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Martes 29 de noviembre de 2016

RESEÑA | Alfredo Lewin y la última vez de Chris Cornell en Chile

Un don. Chris Cornell posee uno, una de las voces más extraordinariamente poderosas y expresivas en los anales del rock.

(Este artículo fue escrito en diciembre del 2016, en la última vez que Chris Cornell tocó en Chile. Lo conmemoramos en este aniversario de la muerte).

Cualquier preocupación de que un concierto que Chris Cornell ofrezca en un formato "tan de solista" -acompañado solo por una guitarra acústica- pudiera ser algo menos satisfactorio que ver al cantante en modo full eléctrico con Soundgarden, Audioslave o Temple of the Dog, se desvaneció este lunes por la noche en cuanto el norteamericano, de manera muy casual, se tomó el escenario del majestuoso Teatro Municipal de Santiago.

Cornell saludaba al público antes de tomar una de las varias guitarras acústicas que se desplegaban sobre el escenario y sus fans expresaron tal admiración y reverencia que probablemente la primera ovación que recibió fue antes de que tocase una nota siquiera. Un antecedente a tener en cuenta que refleja el fervor y la enorme expectativa de un público cautivo.

El legendario cantante y compositor de 52 años se subió al escenario del teatro pasadas las 9 de la noche para interpretar mas de 20 temas y en el trayecto supo mezclar hábilmente material de toda su carrera y entre estas composiciones aprovechó de charlar un poco con la multitud que se congregó para manifestarle su devoción a cada momento.

Casi como si estuviera en el living de su casa por momentos Cornell se sentía tan a placer que se prodigó con anécdotas de su infancia, e historias y del porque de algunas de las canciones que eligió para el repertorio de esta primera fecha. No obstante el tema de conversación principal fueron las canciones sobretodo cuando el púbico se animó a interactuar más, rompiendo el protocolo impuesto por un lugar de aires tan formales.

 

Chris hizo la primera de sus declaraciones comenzando con temas de su carrera en solitario, incluyendo varias de su último álbum Higher Truth y un guiño especial al Euphoria Morning via Can't Change Me. Mal que mal esta es la gira del disco que lo vio volver el año pasado y el tipo se siente a sus anchas interpretando canciones en las que de verdad cree, independiente que todavía no puedan ser consideradas clásicos (sobretodo considerando las dimensiones que tienen aquellas canciones de Soundgarden de mediados de los '90). Ahi brillaron la apertura de Before We Disappear, la romántica Josephine y más que ninguna Let Your Eyes Wander. Eso sin contar el cierre con el tema titular, Higher Truth y la inclusión de un tema de una banda sonora (13 Hours) llamado Til' The Sun Comes Back Around.

Aunque cualquiera de estas mismas canciones interpretadas en guitarra acústica. a falta de una mejor manera de decirlo, se convertían literalmente en power ballads no significaba que tornaran el show en algo plano o monótono. De hecho los temas le dieron a Cornell suficiente espacio para ejercitar sus músculos vocales y justamente aquí en lo de la expresividad de su voz es donde el tipo sabe moderar juiciosamente su registro más alto y raspado para conmover con la pasión intrínseca de aquellos momentos sublimes e intensos; momentos en que el publico respondía con una ovación producto de la admiración por la performance.

Aparte de los pedales de efectos para las guitarras y la voz (elementos que manipuló con maestría en Blow Up The Outside World) así mismo destacó en el escenario una simple tornamesa que usó para acompañar su emocionante versión de crooner trasnochado, "When I'm Down" dedicada a Eleven (o sea a Alain Johannes y en especia a Natasha Schneider).

Cornell nunca estuvo del todo quieto sobre el escenario, alternó entre caminar y sentarse en un taburete y en varias instancias llamó al músico Brian Gibson para añadir algo de textura a las canciones a través de piano al principio, mandolina en "Nearly Forget My Broken Heart" y mucho de violoncello (mal que mal los cellos la llevan, ¿o no?) Lo de este multi instrumentista invitado que añade una importante textura y peso a las canciones se agradeció, sobretodo cuando se proyecta un show largo con tan austera implementación escénica.

Obvio que Chris Cornell se aseguró en priorizar el territorio de Soundgarden con "Fell on Black Days", cuya versión despojada fue también muy bien recibida como la acústica "Rusty Cage", versión hecha en la vena de la versión country folk de Johnny Cash. Ahora bien, temas como "Blow up the Outside World", un punto altísimo del show, y "Black Hole Sun", quizás el éxito más grande de Soundgarden, sonaron increíblemente mucho mejor en este formato en solitario de Cornell 2016. Quizá si estas últimas fueron igualadas en pasión colectiva por el clásico de Temple of the Dog "Hunger Strike", un estándar de la era del grunge.

Al lado de esas joyas las citas a Audioslave palidecieron, aunque "I Am the Highway" y "Doesn't Remind Me" son los temas adecuados para rescatar de ese periodo. Llamó la atención que no incluyera temas de su segundo disco solista, Carry On pero como siempre ha sucedido lo que más intriga en las performances de Chris es la cuestión de que covers elige interpretar. Led Zeppelin fue invocado con Thank You, Prince con Nothing Compares to You, la melancólica versión de Billie Jean de Michael Jackson -probablemente su jugada más audaz a la fecha- no podía faltar. Y a esto agregamos que Cornell renovó "The Times They Are A-Changin (Again)" de Bob Dylan con nuevas letras, y luego alteró la canción de U2 (One) con las letras de la canción de Metallica del mismo nombre, creando una especie de mashup delirante. Aunque estas últimas instancias tampoco fueron tan afortunadas.

Cuando Cornell hizo la primera invocación de la noche a Temple of the Dog con Say Hello To Heaven el lugar entero se convirtió en un coro masivo que se escuchó en la sala amplificado luego con Hunger Strike y tras cartón con Seasons que hacia el final llegó como una magnifica sorpresa.

Un don. Chris Cornell posee uno, una de las voces más extraordinariamente poderosas y expresivas en los anales del rock. Y a lo largo de los años -décadas, en realidad- la ha refinado desde el brutal hombre de las cavernas de Soundgarden de hace un cuarto de siglo hasta el instrumento temperado y matizado que puede cargarse al hombro un show de mas de dos horas y media basado en estas resonancias acústicas. Solo, el hombre, su guitarra... y su voz.

La primera parada latinoamericana de la gira mundial Higher Truth es un espectáculo acústico en solitario con condiciones ideales que solamente puede proveer un escenario tan intimo como un teatro, más todavía cuando este es tan pequeño como lo es el Municipal de Santiago. Un lugar bien elegido porque a todas luces aquí es donde él pertenece, a esta dinámica de performance. Es posible montar un magnífico espectáculo, en ocasiones impresionante, en este formato despojado en el que Cornell realmente muestra la enormidad de su talento.

Nunca un lugar, recinto de lo sagrado de la alta cultura como se le conoce, había resonado tan intensamente y con un repertorio tan "nuestro".

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