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Viernes 18 de noviembre de 2016

A 25 años de Achtung Baby: One y la canción más importante de U2

Celebramos la obra maestra de los irlandeses recordando la historia del tema que los salvó.

Por Ignacio De La Maza

Bono ha confesado en varias ocasiones que los fanáticos se le acercan a contarle cómo One fue su canción de matrimonio. La respuesta del cantante, como le confesó a Neil McCormick en el 2006, es siempre la misma: “¿Estás loco? ¡Esa canción es sobre separarse!”. Esa frustración, que ha sido replicada por los otros miembros de U2 en numerosas entrevistas, es entendible. Después de todo, One debe ser el himno más reconocido en un catálogo lleno de himnos. Sin embargo, One no fue pensada de esa manera. El dolor y resentimiento profundo del tema, que durante décadas ha sido interpretado como una oda al amor incondicional, refleja su origen como una canción fracturada que la banda jamás se imaginó que se convertiría en una canción de estadios. Y eso que U2 casi solo opera sobre la base de cuántas personas escucharán su música (no recordemos el incidente con iPhone hace un par de años).

Existe toda una narrativa alrededor de Achtung Baby, la obra maestra con la que los irlandeses se reinventaron en 1991. Esa narrativa dice que el álbum fue la respuesta de Bono y compañía a la fama que habían acumulado en los años 80; Que fue un reseteo de todo lo que se conocía sobre ellos hasta el momento; Que viajaron a Berlín a empaparse del cambio que trajo la caída del muro y a grabar en el mismo estudio en el que David Bowie hizo su afamado “Heroes” en 1977. Todo eso es verdad, pero generalmente esa mitología deja afuera la parte en la que ese proceso casi destruye a U2.

Recuentos en fuentes oficiales como la autobiografía U2 by U2 o el fantástico documental From The Sky Down (producido para celebrar los 20 años de Achtung Baby) detallan de manera algo más íntima lo que, lejos de ser una legendaria sesión creativa, fue el tenso enfrentamiento de una banda que sabía que tenía que cambiar pero simplemente no cómo hacerlo. Bono y el guitarrista The Edge estaban obsesionados con la música industrial y el euro-disco, e insistían que ese debía ser el próximo paso de la banda. Por otro lado, el bajista Adam Clayton y el baterista Larry Mullen Jr se rehusaban vehementemente a alejarse demasiado de la fórmula que por fin les había traído éxito en la segunda mitad de los 80. Lo que resultaba de esta pugna era una serie de ideas malformadas que difícilmente podían convertirse en canciones.

No solo eso: Mudarse a Berlín también fue un desastre. U2 realmente creía que se podría empapar de la energía creativa de una ciudad reunificada tras el fin de la Guerra Fría, además del lugar en donde algunos de sus ídolos habían grabado sus trabajos favoritos. Lo que encontraron a cambio fue una urbe fría y desoladora, devastada por años de división, perdida en un nuevo orden que no sabía cómo enfrentar y todavía desconfiada de sí misma. Los recuentos de los integrantes del grupo por esta época hacen sonar a Berlín como la ciudad más inhóspita de toda Europa.

Sin embargo, había un paralelo interesante, una especie de sinergia entre una ciudad aprendiendo a vivir en armonía y una banda extraviada en sus propias ideas, ambos inseguros sobre cómo proceder. Solo una canción salió formada de esas sesiones en el Hansa Studio de Berlín, y esa fue One, el tema que hizo ver a U2 el puente entre la honestidad grandilocuente de su período ochentero con los sonidos más experimentales que perseguirían durante la década de los 90.

Este contexto es importante porque ayuda a regresar al punto que hace Bono cuando le vienen a contar que One fue la canción con la que varios se comprometieron con su persona especial: “¡Es una canción de separación!”. Sí, lo es: Solo una repasada a las letras (probablemente las mejores que hayan salido del cantante) bastan para entender que el tema está lleno de resentimiento, dolor, resignación y desdén como para ser considerado convencionalmente romántico. Irónicamente, hay algo que Bono no admite (aunque probablemente sepa): One sí es, técnicamente, una canción de amor, solo que no en el sentido en que muchos la leen.

Como las mejores canciones de U2 (que, convengamos, tiene que ser el único grupo que puede decirse subvalorado pese a que ha vendido millones de copias), One contiene multitudes. El narrador, dolido y amargado, podría estar refiriéndose a un amante, a un miembro de la familia (la banda dijo en algún momento que se trata sobre un hijo contándole a su padre que tiene SIDA), a Dios y la religión (la imaginería religiosa es una de las más potentes que se hayan puesto en canción), a la ciudad de Berlín, incierta y gélida, o más probablemente, a la banda en sí. Es difícil leer el refrán más potente de la canción, “somos Uno, pero no somos lo mismo” y no pensar en las complejidades inherentes de las relaciones de pareja, esa en especial si la extrapolamos a un grupo musical que tiene que reconciliar las personalidades e ideas de 4 individuos.

Quizás no es amor per se, pero tampoco es separación. Quizás es simplemente la admisión de que cualquier relación interpersonal está sentenciada al conflicto, a la búsqueda eterna de hacer encajar dos o más partes en un todo y aun así reconocer la individualidad de cada una de las piezas. Es una canción acerca del quiebre, pero también de la reunificación. Es sobre la decepción y la rabia, pero también sobre la reconciliación. Es sobre admitir la derrota (‘No puedo estarme aferrando a ti si todo lo que tienes está dañado”) y también darse la oportunidad de intentarlo de nuevo ('Una vida entre nosotros; Hermanas, hermanos').

Es apropiado, entonces, que One haya nacido en el peor momento de la banda. Es apropiado que haya sido la primera canción escrita para un disco en donde iban a rechazar su fama y que después se haya convertido en un himno de estadios de todos modos. Es apropiado que gente la dedique, para bien o para mal, e incluso que se casen con esa línea de guitarra inolvidable de The Edge sonando de fondo. Es apropiado que, durante su visita a Chile en 1998, haya sido el tema que eligieron para hacer subir a las madres de los Detenidos Desaparecidos. Al igual que el Hallelujah del recientemente fallecido Leonard Cohen, One es una canción sobre las contradicciones inevitables del amor y el desamor. Sobre el daño que nos hacemos los seres humanos y la capacidad de perdonar ese daño. En este caso, también es sobre un grupo que se encontró a sí mismo cuando se vio enfrentado a estas mismas contradicciones. "El amor es un templo" dice la línea más devastadora de One, y ningún templo se construye de la noche a la mañana. 

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