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Miércoles 20 de julio de 2016

5 razones por las que deberías estar viendo Stranger Things

La sensación de Netflix toma prestadas un sinfín de referencias del horror y la ciencia ficción ochentera. También es de las mejores series del año.

Por Ignacio De La Maza

Un niño desaparecido bajo circunstancias misteriosas. 3 amigos empeñados en descubrir la verdad. Una madre segura de que su hijo perdido le está dejando enigmáticas pistas sobre su paradero. Un sheriff atormentado por su pasado que debe resolver el caso. Una enigmática niña escapando de un pasado oscuro y con posibles poderes especiales. La posibilidad de que una peligrosa criatura sobrenatural esté dando vueltas. Una adolescente dividida entre un chico malo y un nerd con corazón de oro. Una agencia del gobierno con intenciones siniestras y una gran conspiración que pretenden mantener oculta a toda costa.  

¿Les suena familiar? Por un lado, son elementos que se han visto recurrentemente en varias películas de horror y ciencia ficción. Por el otro, también son la base de la trama de Stranger Things, el más reciente hit de Netflix. Desde el estreno de su primera temporada, la serie de los Duffer Brothers ha estado creciendo gracias al boca en boca, con varios destacándola como una de las mejores producciones del año (incluyendo nosotros). Después de haber visto los 8 capítulos de su primer ciclo, es difícil argumentar lo contrario.

Stranger Things es una bestia extraña: Una serie que parece haber canibalizado elementos de múltiples producciones pero que se siente como algo único ¿Vale la pena? ¿Debes creerle al hype? Aquí te contamos por qué podría ser tu próxima obsesión.

Es una  de las mejores cartas de amor al cine de ciencia ficción de los años 80 (y a Steven Spielberg)

Stranger Things no es una serie preocupada de ofrecer reflexiones acerca la vida en el 2016 o revelar verdades escondidas sobre la condición humana. La verdad, eso no podría importar menos. El cariño que los Duffer Brothers ponen en cada capítulo, desde la creación detallada del pueblito ficticio en donde se desarrolla la historia (y sus habitantes) hasta la vestimenta, las referencias a la cultura pop de la época y la incorporación del espectro de la Guerra Fría y la paranoia propia de la era Reagan, hacen de Stranger Things uno de los homenajes más sentidos al cine ochentero.

Es evidente que los hermanos idolatran la época que están abordando, en especial la ciencia ficción propia de la era. Eso nos lleva inevitablemente a Spielberg, el hombre que básicamente sentó las bases de cómo se veía y se comportaba el género en los 80 gracias a cintas como Encuentros Cercanos del Tercer Tipo y ET. Al igual que lo mejor del gran director durante esa década, Stranger Things mezcla espectáculo escapista (monstruos, romance adolescente, una gran conspiración y un misterio sobrenatural) con un corazón palpitante, ese que te hace caer rendido ante la historia y su amplio y querible reparto de personajes. Más importante aún, los Duffer Brothers tienen un manejo tan experto de esta nostalgia que la hacen irresistible tanto para quienes vivieron los 80 en persona como para nuevas generaciones que se han familiarizado con su cultura pop por segunda mano.

Te invita constantemente a notar sus múltiples influencias

He aquí un juego: Júntate con tus amigos a ver la primera temporada de Stranger Things y toma un shot cada vez que alguien note alguna referencia a otro trabajo cinematográfico o literario. No hay forma más fácil de emborracharse viendo Netflix.

Para ayudarlos, he aquí una breve lista de obras que Stranger Things cita como influencia directa o indirecta: Encuentros Cercanos Del Tercer Tipo, E.T, Tiburón, Poltergeist, Cuenta Conmigo, IT, Starman, La Cosa, Halloween, Alien, Carrie, Los Goonies, Scanners, Depredador, Minority Report,  (porque no todas son alusiones al Spielberg de antaño), Under The Skin (porque no todas las alusiones son ochenteras) y Dreamcatcher (porque no todas las alusiones son al Stephen King bueno), entre muchas otras más.

Todo esto podría hacer sonar como que Stranger Things no tiene ideas originales, pero parte de su encanto es la forma en la que sintetiza sus múltiples influencias en algo propio. Spielberg, Stephen King, Richard Donner y John Carpenter son los santos patronos de esta historia, pero los Duffer Brothers destilan su reverencia por los grandes maestros en un cuento que es indudablemente suyo.

La banda sonora es impecable (tanto el score original como las canciones elegidas para el soundtrack)

Quizás el punto en donde  la influencia de John Carpenter se siente más clara: La fundamental banda sonora de sintetizadores que acompaña la acción de Stranger Things no puede evitar recordar al score que el propio Carpenter escribió para Halloween en 1977. Los sonidos sintéticos no solo representan OTRA referencia cinéfila de la serie, también ayudan a situarla como un producto que realmente quiere que notes sus raíces ochenteras. Y vaya que funciona.

De esta misma manera, la elección de canciones que aparecen recurrentemente a lo largo de la temporada son encantadoramente propias de su época: New Order, Toto, Foreigner, Echo & The Bunnymen, Modern English y un lugar especial para Should I Stay Or Should I Go de The Clash musicalizan momentos clave y arraigan Stranger Things definitivamente como una serie de los años 80 que encontró pantalla en el 2016.

Todo el reparto es sólido, pero su actriz principal es una verdadera revelación

Casi todos los actores que participan en Stranger Things están al tope de su juego, incluyendo un regreso triunfal de Winona Ryder (acusada por algunos críticos de sobreactuar su rol de madre perdiendo la cabeza ante la misteriosa desaparición de su hijo, pero cuya performance está absolutamente acorde a la acción que la rodea), David Harbour como el atormentado sheriff a cargo de resolver el misterio central, Natalia Dyer como una adolescente hormonal pero genuinamente inteligente y 4 niños que encarnan al grupo de amigos más entrañable que se haya visto en la pantalla chica durante el último tiempo.

Sin embargo, y con respeto a todos los que pusieron su máximo esfuerzo en llevar al ficticio pueblito de Indiana a la vida, Stranger Things le pertenece a Millie Bobby Brown, que con tan solo 12 años comanda la atención absoluta del público con su magnética interpretación como Eleven, una misteriosa niña que se topa con los amigos del desaparecido Will Byer y parece esconder un oscuro secreto. El personaje de Brown es de pocas palabras, por lo que la mayoría de los sentimientos y pensamientos de Eleven son transmitidos a través de expresiones faciales, desde sonrisas sugeridas a miradas escalofriantes, y la actriz clava cada dardo de una manera que supera casi humillantemente a colegas con 20 años de experiencia. Eleven es la mejor creación de los Duffer Brothers, un rol misterioso, conmovedor, trágico y aterrador al mismo tiempo, pero sería imposible concebir su éxito sin el compromiso absoluto de Brown. Acuérdense de ella, estará dando que hablar.

Por si no queda claro: Es una gran, gran producción televisiva

Todo lo que acabo de decir importaría poco y nada si es que Stranger Things terminara colapsando bajo su propio peso, pero nada podría estar más lejos de la realidad. Su primera temporada es un viaje exhilarante que funciona tanto como una fábrica de nostalgia como un misterio adictivo y un gran pedazo de ciencia ficción. Al final del octavo capítulo, los Duffer Brothers han creado una mitología propia, llena de detalles e ideas que sería un crimen que no pudiesen explorar en un nuevo ciclo (el cual todavía no ha sido confirmado).

Incluso en la era dorada de la televisión, hay pocas series que evidencien un amor tan grande por su material como Stranger Things. Su dirección es asegurada, su reparto magnífico, sus homenajes sentidos y su historia central lo suficientemente adictiva como para devorarla en un solo fin de semana. Habrá otras series que tengan más cosas que decir sobre la contingencia, el estado actual del mundo y las múltiples temáticas que agobian la existencia moderna. Stranger Things no es eso. Es un tributo a las posibilidades infinitas de la imaginación (de ayer y hoy), un homenaje a las mentes llenas de ideas y un recordatorio de que la ficción escapista no tiene por qué ser simplista. Cuando los créditos ruedan al final del octavo episodio, es imposible borrar la sonrisa que te deja haber visto una serie ser ejecutada con tanta maestría y cariño.  

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