RESEÑA SONAR | Pearl Jam en el Movistar Arena: De vuelta en casa

14/03/2018

RESEÑA SONAR | Pearl Jam en el Movistar Arena: De vuelta en casa

Por Ignacio De La Maza

La banda regresó más vital que nunca a los escenarios frente a 18.000 fanáticos.

Por Ignacio De La Maza

FOTOS: Juan Pablo Quiroz

Hay algo decidor en que Pearl Jam pueda llenar 3 horas de concierto y no tocar ‘Jeremy’. A 27 años de su debut, la banda ha acumulado un repertorio tan arraigado en el panteón del rock moderno que pueden darse el lujo de ignorar algunos de sus más grandes éxitos y hacer que el público caiga rendido a sus pies de todos modos. En su sexto concierto en Chile y primero en un recinto cerrado, la banda de Seattle brindó un espectáculo tan intenso como íntimo, rescatando tanto himnos como rarezas de toda su carrera y dejando en claro que la conexión con sus feligreses locales no es una maniobra publicitaria, sino que una genuina complicidad entre artistas y público, de esas que elevan cualquier ocasión y la convierten en algo especial.

Tras casi 2 años fuera de las pistas, nadie habría culpado a Pearl Jam de verse como una banda lamiéndose las heridas en el escenario del Movistar Arena. En ese período de ausencia, Eddie Vedder y su tropa de titanes musicales vivieron experiencias devastadoras tanto a nivel político (la elección de Donald Trump) como personal (la aún fresca muerte de Chris Cornell). Sin embargo, eso no fue lo que vimos anoche. El Pearl Jam que regresó al ojo público es desafiante, corajudo, carismático y urgente, un grupo que ha visto sus peores días y los ha sobrevivido con la frente en alto y la convicción de que lo que hacen es fundamental.

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Y obvio, esa convicción está más que justificada: El puntapié inicial casi puntual a las 21:30 con ‘Release’ ofreció de inmediato esas experiencias litúrgicas que los convertidos al culto de Pearl Jam buscan en los conciertos del quinteto (sexteto si contamos al siempre eficiente Boom Gaspar en teclados). Desde ese punto de partida, Pearl Jam ofreció un setlist más ecléctico e impredecible que nunca, desempolvando viejas gemas (‘Low Light’, ‘Love Boat Captain’) y éxitos de culto (‘Animal’, ‘Hail Hail’) en la primera media hora, para luego pasar a pesos pesados como ‘Even Flow’ y ‘Given To Fly’. No es que el público haga distinción: Todos los temas reciben respuestas eufóricas y 18.000 voces cantando al unísono, como si se tratase de canciones que forman parte de nuestra identidad nacional. De cierta forma sí lo hacen: No por nada Santiago es la ciudad que más escucha a Pearl Jam en todo el mundo, al menos en términos de streaming.

Mucho se habló sobre la iniciativa de activar localidades con visibilidad ‘limitada’ o ‘reducida’ para permitir mayor aforo dentro del Arena, pero las consideraciones escénicas de Pearl Jam convirtieron ese detalle en casi una anécdota: El público de la parte de atrás del Movistar vibró con la misma pasión que la cancha, y el hecho de que el escenario no tuviese telón de fondo permitió que la audiencia relegada al fondo estuviese tan conectada con los procedimientos como el resto. Cabe destacar que montaje y puesta en escena fue una verdadera maravilla, con elementos como luces bajas, focos resplandecientes y bolas de metal entrando y saliendo de vista, otorgándole a cada canción un lenguaje vital único.

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Puede que sea algo ingenuo creer esto, pero pareciera que Pearl Jam entiende que lo que provocan en Chile es especial: En ‘Animal’, Vedder se detiene unos segundos para mirar con cierta fascinación incrédula al público (algo que repitió en varios momentos de la noche), y sus guiños al idioma español (el cual reconoce que ‘habla como la mierda’, pero le pone verdadero empeño) no dejan de ser encantadores. En particular, su autodefinición como ‘piscolero’ es esa clase de detalles criollos tan simpáticos que importa poco si lo dice con honestidad o no.

El mayor testamento de que la banda siente la misma afinidad que nosotros hacia ellos es que se tomaron el tiempo de hacer la tarea: Recordando todas sus visitas pasadas, Vedder anunció que hay varias canciones que nunca habían tocado en territorio nacional, y decidió regalarlas al público: Temas como ‘Dissident’ y ‘Garden’ hicieron su debut chileno ante el deleite de los fans acérrimos, además de la primera interpretación en vivo del nuevo single del grupo, la política ‘Can’t Deny Me’ (dedicada a los alumnos sobrevivientes de la masacre de Florida y sus protestas a favor del control de armas en EEUU).

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Obvio, todavía no mencionamos al elefante en la habitación ¿Se hizo cargo Pearl Jam del recuerdo de Chris Cornell? Sí, pero en vez de hacer todo un show al respecto, su homenaje fue sutil y con tacto. El buen Matt Cameron, todavía el arma secreta del grupo, vistió una polera con la cara de su fallecido amigo (y compañero en Soundgarden) durante todo el concierto, mientras que recién en el encore, la banda hizo su recuerdo algo más explícito tocando ‘Footsteps’, esa versión modificada de ‘Times Of Trouble’ de Temple Of The Dog, y luego interpretando ‘Come Back’ “para Chris”.

Eso y mucho más sucedió durante 3 horas que están fácil entre lo mejor que Pearl Jam haya hecho en Chile: Sonido cristalino pero urgente, habilidad musical de sobra, los clásicos covers para entretener al público casual (desde Van Halen hasta Pink Floyd), coros masivos y la sensación constante de estar compartiendo con viejos amigos que nunca te cansas de ver porque tienes toda una historia en conjunto. De cara a su show en Lollapalooza, Pearl Jam convirtió al Movistar Arena en su casa, y vaya que ya era hora de que volvieran a ella. Aquí siempre los recibiremos con los brazos abiertos.

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