David Bowie: Al Día Siguiente

10/01/2016

David Bowie: Al Día Siguiente

Unas últimas palabras para despedir al músico que nos cambió la vida.

Por Ignacio De La Maza

Nota de la redacción: Esta nota fue publicada originalmente el 11 de enero del 2016, como una reflexión final sobre la inesperada muerte de David Bowie y lo difícil que era resumir lo que significó para tantos de nosotros. Siento que, con un año de distancia, es tan pertinente como siempre enfrentarnos al legado de Bowie y la forma en la que cambió nuestras vidas:

¿Quién era David Bowie para ti? ¿El ícono glam que redefinió la imagen y el sonido del rockstar? ¿El post-hippie que miró a las estrellas y escribió la canción sobre el astronauta ficticio más famoso de la cultura pop? ¿La mente destrozada por la cocaína, obsesionada con el ocultismo y que cantaba desapegadas canciones de amor? ¿El crooner soul? ¿La estrella pop? ¿El vocalista de Tin Machine? ¿El afable caballero inglés que se veía en entrevistas (cuando las daba)? Es tan difícil definir a David Bowie que nos hemos visto históricamente obligados a reducirlo a clichés para hacer más fácil su discusión: Un camaleón, un Duque, un extraterrestre, un ‘rockero’. Más que con ningún otro músico en la historia, cada fanático tiene a SU PROPIO David Bowie: Alguien con quien llorar, reír, bailar, beber, sentarse a pensar, contemplar el vacío o cantar a todo pulmón en un karaoke a las 2 de la mañana. Hey ¿Por qué no todo a la vez?

Escucharlo por primera vez es una experiencia que no se olvida, porque de un momento para otro se encargaba de destruir todas tus expectativas con respecto a la música ¿Cómo podía ser que el ícono glam que cantaba Suffraggette City fuera el mismo que solo 2 años más tarde se estaba transformado en el blanco más soul de todos los tiempos con Young Americans? La sola idea de que el autor de una de las canciones más pegajosas de los 80s como lo es Let’s Dance también estaba detrás del alarido industrial de The Heart’s Filthy Lesson parecía inconcebible. Incluso el desquiciado profeta apocalíptico de su último disco, Blackstar, es irreconciliable con los experimentos de su trilogía de Berlín entre 1977 y 1979.

Quizás por ahí va el tema de David Bowie ¿No? Reconciliar lo irreconciliable: El soundtrack de la invencible juventud Y de aquellos que sienten a la muerte respirándoles en el cuello. De los desadaptados y de los héroes.  De los que tomaban cada palabra que saliera de su boca como si fuera la Biblia y quienes disfrutan casualmente de sus canciones luego de que Nirvana lo introdujese a una nueva generación con MTV Unplugged. Es cosa de ver los nombres de quiénes se tomaron las redes sociales para expresar su pésame tras la noticia de su muerte: Están los Queens Of The Stone Age, Brian Eno y Paul McCartney, pero también Madonna, Kanye West y Lorde. Los seguidores de Bowie son tan variados como las múltiples caras del músico.

Puede que Bowie haya sido experto en estar en permanente metamorfosis, pero hay algo en él que es permanente: Descubrirlo te cambia la vida. En serio. Los límites que concebías para entender la música popular dejaban automáticamente de existir, mientras que etiquetas tanto musicales como estéticas pasaban a ser hilarantemente reductivas cuando un solo hombre demostraba que no eran más que moldes en los que enmarcar el arte. Tu cabeza se abre tanto al catálogo más impredecible de la música popular como a un sinfín de conexiones. Un rápido paseo por las canciones de Bowie te puede llevar fácilmente a Kraftwerk, Neu!, Marvin Gaye, Jacques Brel, Joy Division, Scott Walker, Iggy Pop, The Velvet Underground, Duran Duran, Nine Inch Nails y Pixies. Era música como hipervínculo.

Esta sensación de que todo estaba conectado con todo lleva a otra verdad de su música: David Bowie realmente te hacía sentir menos solo. Sí, también es un cliché decirlo, pero no por eso es menos cierto. No importa de dónde vengas, la angustia de sentirse diferente e intimidado por un universo incontrolable y hostil es tan inevitable como universal. Bowie no solucionaba esta angustia, pero sí te hacía ver que es parte de la experiencia humana y que por tanto estabas acompañado, que ser distinto estaba bien, que tus excentricidades son algo que hay que abrazar, y que el camino no está fijado ni el futuro escrito. Es difícil escuchar Life On Mars?, Space Oddity o Heroes y no sentir, por al menos 5 minutos, que eres parte de algo más grande, una experiencia comunal. Lo que Bowie cantaba se sentía importante, porque al final del día abordaba las mismas preocupaciones que tenemos nosotros pero de una manera que parecía ser de otro planeta: La identidad, la soledad, lo desconocido, el paso del tiempo y, por sobre todo, la muerte, esa vieja amiga que lo fascinó desde sus comienzos y que se lo llevó el lunes 11 en la madrugada.

Cuando la muerte finalmente vino a buscar a Bowie, estaba preparado. Sus encuentros cercanos con ella la habían llevado a aceptarla como otra más de sus facetas, un disfraz más, no muy diferente del rockstar de Marte o el Delgado Duque Blanco. Un infarto en el 2004 lo hizo retirarse del ojo público, y desde su regreso discográfico en el 2013, la finalidad de la vida había tomado un rol aún más protagónico en sus letras. Tanto The Next Day (2013) como Blackstar (lanzado 3 días antes de morir) son álbumes que se revuelcan en la muerte con un sentido casi macabro de aceptación e incluso jovialidad. Bowie sabía desde hace 18 meses que padecía de cáncer terminal, y reportes indican que sufrió varios infartos más durante sus últimos años. Como dijo su productor Tony Visconti,  Bowie comprendió con anticipación que su cumpleaños 69 y el lanzamiento de Blackstar serían sus últimos hitos en este mundo.

Ese viernes de cumpleaños, cuando esa muerte a la que le cantaba en su cover de My Death de Jacques Brel se acercaba a paso raudo, Bowie realizó un último gesto simple: Se dejó sacar un par de fotos, avejentado, vestido de traje impecable y sombrero, regalando una última sonrisa a la cámara. Su expresión no era de arrepentimiento o terror, sino que de júbilo ¿Qué pasaba por su cabeza? Probablemente nunca lo sepamos, pero nuevamente nos dio una sensación extrañamente confortante en un momento de duda, esa misma que traspasó a lo largo de toda su carrera. Supongo que lo que tratamos de decir es: gracias, gracias por tanto.

Perderlo implicó un dolor intenso, como si un viejo amigo nos hubiese dejado. Sin embargo, hay algo agridulce en haber tenido la fortuna de presenciar la carrera más fascinante de la música popular desenvolverse ante nuestros ojos y de que su muerte nos haya unidos a todos de nuevo, comentando con fervor lo que nos dejó y compartiendo historias y anécdotas de lo que significó para nosotros. Algunos estarán perplejos por tanta devoción a un músico y otros incluso aseguran no haber sabido de su existencia hasta el lunes. A ellos les decimos: Están en la mejor posición posible. Por favor, bajen un disco. Escuchen el Ziggy Stardust, el Station To Station, el Low, incluso sus discos noventeros como Outside y Earthling. No importa por dónde partan, solo atesoren el momento en que lo escuchen por primera vez, de verdad, les puede cambiar la vida. Al fin y al cabo, David Bowie estará muerto, pero la música, las películas, las imágenes, los recuerdos, las lecciones, todo seguirá aquí al día siguiente. Y al siguiente. Y otro día.  

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1 Comentario(s)

  • Salvador

    Muy buena columna Ignacio, no pudiste definirlo mejor.

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