Especial - Los discos de David Bowie, del peor al mejor

10/01/2017

Especial - Los discos de David Bowie, del peor al mejor

Un orden sugerido para escuchar la inmortal discografía del Duque Blanco.

Por Ignacio De La Maza

Pocas discografías en la historia de la música son más relevantes, impredecibles o variadas que la que tiene David Bowie. Es un cliché decir que el británico era un Camaleón, pero es difícil pensar en otro músico que haya hecho más por explorar las distintas formas en las que se puede utilizar el sonido con cada lanzamiento. Ningún disco de Bowie es igual al otro, e incluso esfuerzos moderados dentro de su catálogo podrían ser considerados obras maestras en el caso de otros artistas.

No todos los álbumes de David Bowie son obras maestras, y un par son francamente decepcionantes, pero incluso en sus peores momentos el Duque Blanco sugería un nivel de genialidad que simplemente no tenía comparación.

Con tantos discos y estilos abarcados en su colección, a veces puede ser intimidante sumergirse en la obra de Bowie. Por eso mismo, aquí te ofrecemos una pequeña guía, un orden sugerido de todos los álbumes de estudio de Bowie, organizados desde menos a más esencial. Incluso los discos más abajo en esta lista tienen momentos interesantes, mientras que los de la parte de arriba son absolutamente fundamentales para cualquiera que se considere fanático de la música. A un año de su muerte, aquí están, los álbumes de David Bowie del peor al mejor:

PD: No incluimos ni a su banda Tin Machine ni al soundtrack The Budha Of Suburbia, por no ser parte canónica de la discografía de Bowie. Todos habrían aparecido bastante abajo en la lista, en todo caso.

25.- Hours… (1999)

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Incluso cuando Bowie se caía, sus fracasos eran al menos interesantes. Quizás lo peor que se puede decir de Hours…, por lejos el álbum más olvidable del Duque Blanco, es que se trata de un fracaso extremadamente aburrido. Buscando alejarse de los experimentos electrónicos en los que pasó la mayor parte de los 90, Bowie dio un giro hacia un sonido más ‘adulto contemporáneo’, lleno de sintetizadores gentiles y ritmos a medio tiempo. Sin embargo, el resultado es un ladrillo de álbum, en donde el británico suena quejumbroso y desinteresado, por lo que es difícil enganchar mucho con el material. De todos modos Hours… igual tiene algo del genio de Bowie: Fue el primer disco en estar disponible por Internet antes que en copias físicas.

Tema esencial: Thursday Child

24.- Tonight (1984)

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Tonight incluye algunas de las mejores composiciones de Bowie en los 80 (Loving The Alien y Blue Jean, específicamente). Ahora imaginen qué tan malas tienen que ser las otras canciones del álbum para que aparezca tan abajo en esta lista. Intentando replicar el éxito de Let’s Dance (1983) y en especial el hit China Girl (una regrabación de la canción que escribió con Iggy Pop en los 70), Bowie apostó nuevamente por un sonido de dance ochentero que empezó a sonar realmente trillado a estas alturas. Pasando por un bloqueo creativo, el Camaleón incluyó  también 3 covers a canciones de Iggy Pop, además de componer 2 canciones originales con él. Considerando que ninguno pasaba por su mejor momento creativo, el resultado fue desastroso, un álbum de 2 canciones fantásticas rodeadas por los peores temas que Bowie haya puesto en cinta.   

Tema esencial: Loving The Alien

23.- Pin Ups (1973)

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Pin Ups compite con Hours… como el álbum menos esencial en el catálogo de David Bowie. Grabado durante los últimos días de la era Ziggy Stardust, antes de que el músico se aburriera definitivamente del glam, Pin Ups consiste netamente en grabaciones de canciones de los años que el Duque Blanco disfrutaba. Sin embargo, a diferencia de en otras ocasiones, Bowie no trae nada nuevo a la mesa con estas versiones. La mayoría de sus covers son recreaciones fieles de las originales, y el mismo Bowie suena como que el proyecto era más que nada una forma de matar el tiempo y hacer un cierre de cortina a la iconografía que lo hizo una megaestrella. Más allá de eso, no hay mucho que encontrar.

Tema esencial: Sorrow

22.- David Bowie (1967)

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El debut homónimo de Bowie es algo engañoso. Si bien su nombre artístico es el que aparece en la portada, no hay duda de que el británico seguía siendo David Jones, influenciado fuertemente por el pop británico de los 60, la música de salón y el folclor excéntrico de los Kinks y Syd Barrett. ‘David Bowie’ demuestra potencial en su primer álbum, pero es un potencial que está a años luz del genio sin igual que demostraría tan solo unos años más tarde. Eso no lo hace un disco malo, pero sí decepcionante.

Tema esencial: Love You Till Tuesday

21.- Never Let Me Down (1987)

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Never Let Me Down es frecuentemente citado como el peor trabajo de David Bowie, el momento en el que su búsqueda de popularidad sacrificó lo que le quedaba de impulso artístico. El mismo Bowie lo destacó en más de una ocasión como su peor disco, asegurando que ‘no sabía en qué estaba pensando’. La cosa es que Never Let Me Down no es tan malo como su reputación indica. De hecho, es considerablemente más sólido que su antecesor Tonight (1984), con un sonido que, si bien es tan prístino que llega a ser algo estéril, es mucho más urgente y vital que lo que Bowie venía haciendo. Sí, hay temas francamente terribles (Zeroes y Shining Star, por ejemplo), pero también verdaderas joyas (Time Will Crawl, el cover de Bang Bang de Iggy Pop) y lo que probablemente es el momento más desquiciado en la carrera de Bowie (el insólito cuento de Glass Spider). Never Let Me Down no es un gran disco y su producción generalmente lo hace sentir anticuado, pero tampoco merece ser considerado lo peor de Bowie.

Tema esencial: Time Will Crawl

20.- Black Tie/White Noise (1992)

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Aquí ya entramos en la zona en donde ninguno de los álbumes que siguen son realmente malos, por lo que ordenarlos fue más difícil. Black Tie/White Noise inició el período de Bowie en donde casi todos sus discos serían recibidos como ‘lo mejor que ha hecho desde Scary Monsters (1980). Efectivamente, en esta nueva colaboración con Niles Rodgers (quien también produjo Let’s Dance), la música de Bowie volvió a mostrar la ambición ingeniosa que estaba decepcionantemente ausente de la mayoría de su repertorio ochentero. Sin embargo, dentro de sus múltiples experimentos en los 90, BT/WN es el menos convincente. La idea de mezclar R&B, jazz, soul y hip hop en un solo sonido sonaba mejor en papel que en ejecución, por lo que varias secciones del disco se escuchan algo tentativas y planas. Sin embargo, en temas como Jump They Say o Miracle Goodnight, Bowie dejó en claro que su creatividad había vuelto, y las cosas se pondrían mejor de aquí en adelante.

Tema esencial: Jump They Say

19.- Earthling  (1997)

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Tras los coqueteos con el free jazz y la música industrial en 1.Outside (1995), Bowie se entregó absolutamente a la electrónica para Earthling, específicamente a la corriente basada en beats agresivos y rápidos del jungle y el drum & bass que dominaban la cultura fiestera de esa época. El cambio desconcertó a algunos fanáticos, quienes acusaron que Bowie se estaba uniendo a una moda en vez de crearla, y la recepción crítica del disco fue tibia. Sin embargo, el Duque Blanco siempre defendió Earthling, tocando canciones del álbum en todas sus giras posteriores, hasta que eventualmente la reapreciación crítica le ha dado el status de uno de sus trabajos más subvalorados. Además, el disco incluye I’m Afraid Of Americans, el mejor single que el hombre editó en los 90.

Tema esencial: I’m Afraid Of Americans

18.- Space Oddity (1969)

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Algunos argumentarán que Space Oddity, por impacto cultural, merece estar más arriba en esta lista, y quizás tengan razón. Sin embargo, tratando de olvidar por 2 segundos que el álbum incluye la canción con la que David Jones se transformó en el alienígena David Bowie (el tema titular, obvio), Space Oddity es un esfuerzo sólido pero algo tentativo de un artista que todavía estaba aprendiendo a encontrar su voz. El folk espacial del álbum es encantador pero se puede hacer algo repetitivo, aunque sus mejores momentos, como la épica balada prog-folk de Cygnet Committee, ya daban indicios de que el mundo estaba frente a un talento descomunal que se encontraba ad portas de estallar, y vaya que lo haría.

Tema esencial: Space Oddity

17.- Let’s Dance (1983)

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Las malas lenguas dicen que Let’s Dance es el disco con el que Bowie ‘se vendió’, dejando atrás los años de experimentación en Berlín y el new wave desquiciado de Scary Monsters & Super Creeps (1980) para abrazar de lleno un sonido limpio, pegajoso y bailable que lo convirtieron en una inesperada mega-estrella. Sin embargo, a diferencia de sus trabajos posteriores en la década, Let’s Dance si apoya sus impulsos comerciales con un espíritu artístico que hace de sus canciones algo realmente interesante. En particular, la triada de apertura Modern Love, China Girl y Let’s Dance son de los mejores hits que hayan salido del pop ochentero, y cada uno subvierte sus melodías irresistibles con letras llenas de paranoia. O sea, Bowie cambió el empaque más que el contenido, y si bien los temas que no fueron singles no son tan impresionantes, Let’s Dance sigue siendo otra reinvención triunfal del Camaleón del Rock.

Tema esencial: Let's Dance

16.- Young Americans (1975)

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Aburrido del glam rock que lo hizo famoso como Ziggy Stardust, David Bowie comenzó lentamente a coquetar con el soul y el R&B, primero de manera tentativa con Diamond Dogs y luego lanzándose absolutamente a estos géneros con Young Americans. Bowie ya había demostrado ser hábil con un montón de propuestas, pero fue con su ambiciosa adopción del soul que su reputación de ‘Camaleón’ quedó consolidada. Cualquiera que haya escuchado Fame, Young Americans o Somebody Up There Likes Me antes que la era Ziggy Stardust tendría problemas para reconciliar que se trataba del mismo artista. La transformación fue tan radical que Bowie se convirtió en el primer hombre blanco en ser invitado al programa Soul Train. Young Americans sufre ocasionalmente de inconsistencias y no todos los temas son tan memorables como los singles, pero sigue siendo uno de los testamentos más evidentes de la versatilidad de Bowie.

Tema esencial: Fame

15.- Reality (2003)

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La narrativa que trató de imponerse tras el regreso discográfico de Bowie con The Next Day en el 2013 era que se trataba de una especie de ‘vuelta en forma’ del Duque Blanco, una digna vuelta de la victoria tras varios discos olvidables. Eso es ser injusto con su repertorio noventero, pero es casi criminal afirmarlo de sus discos a comienzos del nuevo milenio: Heathen (2002) y Reality (2003). Particularmente, Reality es uno de los trabajos más subvalorados del Duque Blanco: Una colección de rock excéntrico e impredecible que de todas formas resulta extrañamente pegajoso. No por nada las canciones de este trabajo (y su antecesor) fueron parte amplia de los shows que daba Bowie antes de retirarse de los escenarios. No será una obra maestra, pero sí un trabajo realmente sólido, fresco y distinto dentro del catálogo de Bowie que merece ser reapreciado.

Tema esencial: New Killer Star

14.- The Man Who Sold The World (1970)

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Aquí es cuando la historia realmente empieza a escribirse. Tras un debut homónimo que solo sugería atisbos de su genio y un segundo esfuerzo realmente prometedor, David Bowie consolidó su identidad con The Man Who Sold The World. Hay varios elementos que hacen del tercer disco del hombre una especie de ‘inicio oficial’ de una de las carreras más importantes de la música: No solo fue el primer álbum que Bowie trabajó con el productor Tony Visconti, su gran colaborador en la mayoría de sus proyectos, sino que también fue su primer álbum junto a la banda de apoyo que más tarde sería conocida como The Spiders From Mars. En términos sonoros, Bowie se alejó definitivamente de la música de salón y el folk espacial para despachar un hard rock afilado y explosivo, urgente y apocalíptico que no está muy alejado de lo que sus contemporáneos de Black Sabbath hicieron el mismo año. Bowie no volvería a visitar este sonido, pero desde ya dejaba en claro que su música sería imposible de encacillar.

Tema esencial: The Width Of A Circle

13.- The Next Day (2013)

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Muchos pensábamos que David Bowie pasaría sus últimos años en el retiro. 10 años habían pasado desde su último álbum, cuya gira de promoción se vio interrumpida por un ataque cardiaco que retiró prematuramente al Duque Blanco de los escenarios. Cuando muchos lo daban por muerto, Bowie sorprendió en su cumpleaños 66 anunciando The Next Day, el comienzo de lo que (por entonces no sabíamos) sería la última etapa de su carrera. Apropiadamente, tras décadas de marcar tendencia en el mundo de la música, The Next Day suena a Bowie mirando por primera vez hacia atrás; una colección de canciones que alude a sus distintos períodos y estilos, desde el glam de la era Ziggy Stardust hasta la experimentación en Berlín, pasando por el soul plástico de Young Americans y tocando incluso el drum & bass de los años 90. Pese a este enfoque nostálgico, The Next Day también encuentra a Bowie sonando realmente urgente, como si el tipo estuviese consiente de los rumores sobre su salud y quisiera recordarle al mundo que nadie hacía música más vital que él. Si ese era la intención, el objetivo quedó más que cumplido.

Tema esencial: Valentine’s Day

12.- Heathen (2002)

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Tras el fracaso de Hours… Bowie cerró la década del 90 con su reputación peligrosamente volviendo a decaer. Cuando algunos críticos y fanáticos ya lo daban por perdido, el hombre decidió tomar las riendas del asunto, volver a llamar a su colaborador Tony Visconti (con quien no trabajaba desde 1980) y grabar un disco que simplemente le permitiera  hacer lo que sabía hacer mejor: Ser David Bowie. De todos modos, pese a los detalles que hacen referencia a momentos pasados en su carrera, Heathen no suena específicamente a ningún otro momento de Bowie: De sonido oscuro y frecuentemente conmovedor, Heathen es junto a Blackstar (2016) el álbum en donde el Duque Blanco confronta de manera más directa la muerte. También incluye, efectivamente, algunas de sus mejores canciones desde Scary Monsters (1980), como la nostálgica Slip Away, el nerviosismo sintetizado de Sunday y la fantásticamente apocalíptica Slow Burn.  Quizás su disco más subvalorado.

Tema esencial: Slow Burn

11.- 1. Outside (1995)

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En su momento, Outside fue ninguneado por el peso de las expectativas. Se trataba del primer trabajo de Bowie con el productor y músico Brian Eno desde la aclamada trilogía de Berlín a finales de los 70, y también prometía ser su primer álbum conceptual desde Ziggy Stardust y Diamond Dogs (1972, 1974). Sin embargo, las ideas de Bowie probaron ser demasiado ambiciosas para la época: Outside es un disco denso y siniestro, más cerca de una versión industrial del free jazz que del estilo más pegajoso de Nine Inch Nails (quienes salieron de gira con Bowie en esta época). La ‘narrativa’ del álbum también probó ser inescrutable: Un ‘híper-ciclo dramático gótico no linear’ ambientado en una realidad distópica previa al nuevo milenio, en donde brutales asesinatos se han convertido en una nueva forma de arte. Ni siquiera el hecho de que Bowie e Eno hayan especificado que ‘personaje’ cantaba cada canción (tipo musical) hacía que la historia fuera comprensible, pero eso no quita que Outside sea un disco fascinante, con Bowie en su modo más experimental y aventurado.  Merece ser reapreciado como una obra maestra (El "1." del título hacía referencia al comienzo de una trilogía de álbumes que nunca se concretó).

Tema esencial: The Heart’s Filthy Lesson

10.- Lodger (1979)

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Lodger generalmente es visto como el trabajo menos logrado de la ‘Trilogía De Berlín’. Una comparación injusta si consideramos que sus predecesores, Low y Heroes, son candidatos al mejor trabajo en la discografía de Bowie. Al lado de esos, Lodger es un trabajo más liviano y lúdico, tomando la experimentación de dichas entregas y contextualizándolas en un empaque más accesible, ligando los densos pasajes de sintetizadores que venía haciendo con el new wave de Scary Monsters & Super Creeps (1980). De todos modos, pese a ser conceptual y sonoramente menos cohesivo, Lodger es una joya que podría ser el mejor disco de cualquier otra discografía, un álbum ingenioso y lleno de ideas que abarca una amplia gama de sonidos, desde una versión desquiciada de la música disco (DJ) hasta piezas étnicas (African Night Flights), pasando por baladas (Fantastic Voyage) y frenéticas composiciones (Look Back In Anger). Espectacular.

Tema esencial: Boys Keep Swinging

9.- Aladdin Sane (1973)

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Aladdin Sane es considerado por muchos como una continuación de Ziggy Stardust. El mismo Bowie se refirió al disco como ‘Ziggy en América’, en referencia a que la mayoría de las canciones se grabaron durante la gira norteamericana en promoción a su trabajo anterior. Pese a pertenecer al mismo período, Aladdin Sane es un disco mucho más excéntrico, y quizás la primera prueba del verdadero rango musical y vocal que el Duque Blanco exhibiría en el resto de su carrera. Aquí puedes encontrar desde glam filtrado por los Rolling Stones como Watch That Man, hasta el blues rock de The Jean Genie y el cabaret de Time y el tema titular. Temas como Lady Grinning Soul podrían ser incluso canciones para una película de James Bond. Aladdin Sane es un trabajo ecléctico e impredecible, pero su accesibilidad lo hace uno de los mejores puntos de entrada al genio de Bowie.

Tema esencial: Time

8.- Diamond Dogs (1974)

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Buscando expandir su paleta sonora tras dejar atrás el alterego de Ziggy Stardust, Bowie intentó conseguir los derechos del libro 1984 de George Orwell para transformarlo en un musical. La viuda del escritor se negó rotundamente a la idea, por lo que Bowie se quedó con un montón de composiciones sin utilizar. Siempre ingenioso, el británico reformuló su musical en Diamond Dogs, un musical sobre un futuro distópico que eventualmente conecta con la historia de Orwell. Musicalmente, Diamond Dogs es un disco de transición, pero uno que establece el puente entre dos de las partes más importantes de la carrera de Bowie: El alienígena glam y el crooner soul, una colección de canciones que suenan a R&B bajo el filtro dramático de Broadway. Diamond Dogs es una carta de despedida a Ziggy y también una declaración de principios de lo que se vendría adelante.

Tema esencial: Sweet Thing/Candidate/Sweet Thing (Reprise)

7.- Station To Station (1976)

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El álbum de transición por excelencia de David Bowie, capturando al músico entre el soul de Young Americans y la experimentación de la trilogía de Berlín. Grabado en uno de los momentos más turbulentos de su vida, cuando su mente estaba secuestrada por una brutal adicción a la cocaína, Station To Station es un álbum nervioso, elegante y paranoico al mismo tiempo. Dominado por la droga, la fracturada cabeza de Bowie creó una nueva personalidad: El Delgado Duque Blanco, un aristócrata decadente que cantaba desapegadas canciones de amor y presentaba una poco sana obsesión con el ocultismo y los regímenes totalitarios. Quizás lo más impresionante es que Bowie diga que no se acuerda de nada de las sesiones de Station To Station, siendo uno de sus discos más consistentes en sonido y concepto, una especie de soul/funk europeo que pasa de ser sutil a frenético sin el más previo aviso. La voz del Duque nunca sonó mejor que en este disco, sacándole el mayor provecho a su barítono profundo. El reencuentro con las raíces musicales del Viejo Continente lo convencieron de rehabilitarse y volver a Europa para grabar la trilogía de Berlín junto a Brian Eno. El resto, como dicen, es historia.

Tema esencial: Station To Station

6.- Blackstar (2016)

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¿Algún día podremos discutir Blackstar fuera del contexto de la muerte de su creador solo dos días después de su lanzamiento? Probablemente no, pero eso no quita de que Blackstar haya sido, sorpresivamente, uno de los mejores trabajos de Bowie desde su publicación. The Next Day (2013) había sugerido que el Duque Blanco seguía siendo capaz de despachar canciones sólidas, pero Blackstar vino a demostrar que el tipo también podía seguir sorprendiendo. A diferencia de su antecesor, Blackstar no suena a nada más en la historia de Bowie, marcando un nuevo paso en su carrera incluso cuando se encontraba moribundo y bordeando los 70 años. Quizás su par más cercano sea Outside (1995), pero Blackstar amplifica las influencias free jazz de ese disco en un sonido agresivo y apocalíptico, incluyendo los perturbadores relatos del extenso tema titular, la explosiva Tis A Pity She Was A Whore, el impresionismo de Girl Loves Me y la macabra Sue (Or In A Season Of Crime). Sin embargo, sabiendo probablemente que trabajaba en su último testamento, Bowie también imbuye Blackstar de un extraño sentido de esperanza, incluyendo la teatral Lazarus, la nostálgica Dollar Days y su testamento definitivo en la bella I Can’t Give Everything Away. Un final enigmático, poderoso y frecuentemente emotivo para lo que probablemente es la carrera más fascinante que haya visto la música popular.

Tema esencial: Lazarus

5.- Scary Monsters (& Super Creeps) (1980)

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Scary Monsters & Super Creeps es un fiel candidato a ‘mejor disco de David Bowie’ en varias listas, y hay argumentos de sobra para afirmar semejante cosa. Recién salido de sus colaboraciones con Brian Eno en Berlín, Bowie sintetizó de manera perfecta sus impulsos experimentales con su vocación más comercial en un álbum que representa lo mejor de ambos. Con una banda de lujo que incluía la guitarra principal de Robert Fripp de King Crimson, Scary Monsters posee una musicalidad que está por sobre incluso los otros discos de Bowie, con guitarras afiladas, acordes disonantes, melodías pegajosas y sonidos que no sabes cómo carajo lograron hacer, pero todo en un contexto casi pop. Aparte de incluir algunos de los hits más perdurables del hombre, como Fashion o Ashes To Ashes, también incluye varias de sus joyas más subvaloradas, como el pesadillezco  tema titular, la excéntrica It’s No Game (y sus letras en japonés) y el funk del fin de los tiempos de Because You’re Young. Mención honrosa para Teenage Wildlife, una épica balada que le echa la competencia a Heroes como la mejor canción en el catálogo de Bowie.

Tema esencial: Teenage Wildlife

4.- Hunky Dory (1971)

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Después del rock pesado de The Man Who Sold The World, Bowie dio otro giro en 180 con Hunky Dory, dejando las guitarras casi metaleras de su antecesor para despachar la colección de canciones pop más encantadoras y accesibles de toda su carrera. Hunky Dory es la primera gran obra maestra del Camaleón, una carta de presentación de su inigualable espíritu melódico y su desarrollada musicalidad. Ningún disco antes de Hunky Dory había revelado que Bowie era capaz de hacer canciones tan ridículamente irresistibles, pero quizás su mayor triunfo es que podía presentar estos temas que se escabullen en tu oreja pero con un subtexto amenazador y paranoico. Changes, Oh You Pretty Things!, Andy Warhol y Queen Bitch son gemas pop que rivalizan a incluso las composiciones más inescapables de Paul McCartney, y eso que todavía no mencionamos los dos himnos que hacen de Hunky Dory un trabajo excepcional: Life On Mars? Y Quicksand, la primera una balada de piano para la historia que también podría ser fácilmente su mejor canción, y la segunda una composición acústica con las letras más poderosas que Bowie haya puesto en papel. Por supuesto, siendo Bowie, el disco termina con The Bewlay Brothers, una de sus canciones más extrañas para concluir su disco más oreja.

Tema esencial: Life On Mars?

3.- Heroes (1977)

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Pese a su nombre, solo un disco de la llamada ‘Trilogía de Berlín’ fue efectivamente grabado en la capital alemana, y ese es Heroes. Escrito y registrado en el Hansa Studio a solo pasos del muro que dividía a la ciudad en dos fracciones y la convertía en una micro-encarnación de los dolores de la Guerra Fría, Heroes es un disco denso y paranoico, en donde Bowie, Brian Eno y el productor Tony Visconti llevaron su recientemente descubierta fascinación por los sintetizadores a lugares aún más oscuros que su predecesor Low (1977), con densos pasajes sonoros que se toman toda la segunda mitad del disco. Robert Fripp fue reclutado por Eno para tocar la guitarra, y sus líneas improvisadas le dan un carácter claustrofóbico a las canciones que solo es aumentado por la voz metálica de Bowie y las cataratas de sintetizadores disonantes. Sin embargo, como tiende a pasar, Bowie deja entrar algo de luz entre la oscuridad, y es ahí donde aparece el tema titular, un himno eterno sobre dos amantes separados por el Muro que buscan reencontrarse pese a las circunstancias. Con paredes de guitarras y una voz cobrando pasión con cada segundo que pasa, “Heroes” es el tema definitivo de Bowie por una razón, y el disco que la incluye uno de los testimonios definitivos de su genio.

Tema definitivo: “Heroes”

2.- The Rise & Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars (1972)

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Y aquí es donde realmente comenzó todo. Bowie ya tenía una obra maestra bajo el brazo con Hunky Dory, pero su nombre recién se hizo conocido a nivel mundial cuando decidió teñirse el pelo rojo, empezar a usar maquillaje, y referirse a sí mismo como un alienígena visitante de Marte que llevaba el nombre de Ziggy Stardust. El disco acompañante a esta transformación fue un triunfo de aquellos, un álbum conceptual que establecía a Ziggy como un extraterrestre mesiánico que llegaba a salvar a la Tierra de la destrucción pero que se ve eventualmente corrompido por la humanidad. De esta manera, Bowie consolidó algunos temas que seguiría tratando durante toda su carrera: La ambigüedad sexual, el espacio exterior, la relación ambivalente con la fama, el culto a la celebridad y la muerte.  Por supuesto, el concepto no habría rendido lo suficiente si el Duque no lo hubiese acompañado con su música más urgente hasta la fecha, cortesía de unas Spiders From Mars operando a toda máquina para despachar un monolito de glam rock. Cada canción fluye de manera perfecta con la otra, haciendo sentir la historia de Ziggy Stardust como un musical y una declaración de principios por parte de Bowie: Olvídense del hombre, el tipo era de las estrellas.

Tema definitivo: Starman

1.- Low (1977)

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Algunas personas consideran Ziggy Stardust como el disco definitivo de David Bowie, pero esas personas están equivocadas. Hablando en serio (de verdad, respeto sus gustos), Ziggy llega cerca, pero Low es la encarnación del genio sin igual de Bowie. Probablemente su transformación más radical, el primer disco de la ‘trilogía de Berlín’ fue grabado en Europa en un momento en donde Bowie luchaba por mantenerse lejos de la cocaína que casi le quitó la vida a mediados de los 70. Fue aquí cuando conoció a Brian Eno, quien lo convenció de canalizar este estado febril en su música y que adoptara al sintetizador como instrumento principal. Inspirado por bandas alemanas como Kraftwerk y Neu!, Low es el disco más fascinante en términos sonoros de Bowie. Anclado por una proto-electrónica que después influenciaría a grupos como Depeche Mode, Joy Division y Nine Inch Nails, el álbum mezcla sonidos artificiales y orgánicos de una forma que jamás se había escuchado antes, en donde las guitarras no suenan como guitarras y las baterías como vasos quebrados (el productor Tony Visconti se refirió al modulador que utilizó para modificar los sonidos como ‘una máquina para joder con el espacio-tiempo). Bowie adopta en su voz un tono metálico y amenazador, sonando como un hombre volviéndose loco mientras intenta volver a su cabeza al estado pre-drogas. La mitad del álbum está ocupado por temas instrumentales en donde la influencia de Eno y Europa es más clara, con enigmáticos pasajes como Art Decade y las extrañamente optimistas A New Career In A New Town o la apertura de Speed Of Sound. Bowie ya tenía la reputación de ser un músico impredecible, pero ningún disco resume de mejor manera su capacidad de reinventarse, de buscar nuevos horizontes y de empujar la industria musical hacia terrenos insospechados que el cataclismo que significó Low. La música no volvió a ser la misma.

Tema esencial: Warszawa

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