RESEÑA SONAR | The Who dio cátedra en primera jornada de Stgo Rock City

29/09/2017

RESEÑA SONAR | The Who dio cátedra en primera jornada de Stgo Rock City

Con un show urgente y cargado de hits, la banda británica hizo que los años de espera valieran la pena.

Por Ignacio De La Maza

FOTOS: Juan Pablo Quiroz

The Who está en el escenario tocando ‘Love Reign Oer Me’, ese número de cierre casi operático en su imponente dramatismo que cierra ‘Quadrophenia’ (1973), quizás su obra más ambiciosa. La banda ha sonado perfecta hasta esa mitad del set, y Roger Daltrey ha dejado en claro canción tras canción que su profunda y comandante voz sigue siendo digna de temer y que su energía física es francamente inexplicable. Sin embargo, se viene la parte del alarido.  Los fanáticos saben a cuál me refiero: Ese grito desgarrador que remece el suelo anunciando el clímax del último coro. Roger Daltrey no podrá alcanzar esa nota ¿No? Las formas en las que el hombre ha castigado sus cuerdas vocales durante 50 años deberían significar daños permanentes a estas alturas, de esos que deberían obligar a Daltrey a enfrentar la parte más alta de su registro con mesura… ¿Saben qué sucede? El tipo alza la voz y exclama ese ‘LOVE’ extendido con una fuerza tan poderosa que parece hacer temblar la tierra.

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Roger Daltrey tiene 73 años, mientras que su compañero y absoluto mandamás de The Who, el guitarrista Pete Townshend, tiene 72. Ninguno demostró en ningún momento cualquier atisbo del pasar de los años durante su primer show en Chile, uno que los fanáticos pensábamos que no iba a ocurrir nunca hasta que la legendaria banda británica fue anunciada como parte del festival Stgo Rock City que comenzó hoy y culmina mañana con Def Leppard a la cabeza.

En hora y media de concierto, The Who despachó un show de grandes éxitos que, más que funcionar como una simple máquina de nostalgia, nos permitió experimentar en vivo y en directo las razones de por qué esta banda es una de las más importantes de todos los tiempos. Cada nota de la voz de Daltrey es musculosa y proyectada, mientras que Townshend, fiel candidato a uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, ametralla su instrumento con ese ataque circular de su brazo extendido que hace sonar a las cuerdas como si se tratasen de un motor de cohete.

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Lo de The Who no es solo habilidad interpretativa: Es química ganada con sudor, lágrimas, muertes, excesos, rencillas personales y corazones rotos. Daltrey y Townshend son los únicos miembros originales vivos de la agrupación, y el peso de la historia sobre sus hombros parece haber solidificado esa camaradería especial que demuestran cuando tocan juntos. Claro, son apoyados por una selección de músicos verdaderamente talentosos: Jon Button, el bajista que usa el lugar del fallecido John Entwistle tras la salida del gran Pino Palladino; Simon Townshend, el hermano de Peter en la guitarra secundaria, y, por supuesto, Zack Starkey en la batería, hijo de un tal Ringo Starr y un emulador casi perfecto de la energía maníaca pero precisa de Keith Moon.

Ni el temprano horario en el que estuvo fijada la banda ni el hecho de que hayan salido a escena incluso 5 minutos antes evitó que unas 25.000 personas estuvieran en el Monumental para presenciar una ocasión histórica, una que costó lograr y que hoy cuesta creer que hayamos podido ver. Los hits fueron demasiados para detenerse en cada uno: La apertura directa y enérgica con I Can’t Explain, el nervioso crescendo de I Can See For Miles, la clásica My Generation y una sección media extendida, la proeza instrumental de todo el grupo en Sparks, el dramatismo de Love Reign Oer Me y See Me, Feel Me, recuerdos de que The Who elevó las formas en las que el rock se presenta conceptualmente… y el cierre infatable con ese himno que es Won’t Get Fooled Again que nuevamente hace que Daltrey alcance notas que cantantes con un cuarto de su edad ni soñarían con intentar.

Eddie Vedder dijo alguna vez que ser una banda de rock era difícil porque The Who ya había innovado en todo lo que se podía innovar. Puede que esa frase sea una hipérbole, pero sí da cuenta de que Townshend y Daltrey, contra viento y marea, han mantenido la urgencia y la ambición de su música viva sobre el escenario. Que gusto haber visto algo así.

 

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