Sonar FM

Descarga la app de Sonar FM

Click acá para ir directamente al contenido

Domingo 31 de marzo de 2019

Lollapalooza 2019 | St. Vincent: Sin miedo al futuro

Parada sola en el escenario, Annie Clark demostró ser de las artistas más ambiciosas y conceptuales trabajando en la actualidad.

Por Ignacio De La Maza

Detrás de todas sus transformaciones, la música de St. Vincent ha estado obsesionada con el concepto de la cotidianeidad como un acto teatral. Básicamente, que todas y cada una de nuestras acciones son una performance, un ejercicio de actuación al que recurrimos para presentarnos ante los otros y ante nosotros mismos. Estaba en los cuentos de dueñas de casa suburbanas temerosas de la opinión de los vecinos y en permanente estado narcótico de 'Actor' (2009), en la fantasía dictatorial de su álbum homónimo (2014) y en la sensualidad plástica de su más reciente trabajo, 'Masseduction' (2017). Por supuesto, también estuvo en su regreso a Lollapalooza, con lo que sin duda fue el espectáculo más extraño (y posiblemente genial) de este fin de semana.

Annie Clark, la mujer detrás de St. Vincent, se paró en el escenario vestida como dominatrix, quizás uno de los símbolos más claros de juego de roles al que se puede recurrir, acompañada solo por una gran pantalla (que emite imágenesde situaciones excéntricas y perturbadoras protagonizadas por la propia artista)  y sus múltiples guitarras eléctricas (todas diseñadas por ella misma). En un costado e invisible al público se encontraba su único otro recurso de la noche: Alguien manejando bases electrónicas sobre las que la artista interpretaba sus canciones.

Despojada del elemento más reconocible del rock (la banda de músicos), St. Vincent invitaba a entender su música precisamente como una performance: Un ejercicio artificial, calculado hasta en el más mínimo de los movimientos. Y el resultado es un espectáculo brillante.

Clark es una artista carismática, pero en el escenario es St. Vincent, una mujer que te sonríe entre dientes como si fuese más una amenaza que un gesto cariñoso, y que te dice que "no importa lo que pase en el mundo, siempre habrá motivos para bailar" antes de lanzarse con una canción sobre la angustia existencial detrás de una sociedad conectada 24/7 y compitiendo por quién se puede mantener produciendo más contenido online por más tiempo seguido. Incluso su 'C-H-I' parece un comentario sobre lo populista del gesto más que algo espontáneo, y ese es probablemente el punto.

Por supuesto, el hecho de estar sola frente al público solo lleva la atención más aún a lo insólitamente talentosa que es Clark, una guitarrista que entiende que el virtuosismo debe estar en servicio de la textura de una canción y no visceversa. Sus solos en 'Marrow', 'Pills', 'Birth In Reverse' y 'Savior' son salvajes y aventurados, mientras que su voz es capaz de pasar por múltiples estilos y tonos, desde un sardónico gemido hasta un falseto estremecedor. El reemplazo de una banda en vivo por sintetizadores ocultos y pedales de efectos le da a cada canción un espíritu contradictorio y genial, una fusión casi perfecta entre organismo y máquina.

De todos modos, al final lo de St. Vincent no es una burla, sino que una experiencia comunitaria: En el fondo, su punto es que todos estamos actuando ante un público en todo momento. En medio de sus historias de desesperación, decadencia, seducción y escapismo, hay una humanidad profunda y un corazón palpitante, que Clark apenas deja ver en 'New York', quizás su canción más vulnerable. Su última canción de la noche literalmente se traduce como 'miedo al futuro'. Con la ambición y destreza que mostró en Lollapalooza Chile, solo queda sentirse más emocionado por lo que viene. Al menos ella parece tenerlo claro.

SEGUIR LEYENDO