RESEÑA SONAR | La Cumbre Del Rock 2018: Viva Chile

28/01/2018

RESEÑA SONAR | La Cumbre Del Rock 2018: Viva Chile

Por Ignacio De La Maza

Expandiéndose a 4 escenarios, el festival representó distintas edades y corrientes de la música nacional en el Club Hípico.

La Cumbre Del Rock Chileno ya se había realizado antes en el Club Hípico, pero jamás con el despliegue ambicioso que mostró en su edición 2018: Cuatro escenarios, cada uno marcando una esquina como si se tratase de un cuadrilátero de box y ofreciendo espectáculos simultáneos, emulando en formato de los grandes festivales de música internacionales.

La Cumbre creció para retratar el gran momento que atraviesa la música criolla, y si bien no estuvo libre de algunos problemas (el itinerario partió 1 hora retrasado y fue aumentando esta brecha temporal a medida que avanzaba), su expansión demostró ser tanto un triunfo como una celebración a la altura de los múltiples sonidos que se producen en estas tierras.

Mucho se ha comentado (a punto del cansancio), sobre la discordancia entre la nomenclatura ‘Cumbre del Rock’ y la inclusión de artistas que representan al pop, el reggae, el hip hop, el soul y la cumbia en el cartel del evento, pero el resultado hace que debates verdaderamente menores como ese parezcan aún más infantiles: Cuando en un mismo festival puedes encontrarte con el cuidadoso sonido urbano de Mariel Mariel y el rock folclórico de Kuervos del Sur, el sonido clásico de Aguaturbia y el hip hop incisivo de Portavoz, o estar rodeado simultáneamente de los espectáculos de Movimiento Original y Cecilia, es difícil no sonreír ante la variedad musical de estas tierras. La Cumbre del Rock es finalmente un resumen de las multitudes que contiene la música chilena, más allá de un estilo en particular.

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Y vaya música: Weichafe sigue demostrando que son una institución del rock pesado nacional, mientras que bandas como Lanza Internacional, el proyecto de los hermanos Durán post-Bunkers, evidenció que van en pleno ascenso con un espectáculo no muy concurrido (tocaban a la misma hora que Denise Rosenthal, quien convocó a la mayoría de los asistentes) pero lleno de carisma y un sonido pegajoso cargado a Devo y New Order, pero con identidad fuertemente criolla. Por su parte, We Are The Grand dejó en claro que la turbulenta salida de algunos miembros en el 2017 no afectó la locomotora de la banda, con un concierto confiado y profesional que se dio un tiempo de incluso tributar a Jorge González. Incluso compatriotas que han pasado buena parte de su vida afuera, como el invaluable Alain Johanes, ya son capaces de conjurar una complicidad especial con el público.

Da un particular gusto cuando cae la noche en la Cumbre y algunos actos nacionales se paran sobre el escenario como los ‘cabeza de cartel’ que merecen ser en nuestra tierra (y en un mundo ideal, en cualquier lado): Gepe demuestra una vez más ser uno de los músicos más efectivos de este país, comandando a la amplia masa de fans con una facilidad que ya envidiarían pares extranjeros, mientras que lo de Chancho En Piedra es simplemente de otro planeta: Más sólidos que nunca en vivo, la banda despacha hit tras hit, hace saltar a 15.000 personas que han estado todo el día bajo el sol, logra que le coreen todas las canciones e incluso despacha un espectáculo visual para acompañar su grandilocuencia en escena. Hasta Mauricio Pinilla estaba sobre el escenario vibrando con uno de los mejores shows de la jornada.

Que el nivel del festival no haya bajado después de eso habla sobre la solidez del cartel y la cantidad de héroes que tenemos en la música chilena: Joe Vasconcellos es a estas alturas una fórmula probada, y así lo demostró una vez más, pero Sinergia no se quedó atrás con un show potente y apropiadamente histriónico que mantuvo la energía a tope. A su vez, la gran Ana Tijoux nuevamente recalca lo obvio: Es una de las mejores que hay por estos lados, despachando un espectáculo brillante en donde destacó su conexión con el público, sus afiladas rimas y los arreglos ambiciosos de una banda que moldeó sus hits de formas sorpresivas e impredecibles. Al igual que en varios shows de la jornada, Tijoux hizo varias alusiones al contexto político (incluyendo una poderosa crítica a la polémica de la Operación Huracán), pero siempre desde una mirada compasiva y convocante. La consigna era inequívoca: Estamos todos en esto.

Cuando el reloj pasaba las 12 de la noche, hora en donde el programa indicaba que la sección más bailable de la jornada debería estar en proceso, Los Jaivas todavía no pisaban el escenario para ser homenajeados por su trayectoria. Sin embargo, ni la espera de un día entero pudo amedrentar a las 15.000 personas que seguían esperándolos en el Club Hípico, y que cayeron rendidos ante la proeza musical de una banda que a estas alturas no necesita de todas las hipérboles que me siento tentado a usar para describir su impecable show.

Al final, puedes pensar lo que quieras de la Cumbre Del Rock Chileno y su cartel, pero no hay duda de que espacios así no solo son justos, sino que necesarios. Durante un día, el público se puede topar en cada esquina con los artistas que han moldeado y siguen moldeando la escena nacional, sin importar género, estilo o popularidad. La Cumbre es nuestro festival, y mientras siga siendo una oportunidad de encuentro con lo más profundo de nuestra identidad musical, bueno, puede llamarse como se le plazca.

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1 Comentario(s)

  • Fernando

    Ignacio....me faltan claps para los aplausos por esta nota....sos un grande

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