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Jueves 22 de marzo de 2018

RESEÑA SONAR | Depeche Mode: Fe y devoción

A diferencia de varios de sus contemporáneos, la banda británica sigue vigente y lo dejó en claro con un concierto redondo en el Nacional.

Por Ignacio De La Maza

Qué frontman más magnético es Dave Gahan. Viéndose como una fusión entre Iggy Pop y John Waters (sí, es tan genial como suena), el vocalista de Depeche Mode no deja de dar piruetas, bailar, dirigir muecas cómplices al público y a agitar sus brazos como un conductor de orquesta. Su barítono sedoso y profundo no ha envejecido ni un solo día, y su presencia escénica sigue proyectando un hedonismo tan decadente como seductor. Hay una frescura eterna en su propuesta, la misma que habita en Depeche Mode en general y que hoy en el Estadio Nacional reafirmó su permanente vigencia.

En su show más grande en Chile, la banda británica conjuró un hechizo que mantuvo a los casi 60.000 asistentes en una especie de trance narcótico (en el mejor de los sentidos). El setlist, que repasó selecciones de toda su carrera, no fue un repaso de grandes éxitos, sino que un necesario resumen de las múltiples variaciones que Depeche Mode ha explorado en casi 40 años de carrera, poniendo el foco en la amplia gama de ideas que van desde el pop ochentero de ‘Everything Counts’ hasta la sinfonía sintética de ‘Home’, o desde la marcha cuasi industrial de ‘Never Let Me Down Again’ hasta el electro-gótico de ‘Precious’. La música de Depeche Mode siempre ha contenido multitudes, y su espectáculo en vivo se hace cargo de este cancionero fundamental que iniciaron en 1981, y aún así se da el lujo de dejar varias joyas afuera.

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Hablé sobre lo impactante que Gahan se mantiene en el escenario, pero el poder de Depeche Mode reside en la química de sus múltiples elementos más que en factores individuales. Como siempre, Martin L. Gore es tanto la mente maestra como el motor de la música del conjunto, sus líneas de guitarra y sintetizador siempre conteniendo un aparente sinfín de ideas incluso en las composiciones más engañosamente simples. Incluso cuando toma el micrófono, como lo hace en ‘Home’ y ‘Strangelove’, es capaz de proyectar tanto carisma y manejo de público como su compañero. Por su parte, Andy Fletcher sigue siendo un arma secreta, aportando cascadas de sintetizadores que le dan color a las canciones del grupo.

No deja de sorprender lo vital que suena Depeche Mode en pleno 2018, mientras la mayoría de sus contemporáneos ha tenido que aceptar a regañadientes su condición de acto nostálgico. No por nada la influencia de la banda es citada por actos tan diversos como Marilyn Manson, Arcade Fire y Kanye West. Y es que hay algo en el sonido de la banda y sus exploraciones perversas y cuidadosamente melodramáticas sobre el sexo, la política y la religión que los hace únicos dentro de la música electrónica. Básicamente son el blues de los sintetizadores: Su forma irá cambiando, pero el fondo de su propuesta es eterno. Canciones de fe y devoción, efectivamente.

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Tags: depeche mode