Sonar FM

Descarga la app de Sonar FM

Click acá para ir directamente al contenido

Martes 13 de octubre de 2020

'Possessor' es la película de terror más asquerosa del último tiempo, pero también la más perturbadora

Brandon Cronenberg le hace justicia a su padre David con una cinta que combina cerebro con vísceras en una reflexión sobre la culpa, la identidad y la violencia.

Una advertencia: 'Possessor' no es para los de estómago sensible, ni para aquellos que se ven particularmente afectados por ver fluidos que deberían estar dentro del cuerpo humano corriendo a chorros por fuera de la piel. Sin hacer demasiados spoilers (aunque esta es una película a la que es mejor entrar virgen de conocimiento), durante su hora y media de duración se ven gráficamente actos de violencia física inimaginable, en donde extremidades, ojos y hasta dientes son removidos de sus lugares respectivos con un nivel de detalle que haría hasta el más impasible de los espectadores retorcerse en su asiento. De más está decir que 'Possessor' ha sido una especie de secreto a voces desde su estreno en Sundance, con rumores acerca de su brutalidad que hizo que espectadores abandonaran corriendo la sala de exhibición. 

Ahora: Todo eso es cierto, pero la conversación sobre su violencia puede hacerle flacos favores a 'Possessor', que es también una de las películas de terror más cerebrales y psicológicas del último tiempo. Poco es de extrañar que su director sea Brandon Cronenberg, hijo del mismísimo David Cronenberg, el cineasta canadiense que revolucionó al cine con sus exploraciones de degradación física y mental en la gran pantalla. Al igual que clásicos de su padre como 'Videodrome', 'Scanners' o 'La Mosca', Cronenberg hijo parece estar obsesionado con la relación entre cuerpo y mente, y las formas terribles en las que la tecnología les puede inflingir daño a ambos. 

También, al igual que su progenitor, Cronenberg evidencia un claro manejo de composición y atmósfera, incluso antes del primer derramamiento de sangre. La secuencia inicial de 'Possessor' es en sí una pequeña clase de cómo montar tensión, comenzando con una joven afroamericana (Gabrielle Graham) desde que se inserta lo que parece ser un cable auxiliar en la cabeza hasta su sanguinario asesinato de un magnate en una fiesta frente a todos los horrorizados asistentes. Pronto se revela la razón de este terrible acto de violencia: La joven estaba siendo controlada por Tasya (la camaleónica Andrea Riseborough), una asesina corporativa que se dedica a 'poseer' a personas cercanas a sus blancos para poder acceder directamente a ellos y eliminarlos sin dejar rastro de su involucramiento. Por supuesto que el asunto es más complicado de lo que suena: Tasya parece estar sufriendo daños psicológicos por su trabajo, necesitando ser interrogada después de cada 'sesión' para asegurarse que siga siendo consciente de su propia identidad, y aun así se ve al rato ensayando conversación casual que pretende tener con su marido e hijo, como si se tratase de otra actuación en una vida de roles asumidos. Más preocupante: Sus asesinatos son cada vez más innecesariamente violentos, e incluso después de cometerlos Tasya sigue siendo atormentada por visiones de sus actos más bestiales ¿Es repulsión o adicción lo que está sintiendo?

La trama eventualmente decanta en la misión de poseer a un desafectado trabajador de una compañía tecnológica (Christopher Abbott, una especie de Kit Harrington pero buen actor) para asesinar a su suegro (Sean Bean, de seguro contratado por el chiste interno de que su misión en pantalla es morir de forma espectacular), quien también es dueño de la empresa para la que trabaja. Desde ahí Cronenberg pone su foco casi netamente en la tensión de la perspectiva, montando una lucha psicológica entre perpetuador y víctima compartiendo un solo cuerpo en donde nunca está 100% claro quién es el que está detrás de cada acción. La experiencia resulta casi psicodélica a ratos, y la narrativa se vuelve ambiciosamente ambigüa a medida que 'Possessor' comienza a fusionar a sus personajes principales, sus motivaciones y decisiones, en una permanente batalla campal por el control. Y bueno, los crímenes también se vuelven más y más terribles, culminando con uno de los desenlaces más desafiantemente negros en el cine reciente. 

Eso sí, lo que hace que 'Possessor' se quede contigo no son los chorros de sangre, ni los dientes removidos, ni los ojos fuera de sus cuencas: Son las perturbadores preguntas que plantea para una época quizás demasiado pertinente. En una era en donde todos podemos relacionarnos a través de una pantalla y bajo identidades asumidas (no es difícil ver paralelos entre asesinatos por proxy y el uso de bots para fines nefarios), 'Possessor' ofrece una mirada nihilista sobre nuestro gusto por la violencia y lo fácil que nos podemos acostumbrar a la crueldad desmedida hacia otros cuando las consecuencias no nos caen directamente. Cronenberg parece querer que sientas el peso psicológico de cada arteria cortada y célula de piel perforada, una representación carnal y perversa de un tipo de maldad muy contemporánea, en donde ya ni siquiera nos tenemos que ver directamente enfrentados a la destrucción que podemos provocar. Sus ideas sobre la noción de identidad son igual de fascinantes ¿Es la violencia nuestra naturaleza innata o es un gusto adquirido una vez que somos capaces de suprimir nuestras consideraciones más basales? ¿Por qué comprometerse con una vida cuando la modernidad nos permite vivir varias al mismo tiempo? 

'Possessor' es oscura, densa, violenta y su sentido del humor (clave incluso en el cine más sombrío de David Cronenberg) es casi nulo, por lo que la experiencia de verla está lejos de ser disfrutable. Sin embargo, como el mejor horror, parece hablarle directamente al mundo que la vio nacer, y sus interrogaciones no son fáciles de responder. De todos modos, anuncia a Brandon Cronenberg como un talento a mirar... Pero también un tipo al que no querrías toparte en un callejón oscuro en mitad de la noche.

SEGUIR LEYENDO
Tags: horror