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Lunes 21 de marzo de 2022

Del rock como estandarte al caos de las salidas: Reflexiones sobre el "nuevo" Lollapalooza Chile

Tras dos años seguidos sin festival por la pandemia del COVID-19, el evento hizo su debut en el Parque Bicentenario de Cerrillos.

Por Bastián García

Lollapalooza Chile cerró su primera edición tras dos años de ausencia por la pandemia del coronavirus. Si bien el festival celebraba una década desde su desembarco en nuestro país, quizás como el cierre de una etapa, las características de la vuelta terminaron funcionando como el inicio de otra. En este tiempo de para hubo cambio de recinto y por primera vez encontraríamos al evento en un nuevo lugar: el Parque Bicentenario de Cerrillos.

La casa

Es inevitable comparar un parque con el otro, pero aunque el Parque O'Higgins -que ya vive solo en nuestros recuerdos, como dice el meme de la anciana sobreviviente de la película "Titanic"- ganaba en metros cuadrados, el Parque Bicentenario de Cerrillos resultó un espacio aceptable para el tránsito de los asistentes. Expedito y sin grandes atochamientos al momento de trasladarse de un escenario a otro o de ocupar las zonas destinadas para el descanso.

Eso sí, si el parque se proyecta para el futuro cercano de Lollapalooza Chile, urge la inclusión de más árboles o áreas con sombra. Evitar en algo la tierra y el polvo puede ser más complicado.

La inevitable oleada urbana local

Inevitable como Thanos en "Endgame", el rap, el trap o cualquier género musical empaquetado como "urbano" es parte del ADN de Lollapalooza de los últimos 8 años cuando en Chicago actuaron Eminem y Outkast como cabezas de cartel. Desde allí pasaron J. Cole, Chance The Rapper o Post Malone -todos como números centrales- junto a un innumerable contingente de la nueva generación como Playboi Carti, Trippie Redd o Migos, solo por nombrar una pequeña porción de aquel catálogo.

Esa última camada tiene interpretación propia y local en Chile (también en Argentina). De ella se desprenden los Pablo Chill-e, los Marcianeke, los Polimá Westcoast o las Princesa Alba, varios de ellos, incluso, más multitudinarios que shows internacionales de mitad de lineup. Hay que aprender a convivir con ellos porque en sus nombres hay potencial de ídolos generacionales.

El rock vuelve a estar bien aspectado

Siempre hay quejas sobre la falta de guitarras en Lollapalooza Chile, sobre todo durante los últimos años donde hemos visto las guitarras en retroceso tanto en cantidad como en relevancia. Este 2022, tener a Foo Fighters y The Strokes como dos de los tres cabezas de cartel podría considerarse como una declaración de intenciones.

Independiente de esos nombres, la altura de los shows de Idles o Turnstile, más la participación de Alexisonfire y A Day to Remember, aseguraron calidad y fiabilidad. Y eso que en el camino se cayó Jane's Addiction, King Gizzard y Phoebe Bridgers.

La salida

Definitivamente la nota roja de la edición 2022 de Lollapalooza Chile. La estación de Metro Cerrillos colapsó las tres noches de festival. También la esquina de avenida Departamental con Pedro Aguirre Cerda. Este domingo, por ejemplo, ya había fila para entrar al tren subterráneo cuando al show de The Strokes le quedaban todavía largos minutos para el cierre. Y el embotellamiento que se genera en la pequeña reja de entrada para bajar por unas largas escaleras hasta las boleterías es potencialmente peligroso para la integridad física de los asistentes.

En lo que no respecta a la música, es el punto a mejorar para el ya confirmado festival en 2023.

Escucha también el análisis de Francisco Reinoso sobre la décima edición de Lollapalooza Chile en Sonar a la Una

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