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Viernes 9 de agosto de 2019

RESEÑA | Once Upon A Time In Hollywood: Las ansiedades de Tarantino en su película más melancólica e indulgente

Extensa, personal y casi despojada de trama, la novena película del legendario director lleva sus preocupaciones sobre el pasado, presente y futuro a flor de piel.

Por Ignacio De La Maza

No es muy original ni particularmente ingenioso señalar que, técnicamente, todas las películas de Quentin Tarantino son sobre el cine y su historia. Pocos directores del mundo autoral del séptimo arte se atreven a llevar sus influencias tan a flor de piel, haciendo de incluso los esfuerzos más eclécticos del cineasta un festival caleidoscópico de referencias y homenajes, de ideas pasadas y filtros pop convertidos en algo nuevo, urgente y vibrante. Reducir el catálogo de Quentin Tarantino a sketches de violencia extrema y diálogos de cultura pop es ignorar quizás su cualidad más adictiva: Que el hombre quiere que sientas la misma pasión por la pantalla grande que él, como un niño mostrándote con los ojos brillosos sus juguetes de infancia.

En ‘Once Upon A Time In Hollywood’, el legendario cineasta ha convertido sus obsesiones y ansiedades, por primera vez, en algo explícito. Todas las películas de Tarantino son sobre el cine en sí, pero esta es la primera que LITERALMENTE se trata sobre cine. No cualquier cine, ojo: Como lo ha hecho a lo largo de su filmografía, ‘Once Upon…’ está peculiarmente interesada en hacer de apología a ciertas formas de filmes históricamente ninguneados por aquellos demasiado snobs como para reconocer su inherente arte, desde el western y las artes marciales hasta el cine de explotación y de clase B. Si el resultado es quizás la obra más indulgente que haya puesto Tarantino en filme, bueno, al menos jamás queda en duda de que el director está contándote un cuento que es de su absoluta devoción.

Pese a sus 2 horas y 40 minutos de duración, no hay mucha trama en ‘Once Upon A Time In Hollywood’. Los elementos básicos se mantienen por toda su extensión: Rick Dalton (Leonardo DiCaprio, nuevamente fantástico y encontrando múltiples dimensiones en un personaje que podría haber sido caricatura) es una ex estrella de westerns televisivos que se pilla a finales de los años 60s con una carrera actoral en decadencia y con terror a su propia irrelevancia. Su única compañía es Cliff Booth (Brad Pitt, haciendo de Brad Pitt), su eterno y leal doble de acción, quien a falta de trabajos se ha convertido en su asistente personal y confidente. Sus historias no avanzan mucho ni presentan giros muy sorprendentes, con Tarantino prefiriendo sumergirse en la embriagadora postal eterna que diseñó como tributo al Hollywood de a finales de los años 60, una época en donde el propio director solo tenía 6 años y, por lo tanto, recrea en base a recuerdos difuminados y a veces letárgicos del cine y la TV de su infancia, lo que le da a los procedimientos de la cinta un tono casual y etéreo, casi como un cuento de hadas (no por nada la película se llama como se llama).

Entre medio, por supuesto, está la figura despampanante, encantadora y algo macabra de Sharon Tate (Margot Robbie, genial en los momentos precisos pero con poco que hacer en esta película), casi como un recuerdo de que esta fantasía de una era ‘clásica’ de Hollywood no solo tuvo un final metafórico luego de que una generación más irreverente de actores y cineastas llegaran a cambiar la forma de hacer películas, sino que además llegó a una conclusión literalmente brutal y sanguinaria, un elemento acentuado por las apariciones recurrentes de miembros de la familia Manson (en donde la joven Margaret Qualley se roba la película) que sugieren de forma constante que los ‘viejos buenos tiempos’ están dando pie a algo más siniestro. Por supuesto, esta historia infame dentro del imaginario de Hollywood es reconfigurada por Tarantino de formas un tanto sorpresivas, aunque la naturaleza de cómo lo hace es mejor no revelarlo. 

Todo esto hace de ‘Once Upon A Time In Hollywood’ una de las películas más obviamente personales de Tarantino: Es difícil no ver en la plegaria de Dalton la encarnación de los propios miedos del cineasta sobre los cambios rápidos y radicales que sufre la industria del cine por estos días y el espectro de su propia irrelevancia. También hace de la cinta una de sus más inconsistentes e indulgentes: Más que una gran historia, los momentos menos satisfactorios de ‘Once Upon…’ se sienten como una serie de viñetas, a veces curiosas, a veces divertidas, frecuentemente melancólicas y un tanto redundantes. Ningún personaje sufre una evolución significativa durante las casi 3 horas de películas, y numerosas escenas parecen existir solo para dejarse sumergir en la fantástica puesta en escena y sus múltiples referencias y guiños al cine y la TV de los años 60s. Muchas secuencias descansan en la camaradería entre DiCaprio y Pitt, dos actores con un magnetismo casi imposible y cuya química salva los momentos menos interesantes de la película. La fotografía y los planos nunca dejan de ser maravillosos, pero como toda cinta de Tarantino post ‘Inglorious Basterds’ (2009), se extraña la edición más precisa y disciplinada de la fallecida montajista Sally Menke, quien hizo hasta de los esfuerzos más desordenados del director algo épico.

Puede que la falta de trama y desarrollo de personajes le pesen a algunos espectadores (esas 2 horas 40 se sienten), pero también es difícil dejar de pensar que hay algo intencional en la falta de rumbo de ‘Once Upon A Time In Hollywood’. Más que nunca, Tarantino está poniendo frente a la cámara sus reflexiones, pasiones y miedos más íntimos, y el resultado se siente casi como si estuviésemos accediendo a un documento privado en la cabeza de un maestro cronista del cine. Tarantino está buscando en un pasado que nunca vivió respuestas sobre su presente y su futuro…Y concluyendo, quizás, que esas respuestas no existen. Si bien la película no es particularmente dramática (e incluso se podría acusar de dramáticamente inerte a ratos), el explosivo desenlace de ‘Once Upon…’ termina revelando un sentimiento algo trágico: Tarantino nos está invitando a dejarnos llevar por lo pudo ser y no fue, a una adolescencia hollywoodense en donde las cosas eran más simples y parecía que la fiesta no terminaría nunca. En realidad, la fiesta terminó casi antes de empezar, y ‘Once Upon A Time In Hollywood’, por todas sus irreverencias e inconsistencias, adopta un tono de elegía ante esta dura verdad: Al final el tiempo nos atrapa a todos... Y como siempre, son pocos los que saben capturar algo tan macabro de forma más vibrante que Tarantino.

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