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Martes 25 de agosto de 2020

De alguna manera, The Killers acaba de sacar uno de los mejores discos del 2020

'Imploding The Mirage' es el mejor trabajo de Brandon Flowers y compañía en más de una década.

¿Hay que tomarse en serio a The Killers? La pregunta parece ser pertinente porque de alguna manera refleja la tensión con la que el propio Brandon Flowers enfrenta a su banda. Por cada apelación a la solemnidad extrema y automitológica de U2 y Bruce Springsteen, Flowers se muestra igual de enamorado por la bohemia de neón de Duran Duran y The Soft Cell. Sus discos más lúdicos (Hot Fuss, Day & Age) tienden a ser inmediatamente seguidos por esfuerzos conscientemente 'serios' (Sam's Town, Battle Born). Maldita sea, incluso el hecho de que Flowers sea mormón Y una estrella pop suena a una contradicción irreconciliable ¿The Killers quiere salvar al mundo o hacerte mover las caderas? ¿Existe realmente alguna diferencia? ¿Importa?

'Imploding The Mirage', el nuevo disco de los oriundos de Las Vegas, puede ser fácilmente el primer trabajo de The Killers en trascender la discusión eterna sobre la banda. Es un álbum explosivo, solemne, ridículo, grandilocuente, pegajoso, ambicioso, ligero, que suena como a 20 influencias en una juguera y a su vez a nada de lo que puedas escuchar hoy en día. Por un lado Flowers (siempre el líder indiscutido del grupo, pero ahora con la ausencia del guitarrista Dave Keuning también el principal responsable de los momentos más memorables de cada canción) se está tomando más en serio que nunca, escupiendo metáforas inentendibles sobre paisajes americanos, revelaciones bíblicas y trascendencia emocional, pero frecuentemente es domado por las canciones más refinadas que su grupo haya puesto en cinta (impulsadas por esa arma secreta que es el baterista Ronnie Vannucci Jr). 

Las influencias siguen siendo claras (un poco de Springsteen aquí, un poco de Dire Straits allá, mucho Fleetwood Mac, un inesperado toque a The War On Drugs, cuyo líder Adam Granduciel toca en el álbum), pero el grupo rara vez ha sonado más confiado a la hora de combinar sus dispares impulsos. Canciones como 'My Own Soul's Warning' amenazan con caer bajo el peso de su propia ceremoniosidad antes de abrirse en un mar de sintetizadores con Vanucci pegándole a sus tambores como si no hubiese mañana y Flowers alcanzando los límites más altos de su registro. 'My God' recluta a la fantástica Natalie Mering de Weyes Blood para sonar como un coro completo de una sola persona, con una melodía que básicamente exige poner el puño en el cielo, mientras que el tema titular suena como si David Byrne y Jimmy Buffett fueran la misma persona (eso es bueno, por si acaso).

Desde 'Day & Age' que The Killers no sacaba un disco que se pudiese escuchar de comienzo a fin de forma tan fluida, ni uno que apelara de forma tan eficiente a sus fortalezas. A diferencia de 'Battle Born' con su intento demasiado desesperado de ser parte del canon americano, o 'Wonderful Wonderful' que descansaba en un par de singles y canciones olvidables, 'Imploding The Mirage' te recuerda por qué The Killers ha sido una compañía tan especial durante todos estos años: Nadie se atreve a verse más ridículos intentando ser la banda más grande del planeta. 

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Tags: The Killers