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Miércoles 9 de octubre de 2019

RESEÑA | 'Joker' no es la obra maestra que se creía ni el desastre ofensivo que has escuchado

La esperada película de cómics incluye una de las actuaciones más entregadas e implacables del gran Joaquin Phoenix, aunque tiene problemas para explorar realmente la psicología de su personaje.

Por Ignacio De La Maza

(Esta reseña incluye spoilers sobre 'Joker')

Si hay algo en lo que me gustaría creer que casi todos estamos de acuerdo, es que el fenómeno de ‘Joker’ ha sido agotador. La película lleva 1 semana en cartelera, pero la efusividad (tanto a favor como en contra) con la que se ha discutido la cinta en redes sociales da la impresión de que su tiempo en cines ha sido de meses. No habían salido las primeras reacciones sobre la cinta desde el Festival de Cine de Venecia a finales de agosto cuando comenzó a dar la impresión de que todos ya tenían una opinión formada sobre una película que no habían visto. Algunos juicios parecieran haberse mantenido incluso una vez después de haber visto la cinta. Solo así se explica que se hayan formulado algunas tesis delirantes como que la película presenta a un ‘Guasón millennial’ (¿Dónde? ¿En serio?) o que se trata de ‘un ejercicio de empatía’ (¿Qué?).

Y bueno, todo eso es para decir que aquí estamos, y probablemente todos los que queríamos ver ‘Joker’ ya la vimos, aunque difícilmente lo hicimos con la mente limpia. Tantas semanas de conversaciones sobre la supuesta ‘violencia incel’ o la ‘psicología profunda’ de la cinta informaron inevitablemente la forma en la que cualquiera de nosotros la enfrentó una vez sentados en la sala oscura. Ahora que ya podemos hablar de ‘Joker’ con conocimiento de causa ¿Qué queda por decir?

Bueno, para comenzar (ahora sí), quizás lo más obvio es que ‘Joker’ no es la obra maestra que sus más fervientes admiradores han declarado ni el desastre ofensivo que sus detractores acusan.  Al igual que su personaje principal, el enemigo eterno de Batman, está llena de momentos de genialidad que se balancean con ideas pedestres, situaciones atrapantes que se funden con pasajes repetitivos  y momentos de genuinas interrogantes sobre salud mental, contexto y determinismo que se diluyen con reflexiones simplistas de psicología pop.

Primero lo bueno: Joaquin Phoenix es espectacular, magnético y repulsivo como Arthur Fleck, el hombre evidentemente perturbado que se convierte en el Guasón tras estallar luego de una vida de abusos. Phoenix parece tomar referencia de 2 de sus mejores películas de esta década para armar al inestable personaje: Su volátil (y también propenso a risas nerviosas) veterano de guerra en ‘The Master’ (2011) y el asesino brutal, violento y mentalmente frágil de la criminalmente subvalorada ‘You Were Never Really Here’ (2018). Incluso poniéndose en la piel de un villano que ha sido interpretado de forma icónica en numerosas ocasiones, su actuación resiste comparaciones con otros Guasones: El suyo es una bomba de tiempo, una bestia enjaulada que, incluso cuando lo vemos por primera vez, parece estar ad portas de hacer algo genuinamente horrible, y en las 2 horas de cinta es casi imposible despegar los ojos de él.

Ahora: Si tan solo el guion acompañara su performance como se lo merece. El director Todd Phillips tenía intenciones admirables con ‘Joker’: Escabullir una cinta de autor y psicológicamente profunda en medio del circuito del cine de superhéroes, logrando que un gran estudio le financiara una película que, de no ser porque está basada en una valiosa propiedad intelectual de cómics, jamás habría recibido semejante apoyo de la industria. Sin embargo, no hay nada en la carrera de Phillips (más conocido por dirigir la trilogía ‘¿Qué Pasó Ayer?’ y la subvalorada comedia ‘Old School’), que sugiera que tiene dotes autorales o un entendimiento sutil sobre la psicología de sus personajes, y ‘Joker’ termina sintiéndose como un curioso híbrido entre un formalismo controlado que no se condice con la relativa simpleza de su fondo.

Quizás el mayor problema de ‘Joker’ es que la película jamás interroga a Arthur por sus acciones. Sí, desde el primer segundo se sugiere que hay algo que anda muy, pero muy mal dentro de su cabeza, pero Phillips parece incapaz de decidirse si su transformación en el Guasón se debe a su historial de problemas mentales o si Arthur es víctima de una sociedad indiferente y desigual cuya crueldad lo empuja hacia el abismo. Quizás en otras manos esa incertidumbre habría sido la gran tensión de la película, pero Phillips deja poco espacio para las ambigüedades que han hecho históricamente del Guasón un personaje tan fascinante. En ese sentido, ahí sí que es imposible no extrañar la visión de Christopher Nolan sobre el payaso, la cual se burlaba de la sola noción de que hubiese una explicación concreta detrás de su actuar.

Lo decepcionante de todo esto es que ‘Joker’ pone la mayoría de la responsabilidad de las decisiones de Arthur en otros, lo que psicológicamente ayuda a alejarte del personaje en vez de darle mayor entendimiento. Pese a que la campaña promocional sugirió que ‘Joker’ se movería en una ambigüedad moral que incomodaría a la audiencia, al final el personaje queda establecido de forma casi inequívoca como un antihéroe folclórico, dejando atrás los matices de su inherente monstruosidad (y haciéndolo menos fascinante de paso). Es difícil compartir la opinión de que la caída de Arthur es una tragedia cuando el guion jamás le da la opción de que sea de otra manera. Es así como Phillips hace del Guasón algo que jamás debería estar asociado con el personaje: Ser predecible.

Las referencias cinematográficas que tanto precedieron la reputación de ‘Joker’ antes de su estreno también han sido algo exageradas. Sí, el espectro de ‘The King Of Comedy’ y ‘Taxi Driver’ es evidente, pero al igual que la psicología de Arthur, rara vez son exploradas con mayor profundidad que guiños evidentes (maldita sea, Robert De Niro interpreta a un presentador de Late Show con el que Arthur está obsesionado). Por su parte, la comentada referencia a ‘Tiempos Modernos’ de Charles Chaplin es literalmente una inclusión de una secuencia de dicha cinta. Finalmente, ‘Joker’ no comparte la sutileza dramática ni la genuina profundidad emocional de ninguna de esas películas.

Independiente de todo esto (y sé que pasé 4 párrafos quejándome), lo cierto es que ‘Joker’ no es una mala película. Phoenix levanta todos los procedimientos de una forma sobrehumana, está bien actuada y eficientemente e dirigida, y tiene algunas secuencias de genuina ambición que rara vez se ven en el cine de cómics. De hecho, es difícil no apreciar que Phillips, en medio de una industria que glorifica el espectáculo explosivo y grandilocuente, haya logrado convencer a Warner de hacer una película íntima, contenida, sucia y violenta. El solo fenómeno de que la cinta haya generado reacciones tan apasionadas como dispares da esperanza sobre un futuro en donde estudios de personaje de mediano presupuesto vuelvan a cautivar al público masivo (con o sin la ayuda de un personaje de cómic), y tener a medio mundo conversando entusiasmadamente sobre cine nunca será algo malo. Es precisamente por todo lo que ‘Joker’ hace bien que cuesta no desear que hubiese sido mejor. En ese sentido, es como su personaje: En la permanente dicotomía entre atractivo y repulsión. Quizás es precisamente la película que el Guasón necesitaba, para bien y para mal.  

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Tags: Joker