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Jueves 5 de marzo de 2020

ELLAS ADELANTE | Carrie Brownstein: La honestidad como sello personal

La fundadora de Sleater-Kinney. y comediante estadounidense es una de las artistas que admiramos y destacamos en nuestro especial previo al 8M.

Por María Fernanda Verdugo

Aunque para muchos el grunge comenzaba a morir de la mano del inesperado deceso de Kurt Cobain en 1994, Carrie Brownstein junto a Corin Tucker - quienes para ese entonces aún militaban en Excuse 17 y Heavens to Betsy - decidían armar lo propio y mantener un proyecto alterno que terminó convirtiéndose en uno de los mayores íconos de la escena alternativa de los 90 y 2000: Sleater-Kinney.

Acompañadas, desde 1997, por Janet Weiss, Brownstein y Tucker se desarrollaban a la par con el movimiento Riot Grrrl, espacio de militancia feminista que a través de fanzines y música abrían las puertas de la escena artística a las mujeres. En ese contexto de libertad, Brownstein se formaba como una de las mejores guitarristas de la historia - una de las más subvaloradas por cierto - siempre manteniendo su bajo perfil como un elemento fascinante de su imagen como artista.

La honestidad por delante

“Era la primera vez que alguien ponía en palabras mi sentimiento de alienación. Ya había estado escuchando punk y a contadores de historias como Joe Strummer (The Clash) y Paul Weller (The Jam), pero escuchar a Bikini Kill era como tener a alguien iluminando mi mundo por primera vez. Había en ellas una narrativa en la que me podía situar, que podía compartir con otras personas para ayudarme a explicar cómo me sentía”, cuenta Brownstein en su libro de memorias 'Hunger makes me a modern girl'. Y es que la baja autoestima, timidez y el sentirse fuera de lugar constantemente fueron elementos claves en el desarrollo de la identidad artística de Brownstein. Sin embargo, esto no le impidió continuar con sus propios proyectos una vez que Sleater-Kinney decidió tomar un receso en 2006. La guitarrista tomó sus propios miedos para plasmarlos con honestidad como un sello a cada uno de sus nuevos planes.

Así fue como durante el hiato con Sleater-Kinney, Brownstein comenzó a desarrollar su carrera como comediante televisiva. Tras haber conocido al miembro de Saturday Night Live Fred Armisen, la artista comenzó a colaborar en una serie de sketches para internet desde 2005. Esa dupla terminó convirtiéndose en el cerebro detrás de Portlandia, una de las series de comedia más icónicas de la escena más independiente. En la producción, Brownstein aprovechó de llevar el feminismo hacia una faceta cómica, riéndose de los estereotipos del que seguramente muchas veces fue víctima.

Un par de meses antes de que Portlandia emitiera su primer episodio, Brownstein se unía a Mary Timony, Rebecca Cole Janet Weiss (miembros Sleater-Kinney, Helium y The Minders) para agregar un nuevo ítem a su lista de logros artísticos: formar parte de un nueva supergrupo Wild Flag. Luego que este proyecto durara solo cuatro años y alcanzara a lanzar un disco de estudio, la vida de Brownstein parecía alejarse del punk de antaño.

En una entrevista con Rolling Stone en 2014, la guitarrista se refirió a un posible regreso junto a Sleater-Kinney. "Podría pasar", comentó y agregó que "pero no soy alguien que se obsesiona con la nostalgia. No creo que el pasado fue mejor que este momento". Sin embargo, el tiempo le daríala razón y la banda terminaría concretando una histórica reunión.

Hora de regresar

El 2015 fue el año que marcó el punto de inflexión en la carrera de Brownstein. “Esta es la historia de las maneras en que creé un territorio, algo más que sólo un archipiélago de identidades, algo que pudiera sujetarme, un lugar al que pertenecer”, se puede leer en el primer capítulo de 'Hunger makes me a modern girl',autobiografía que lanzó ese mismo año.

El libro de memorias es un conmovedor y austero relato en el que Brownstein se sumerge en la filosofía punk que marcó su carrera musical. La artista ahonda además en su pasado personal, pero manteniendo reservados algunos capítulos de su vida como sus relaciones amorosas, de las que sólo menciona algunas historias como sus primeros besos con mujeres, dedicando algunas páginas a la relación que tuvo con Corin Tucker. “En las escenas punk de las que veníamos, la honestidad era algo equivalente, o más valioso, que el aspecto artístico”, escribe Brownstein.

El año de lanzamiento de su libro, vino acompañado además de la fructífera reunión de Sleater-Kinney: 10 años después de la publicación de su último disco 'The Woods', la banda regresaba con 'No Cities to Love', disco que, pese a haber mantenido a los fanáticos de la agrupación con la duda sobre si la esencia de la icónica agrupación se mantenía, nos demostraba que Sleater-Kinney nunca perdió la fuerza que siempre la caracterizó y podíamos seguir escuchando su rugido con fuerza.

“En vez de simplemente ir al estudio para documentar lo que habíamos compuesto, fuimos a explorar y encontrar la esencia de algo. A cavar más profundo”, contó Brownstein cuando fue consultada cuatro años más tarde sobre uno de los lanzamientos más sorpresivos de la banda: un disco producido por Annie Clark, artista que se mueve detrás del alias St Vincent como una de las más creativas y disruptivas de nuestra generación. Sin duda, uno de los mejores crossovers del último tiempo.

El resultado de ese trabajo colaborativo fue 'The Center Won't Hold', un disco que manteniendo el sello sonoro distintivo nos invita a disfrutar el caos y la derrota personal. Y es que aferrándose a la reinvención carente de miedo a la que Brownstein se ha sometido constantemente durante el tiempo, una vez más nos confirma que es de esas artistas para las que el género jamás fue un obstáculo para convertirse en ícono del rock.

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