Skirt celebra acostarse con las frustradas mujeres de la clase alta, I Spy es tan voyerista como su título lo implica mientras que Monday Morning es un lamento dirigido a la inescapable rutina de la clase trabajadora.

Sin embargo, el interés de Pulp, y particularmente del ojo cada vez más desarrollado de Cocker, iba más allá de conflictos de clase (aunque obviamente los consideraba). Different Class es sobre las cosas que nos unen y nos dividen como seres humanos: El dinero, el poder, el sexo, las drogas, la edad. Tomen por ejemplo Disco 2000, uno de los dos grandes himnos extraídos del disco, cuyo riff propulsivo y ritmo bailable musicalizan el nostálgico recuento de una amistad (y amor platónico) separada por el tiempo. El tono de Cocker no es antagónico ni seductor, dos de sus botones más recurrentes a lo largo del álbum, sino que extrañamente vulnerable, escondiendo una profunda tristeza en su coro triunfante.

Un tono similar sigue el segundo himno del disco, y la canción que transformó a Pulp en verdaderas megaestrellas, una cancioncita titulada Common People. No es de extrañar que el single se haya convertido en un hit instantáneo: Common People es el extraño tema que balancea una melodía pegajosa, un coro masivo y letras incisivas. Pero la canción alcanza tales niveles de éxtasis musical que es fácil ignorar que en el fondo es profundamente triste. Claro, hay algo de placer en la voz de Jarvis Cocker cuando pone en su lugar a una pretensiosa estudiante extranjera que glorifica la vida de la ‘gente común’, pero frases como “nunca has fallado como la gente común” o “y bailan, beben y follan porque no hay nada más que hacer” revelan el corazón oscuro detrás de una vida de la cual no parece haber escapatoria.

Hace algunos párrafos describí a Different Class como un álbum fiestero y lo brillante es que sus pies nunca están muy lejos de la pista de baile. Desde His N’ Hers, Pulp se propuso encarnar el lado más pop del Britpop, y el resultado demuestra que el grupo es mucho más que Jarvis Cocker y algunos músicos de sesión. Los teclados de la gran Candida Doyle le dan un toque lúdico a incluso los temas más oscuros, Russell Senior aporta una necesaria dosis melodramática con su violín y las líneas de guitarra de Mark Webber son simples pero generalmente sostienen las canciones. Por su parte, Steve Mackey y Nick Banks son una de las secciones rítmicas más subvaloradas de los momentos.

De todos modos, es imposible no deshacerse en la figura de Jarvis Cocker. Pocos frontman han sido más capaces de canalizar las ideas de su banda en un personaje: Irónico, perspicaz e ilustrado (el vocabulario de sus letras es uno de los grandes placeres de Pulp), pero además seductor, enfadado, vulnerable y optimista al mismo tiempo. La cantidad de tonos que aborda en Different Class es exhaustiva, desde la atípicamente romántica Something’s Changed hasta el manifiesto ideológico de Common People y la angustia sexual de Underwear. Es David Bowie Y Leonard Cohen al mismo tiempo.

Para un disco de fuerzas opuestas, frustraciones, amenazas y decepciones, Different Class termina en una nota extrañamente optimista. Bar Italia es la nota agridulce después de la fiesta, cuando el alcohol está abandonando tu cuerpo y tu cabeza lentamente toma conciencia de que ya es otro día y tus problemas, para bien o para mal, siguen ahí. Pero ahora ya no hay lucha, sino que comunión: “Salgamos de aquí antes que nos digan que hemos muerto”, entona Cocker, para concluir minutos más tarde con “Vayamos a donde todas las otras personas quebradas van”.

Son frases desgarradoras, sí, pero en forma de invitación. Al final del día ¿Qué nos queda? La esperanza de que no estamos solos en nuestras frustaciones; Perseverar, de la misma manera que lo hizo Cocker durante 17 años antes de que su banda obtuviera el reconocimiento que merecía. Pulp firma la contraportada de Different Class con un mensaje decidor y que pone el álbum en una nueva luz: “No queremos problemas, solo queremos el derecho a ser diferentes”. Amén a eso.

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